HELLENIKÁ. RECURSOS DE GRIEGO ANTIGUO

Materiales y recursos de Griego para enseñanza secundaria. Experiencias, propuestas didácticas y temas variados.

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    Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as de Bachillerato, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colarán temas variados e incluso alguna historia personal.

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Posts Tagged ‘Odisea’

ODISEO EN NEW YORK BY MARTIN SCORSESE

Posted by Ricardo en 22 diciembre, 2011

He vuelto a ver recientemente la película de Martin Scorsese After hours (1985, traducida en España con el lamentable título de ¡Jó, qué noche!). Esta película, perla de la angustia y del desasosiego cinematográfico, me pareció en algunos aspectos un eco de las aventuras y desventuras de Odiseo-Ulises, transmutado en este caso el Mar Mediterráneo por el Soho neoyorquino.

Cartel original de la película (imagen vista aquí)

[En los siguientes párrafos se explica el desarrollo y el final de esta película]

Me declaro incompetente para redactar un resumen de la película en el que quede claro su argumento, así que lo iré dividiendo en episodios:

1-Presentación del protagonista y encuentro con Marcy.

Un administrativo informático (Paul Hackett) conoce una mañana a una chica (Marcy) en una cafetería. La joven le habla de unos pisapapeles en forma de buñuelo que fabrica una amiga suya escultora. Paul se muestra interesado en el producto y le pide a Marcy su teléfono. Más tarde la llama y quedan en la casa de ella. No se imagina el bueno del protagonista el rosario de aventuras y desventuras que le esperan esa noche a partir de esa llamada telefónica.

2-«El taxista flamenco».

Paul se prepara, sale a la calle, coge un taxi. El taxista conduce a toda velocidad por la ciudad mientras escucha las sevillanas de Manita de Plata a todo volumen. El fuerte aire que entra por la ventana hace que salga volando el único billete que lleva Paul, así que se queda sin dinero. Llegan al destino, Paul le explica al taxista lo que ha pasado, éste se marcha de muy mal humor.

3-Llegada y «abandono» de la casa de Marcy.

Paul llega a casa de Marcy. Es el típico loft del Soho neoyorkino. Una vez allí conoce a Kiki Bridges, compañera de piso de Marcy y escultora. Marcy y Paul salen a tomar un café y regresan a la casa. Discuten. Paul se marcha contrariado y Marcy se queda llorando.

4-El metro.

Empieza a llover. Paul corre empapado hasta el metro más próximo. Intenta comprar un billete pero le faltan unos centavos porque el billete de metro ha subido hace unos minutos. El recalcitrante taquillero no quiere ayudar a Paul que vuelve a la calle y entra en un bar.

5-Tom, el barman solidario.

Nuestro protagonista entabla conversación con el dueño del bar, Tom, y le cuenta que no puede volver a su casa. La camarera se fija en Paul. Tom se ofrece a ayudarle dándole el dinero que necesita para el metro, pero, en el momento de abrir la caja registradora, ésta se estropea y Tom no consigue acceder al dinero. Como la llave de la caja está en la casa de Tom, Paul se ofrece en ir a recogerla. Tom desconfía porque se están sucediendo una serie de robos en el barrio, pero terminan acordando que Paul irá a por la llave de la caja registradora y Tom se quedará con las llaves de la casa de Paul como garantía.

6-En casa de Tom.

Paul llega a casa de Tom, encuentra la llave de la caja registradora. Entra en el cuarto de baño y orina. Al tirar de la cisterna el váter se atasca y el agua empieza a rebosar sin parar. Paul decide marcharse, pero al bajar por la escalera unos vecinos creen que ha entrado a robar. Paul se explica y lo dejan marchar.

7-¿Ladrones? De nuevo en casa de Marcy.

Cuando Paul regresa al bar, al pasar junto al edificio donde viven Marcy y Kiki, ve a dos ladrones cargando en su furgoneta varios objetos, entre ellos una escultura de Kiki. Paul les grita, los ladrones huyen dejando abandonada la escultura. Kiki aparece en la ventana de su piso atada y amordazada. Paul le pide que le tire las llaves para subir a ayudarla.

8-No eran ladrones, sino amigos de Kiki.

Paul sube cargando con la escultura y ayuda a Kiki, pero ésta le explica que los que él creía ladrones, Neil y Pepe, son amigos suyos a los que había vendido varias cosas. Las ataduras se las ha hecho Horst, un grandullón con el que Kiki practica el sadomasoquismo. Aparece Horst y le advierte a Paul que debe disculparse con Marcy por haberse marchado antes de mala manera. Kiki y Horst se marchan a un club a divertirse.

9-Marcy no está dormida: ¡se ha suicidado!

Avergonzado por su maleducada despedida, Paul va a la habitación de Marcy que está dormida. Paul le pide disculpas y se explica. Marcy no se mueve. Paul se da cuenta de que se ha suicidado con una sobredosis de pastillas. Horrorizado llama a los servicios de emergencia y se marcha de la casa.

10-En casa de la camarera.

Vuelve al bar pero está cerrado. Encuentra a la camarera por la calle. Ésta lo invita a subir a su casa. Paul acepta hasta que regrese el dueño del bar. Mientras tanto, la camarera, Julie, dibuja un retrato de Paul e intenta seducirle. Regresa el dueño del bar y Paul promete a Julie recoger sus llaves y el dinero y volver a su casa.

11-De nuevo en el bar. Vuelta a casa de Julie.

En el bar, Paul y Tom charlan. Suena el teléfono. Tom se entera de que su novia, Marcy, se ha suicidado. Paul descubre con angustia la noticia y se siente responsable. Se marcha angustiado. Regresa a casa de Julie. La chica se enfada con Paul y éste se marcha de allí. Encuentra el bar cerrado de nuevo y decide ir, otra vez, a casa Tom. No lo encuentra allí y algunos vecinos del edificio que han visto salir de las escaleras a Paul lo siguen.

12-Club Berlín: «La noche de la cresta».

Paul despista a los vecinos y busca el club al que iban a ir Kiki y Horst para ver si éstos pueden ayudarle. Cuando consigue entrar en el club (un club punk, para más señas) hay una performance llamada «La noche de la cresta», así que varios punks intentan rapar a Paul para hacerle una. Tiene que salir huyendo de nuevo. Regresa a casa de Kiki y Marcy y encuentra un billete. Desde la casa observa como un numeroso grupo de vecinos lo buscan. Deja que se marchen y regresa a la calle.

13-Paul herido. De nuevo «El taxista flamenco».

Un taxi que pasa por la calle se para. Paul se aproxima para cogerlo, pero la mujer que sale del taxi le golpea con la puerta y lo hiere en el brazo. El taxista resulta ser el mismo que trajo al Soho a Paul. No quiere llevarlo. Paul le muestra el billete. El taxista se lo arrebata y se marcha.

14-Tercera chica en una misma noche.

La chica que salió del taxi se ofrece para curar a Paul y ayudarlo a volver a su hogar. Una vez en su casa, Paul le pide que le deje telefonear, pero la chica, Gail, boicotea entre bromas su llamada y se empeña en curar el brazo de Paul. Finalmente se ofrece a llevarlo a su casa en su furgoneta.

15-Paul, ¿el ladrón del Soho?

Paul y Gail salen de la casa pero en la calle ella descubre un cartel y sale huyendo y gritando. Paul se da cuenta de que el cartel que Gail ha visto es el retrato que dibujó Julie y que la información del mensaje lo hace a él responsable de los robos del barrio.

16-Paul perseguido por los vecinos. En casa de un hombre.

De pronto, una multitud de vecinos iracundos persigue a Paul por todo el barrio. Huye, consigue despistarlos y encuentra a un hombre. Le ruega que le deje telefonear desde su casa. El hombre piensa que Paul quiere tener sexo con él. Ya en la casa del hombre, Paul le explica todo lo que le está pasando. De pronto, ve a Julie por la ventana y sale corriendo a la calle esperando que ella pueda ayudarlo. Pero Paul se da cuenta de que Julie está pegando carteles con el dibujo de su retrato. La multitud aparece y persigue a Paul.

17-El barman solidario denuncia a Paul.

Paul encuentra al amable Tom sentado en un bar. Entra, le explica todo y le pide ayuda. La multitud está llegando. Tom se ofrece para hablar con sus vecinos pero lo que hace en realidad es denunciarlo. Nueva huída desesperada de Paul hacia ningún sitio.

18-June: la cuarta mujer.

Nuestro protagonista llega a un solitario pub, entra y comienza a hablar con una mujer, June, que vive allí mismo. También llegan los vecinos pero el camarero ya ha cerrado. Los vecinos insisten en que les dejen entrar. Paul pide ayuda a la mujer, que lo esconde en su casa.  En realidad, la mujer es escultora y comienza a esconder a Paul envolviéndolo en material de escultura. Cubre a Paul con pasta de yeso dejándole sólo huecos para los ojos y la nariz.

19-Los vecinos no encuentran a «Paul-escultura».

Los vecinos han conseguido entrar y se empeñan en registrar la casa de June pero sólo encuentran a la mujer trabajando en una escultura, así que se marchan y la mujer los acompaña para no levantar sospechas.

20-Neil y Pepe roban a «Paul-escultura». Regreso a casa.

Paul se queda solo en el estudio. Entonces, entran unos ladrones. Son Neil y Pepe que se llevan varias esculturas, entre ellas la «escultura-Paul». Los ladrones abandonan el barrio en su furgoneta cargada de objetos robados. Ya está amaneciendo. En una curva la furgoneta derrapa, se abre el portón trasero y sale despedida al suelo la «escultura-Paul», rompiéndose en pedazos. Paul se incorpora lleno de yeso. Se encuentra justo delante del edificio donde trabaja. Las puertas del edificio se abren. Paul, al fin, está a salvo. Como cualquier otro día, ha llegado a su trabajo.

_______________________________

Muchas serían las interpretaciones que podrían hacerse de esta película. Se la ha comparado con algunos argumentos kafkianos. La asfixiante experiencia de no poder salir de un espacio determinado me recuerda en parte a El Ángel Exterminador de Buñuel (película que, por cierto, iba a titularse Los náufragos de la calle Providencia; lo cito a colación de la palabra «náufrago»), que trata sobre la imposibilidad de un grupo de personas de salir de la habitación de una casa.

Odiseo es un náufrago perdido intentando volver a su hogar. Paul Hackett anda también perdido por un barrio que no conoce intentando desesperadamente volver a su casa. El Mediterráneo, como dije al principio, se ha cambiado por el Soho neoyorkino. Desde esta visión, encuentro en ¡Jó, qué noche! referentes de los episodios de Escila, Caribdis, Circe, Calipso, del descenso al Hades, etc.

Algunas chicas que aparecen en la película, caso de Julie o Gail, sienten una atracción hacia Paul e intentan retenerlo, como Circe y Calipso a Odiseo. Marcy es una mujer-sirena. Representa a la mujer que atrae a Paul, que crea ciertas expectativas sexuales en nuestro protagonista. Paul se ve envuelto en un monumental lío tras conocerla; toda la «odisea» de Paul comienza cuando decide ir a casa de Marcy. También me recuerda al peligro de Escila, mujer monstruo. Marcy oculta extrañas quemaduras de su cuerpo. La chica dulce y simpática se tornará en una persona obsesiva, extraña y marcada por terribles experiencias; como Escila, primero hermosa ninfa, después terrible criatura.

La boca del metro podría representar a Caribdis, monstruo marino que tragaba cuanto se le acercaba.  Paul, es «expulsado» del metro por un policía que a punto está de detenerlo por intentar saltarse el control.

Tom, el amable barman, puede considerarse una especie de Eolo. Intenta ayudar a Paul, pero circunstancias adversas se lo impiden. Cuando Paul recurre a Tom de nuevo, éste lo denuncia a los vecinos pensando que Paul es el ladrón que se busca en el barrio. Eolo se niega a ayudar a Odiseo por segunda vez pensando que es un ser humano odioso para los dioses.

La pesadilla que vive Paul en el Club Berlín, un claustrofóbico antro oscuro con música a todo volumen, recuerda a un descenso al infierno, como el que lleva a Odiseo a buscar en el Hades al adivino Tiresias. Paul espera encontrar allí a Kiki y Hors para que le ayuden a volver a su casa. Por cierto, en esta escena hace un cameo el propio director de la película, Martin Scorsese, que aparece como un trabajador del club sobre una especie de andamio moviendo los focos de un lado a otro. También puede interpretarse su aparición como la del dios omnisciente que contempla impasible desde las alturas los infortunios de los mortales.

June, por último, es la Atenea protectora de nuestro naúfrago Paul. Lo protege de la muchedumbre y lo ayuda escondiéndolo. El azar derivado de esa acción hará que, por fin, Paul, el Odiseo del Soho de New York, llegue a su casa.

Muchas pueden ser las interpretaciones de una obra. Como decía Borges, la obra artística en sí misma suele ignorarlas.

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LA ODISEA, ARGOS, CANELO Y LA VIDA MISMA

Posted by Ricardo en 17 mayo, 2010

«Imágenes, símbolos, mitos, no son creaciones irresponsables de la psique; responden a una necesidad y llenan una función: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser»

Mircea Eliade (1)

Leemos en el cuento de Jorge Luis Borges «El inmortal»:

“Homero compuso la Odisea; postulando un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.»

Y yo añado a eso que lo imposible es no VIVIR siquiera una vez alguna de sus circunstancias.

Ricardo Palma, en sus Tradiciones peruanas, nos cuenta un pequeño relato  en el que un extranjero desconocido, al que siempre acompaña fielmente un perro de agua, llega a Lima, se  queda prendado de una  joven casada y pasa un tiempo pretendiendo a esta virtuosa dama. Cuando la negativa de ella, firme y contundente, llega, el extanjero le clava un puñal en plena calle y, horrorizado por su crimen, termina disparándose en la cabeza. El hombre no es enterrado en lugar santo y ninguno de los que fueron sus amigos en vida fue a darle el último adiós.

Ni los compañeros de libertinaje con quienes derrochara sus caudales el infeliz joven dieron muestra de aflicción por su horrible desventura. Y eso que en vida contaba los amigos por docenas.

Rectifico. La fosa de Mauro Cordato tuvo durante tres días un guardián leal que no permitió se acercase nadie a profanarla; que se mantuvo firme en su puesto, sin comer ni beber, como el centinela que cumple con la consigna, y que al fin quedó sobre la tumba muerto de inanición.

Desde entonces, y no sin razón, los viejos de Lima dieron en decir: «El mejor amigo… un perro». (2)

Un salto de más de un siglo nos lleva a Cádiz. En la «Tacita de Plata» un señor afectado del riñón iba asiduamente al Hospital Puerta del Mar para su tratamiento de diálisis. Su perro Canelo lo acompañaba siempre y lo esperaba en la puerta del hospital. En una de estas revisiones el señor falleció dentro del recinto hospitalario. Canelo esperó, como siempre, fielmente a su dueño en la puerta… ¡12 años!, hasta que, viejo, muy viejo como era, lo atropelló un coche al cruzar la calle. A los pocos meses de estar Canelo a las puertas del hospital, los trabajadores de la perrera municipal se lo llevaron, pero el pueblo gaditano solicitó su indulto. La asociación Agadén lo adoptó y se encargó de cuidar de él.  Pero el perro nunca permanecía con la familia que lo adoptaba mucho tiempo y volvía una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido amigo. La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.

Foto de Canelo ya envejecido (imagen vista aquí)

En Cádiz tiene dedicado el callejón anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

Relieve en homenaje a Canelo (Imagen vista aquí)

A estas alturas, con las pistas del título, muchos/as amigos/as, ya sabrán lo que viene a continuación. Es la historia de un rey griego que fue a la guerra de Troya y que, en el momento de marcharse de su tierra querida, criaba a un perro adiestrándolo como cazador. Es la historia de un rey griego que estuvo diez años en la guerra y diez años vagando perdido por el Mediterráneo. La historia de un náufrago que consiguió llegar a su patria y que, por consejo de una diosa, se disfrazó de mendigo para que no lo reconocieran sus enemigos. La historia, en fin, de un perro escuálido de veinte años tirado en un montón de estiercol; un perro que fue el único que reconoció a su dueño,  que movió la cola y que, sin poderse levantar por su debilidad, murió satisfecho tras haber vuelto a ver al que tanto quería. (3)

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:

—¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:

—Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año. (4)

¡Qué historias las de la Odisea!

________________________

(1) Eliade, M.: El mito del eterno retorno. Madrid, 1982 (4), p. 12

(2) Ricardo Palma: «El mejor amigo, un perro»

(3) Véase también la historia del perro Hachiko.

(4) Odisea, XVII, 290-326, traducción de Luis Segalá y Estalella.

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:
306 —¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.
311 Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:
312 —Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.
324 Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año.

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LA ODISEA, NUEVA VERSIÓN EN CÓMIC INFANTIL-JUVENIL

Posted by Ricardo en 18 febrero, 2010

Creo que la Odisea de Homero es la obra literaria que más veces se ha llevado al cómic. A las versiones que he difundido anteriormente* se les une otra nueva llegada al mercado editorial a finales del 2009: La fabulosa historia de Ulises, con textos adaptados de la obra de Homero por Brigitte Coppin e ilustraciones de Antoine Ronzon. La publica Ediciones Oniro (Barcelona, 2009). Como libro nuevo, se puede adquirir en librerías y en la página web de la propia editorial.

Se trata de un libro ilustrado, en formato de cómic narrativo que adapta la Odisea para lectura de un público infantil y juvenil. La obra de 61 páginas está maravillosamente ilustrada en color.

Dejo como muestra el episodio de Polifemo (pulsa en las imágenes para verlas ampliadas).

_____________________________

* Son éstas:

Hay algunas versiones más que iré difundiendo próximamente.

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LA ODISEA EN CÓMIC SEGÚN MILO MANARA

Posted by Ricardo en 10 febrero, 2010

Milo Manara es uno de los autores más importantes de la historia del cómic. A partir de 1978 comenzó a dibujar las andanzas de un joven viajero que corre aventuras por todo el mundo: Giuseppe Bergman, creado como homenaje a Hugo Pratt, también dibujante de cómics y padre del famosísimo personaje Corto Maltese.

La novena y última entrega de Giuseppe Bergman se titula La odisea de Giuseppe Bergman.

El barco de Bergman ha naufragado en alta mar una noche de niebla por el choque contra algo grande e indeterminado.  Nuestro protagonista es rescatado por un pequeño grupo de personas (dos chicas jóvenes y un  viejo chiflado que cree ser la reencarnación de Ulises) que viajan a bordo de otro barco con rumbo a Ítaca para revivir la travesía de Ulises por el Mediterráneo.

(PULSAR SOBRE LAS IMÁGENES PARA VERLAS AMPLIADAS)

Ya a salvo, durante esa misma noche de niebla, Giuseppe Bergman ve claramente un barco griego de otra época con marineros en él.

1.Primera visión del barco griego antiguo

Algo después, a Bergman se le aparece el auténtico Ulises, que le advierte de la cólera de Poseidón contra los hombres soberbios y que persiguen lo que no está a su alcance. Ulises le entrega su casco a Bergman que lo pierde en un desgraciado accidente. El casco del héroe termina en el estómago de un gran tiburón.

2.Aparición de Ulises a Giuseppe Bergman

Bergman junto a sus compañeros de viaje va dando tumbos de acá para allá, hasta que encuentra en una isla el casco de Elpénor enterrado en la arena. Este casco tiene el poder de proporcionar visiones extraordinarias a su portador, y quien primero se lo coloca es la joven que patronea el barco. Su primera visión es la de Ulises en la isla de Eolo, dios del viento; la segunda, una fantasía sobre el sacrificio de las vacas de Helios por los marineros de Ulises y la tercera, el episodio de Escila y Caribdis.

3 y 4-Escila y Caribdis.

En la cuarta visión se nos cuenta el episodio de las sirenas.

5. Las sirenas de la tradición moderna y antigua.

La joven revive el descenso al Hades de Ulises y su encuentro con Aquiles en la quinta visión.

6 y 7. Encuentro en el Hades con Aquiles rodeado de una gran tropa. Historia de Aquiles en Troya.

Después, asiste a la aventura de Circe y a la muerte de Elpénor, dándose cuenta entonces de que todo lo que ha visto ha sido a través del casco de un hombre muerto. En su aturdimiento, la chica insulta a Poseidón y se  levanta entonces una gigantesca tempestad. El barco es sacudido terriblemente por la furia del dios del mar cuya intención es terminar aquella venganza que comenzó con Ulises y su tripulación hace cientos de años.

8.La ira de Poseidón (compárese la viñeta con la ilustración de Walter Crane «Los caballos de Neptuno» de 1910)

Una enorme ola lanza a la joven fuera del barco. Un tiburón la agarra por la cabeza, llevándose el casco de Elpénors. La chica se salva milagrosamente. Ilesa y sin un solo rasguño sube al barco de nuevo. La tempestad amaina por fin. Por otro lado, el viejo chiflado, que había abandonado el barco en un bote, llega desnudo y exhausto por la tempestad a la playa de una isla donde encuentra a una joven a la que confunde con Nausica en sus delirios.

La joven patrona del barco y Giuseppe Bergman deciden poner rumbo a Ítaca y encarar las aventuras que se les presenten.

Así que, como nos dice Cavafis, «si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo…» . Porque la vida es un viaje unas veces triste y otras alegre, lleno de aventuras y, al fin de cuentas, hermoso.

Este cómic se puede adquirir en librerías especializadas. Lo publica Planeta de Agostini. Por cierto, Milo Manara también es autor de una adaptación al cómic de El asno de oro de Apuleyo.

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BORGES Y LAS CUATRO HISTORIAS

Posted by Ricardo en 21 septiembre, 2009

El oro de los tigres de Jorge Luis Borges se publicó en el año 1972. En este libro se incluye su breve apólogo «Los cuatro ciclos»,  en el que el argentino expresaba una adhesión absoluta por la tradición literaria griega y los mitos clásicos. He aquí el relato.

Los cuatro ciclos (1)

Cuatro son las historias. Una, la más antigua, es la de una fuerte ciudad que cercan y defienden hombres valientes. Los defensores saben que la ciudad será entregada al hierro  y al fuego y que su batalla es inútil; el más famoso de los agresores Aquiles, sabe que su destino es morir antes de la victoria. Los siglos fueron agrandando elementos de magia. Se dijo que Helena de Troya, por la cual los ejércitos murieron, era una hermosa nube, una sombra; se dijo que el gran caballo hueco en el que se ocultaron los griegos era también una apariencia. Homero no habrá sido el primer poeta que refirió la fábula; alguien, en el siglo catorce dejó esta línea que anda por mi memoria: The borgh britened and brent to brondes and askes. Dante Gabriel Rosseti imaginaría que la suerte de Troya quedó sellada en aquel instante en que Paris arde en amor de Helena; Yeats elegirá el instante en que se confunden Leda y el cisne que era un dios.

Otra, que se vincula a la primera, es la de un regreso. El de Ulises, que, al cabo de diez años de errar por mares peligrosos y de demorarse en islas de encantamiento, vuelve a su Itaca; el de las divinidades del Norte que, una vez destruida la tierra, la ven surgir del mar, verde y lúcida, y hallan perdidas en el césped las piezas del ajedrez con que antes jugaron.

La tercera historia es la de una busca. Podemos ver en ella una variación de la forma anterior. Jasón y el Vellocino; los treinta pájaros del persa, que cruzan montañas y mares y ven la cara de su Dios, el Simurg, que es cada uno de ellos y todos. En el pasado toda empresa era venturosa. Alguien robaba, al fin, las prohibidas manzanas de oro; alguien al fin, merecía la conquista del Grial. Ahora, la busca está condenada al fracaso. El capitán Ahab da con la ballena y la ballena los deshace; los héroes de James o de Kafka sólo pueden esperar la derrota. Somos tan pobres  de valor y de fe que ya el happy-ending no es otra cosa que un halago industrial. No podemos creer en el cielo, pero sí en el infierno.

La última historia es la del sacrificio de un dios. Atiis, en Frigia se mutila y mata; Odín, sacrificado a Odín. El Mismo a Sí Mismo, pende del árbol nueve noches enteras y es herido de lanza; Cristo es crucificado por los romanos.

Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas.

………………………………………………………….

La primera historia es la historia de una guerra de asedio y está narrada en la Ilíada. ¿Cuándo quedó sellado el destino fatal de Troya? ¿Tal vez cuando Laomedonte incurrió en hýbris incumpliendo su trato con Poseidón y Apolo; o bien cuando el pastor que era un príncipe le otorgó la manzana de la belleza a Afrodita? ¿Qué quiere decir el quinto verso del primer libro de la Ilíada («y el plan de Zeus se cumplía»)? ¿A quién se llevó Paris a Troya: a Helena o a una doble fantasmal? (2) ¿Qué podían hacer los seres humanos si ya no eran más que marionetas manejadas por los dioses?

La segunda historia es continuación de la primera: terminada la guerra, los héroes  aqueos victoriosos vuelven a su patria. Regresan, pero uno de sus caudillos, Odiseo-Ulises, se pierde en el mar y vaga durante diez años hasta llegar a su casa y reencontrarse con su familia. Este es el argumento de la Odisea. ¿No somos todos acaso Ulises? ¿No nos perdemos alguna vez en mares ignotos? ¿Por qué vida no han pasado Sirenas, Circes y Calipsos? ¿Y el ánsia por llegar? ¿Y el viaje? ¿Y la espera? ¿Y el reencuentro?  ¿No es nuestra vida una Odisea?

La Ilíada y la Odisea se atribuyen (aunque con reservas) a Homero.

La tercera historia, la del viaje de Jasón y los Argonautas en busca del vellocino de oro, la escribió Apolonio de Rodas en las Argonáuticas. El viaje de Jasón y sus compañeros, de ida y vuelta, estuvo lleno de peligros y de aventuras, algunas de ellas idénticas a las de la Odisea (Escila y Caribdis, encuentro con las Sirenas). ¿Sabemos qué queremos? ¿Qué buscamos? ¿Para qué nos sirve lo que buscamos? ¿Cuándo encontraremos a nuestro Simurgh?.

Hasta aquí, Borges cita las fuentes griegas como ejemplo arquetípico de las historias literarias posibles. Pero en la cuarta… En la cuarta, la que corresponde al sacrificio de un dios, se le olvidó al argentino citar a Prometeo, el titán benefactor de la humanidad que robó el fuego a Zeus para entregárselo a los seres humanos. Por ello, Prometeo fue castigado y encadenado a una roca. Un águila la roía las entrañas de día y de noche se le regeneraban (3). Esta historia se encuentra en la tragedia de Esquilo  Prometeo encadenado. ¿Somos Zeus o Prometeo? ¿Cómo contribuimos al bien común los seres humanos? ¿Dónde queda nuestro espíritu de sacrificio?

Si a partir de estos cuatro ejemplos sólo podemos esperar variaciones, ¿se ha agotado la literatura?, ¿se han agotado los argumentos? La literatura griega está en nosotros y en nuestras vidas. Este curso la estudiaremos desde un punto de vista diferente.

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(1) Jorge Luis Borges: El oro de los tigres. En Prosa Completa 4. Barcelona, Bruguera, 1985

(2) En la «Palinodia de Helena», Estesícoro de Hímera escribió: «Esta historia no es cierta. Ni fuiste en los barcos bien provistos, ni alcanzaste las ciudades de Troya». Y leemos en la tragedia de Eurípides Helena (habla ella, versos 31 a 35): «Pero Hera, ofendida por no haber vencido a las otras diosas, hizo volar con el viento mi unión con Paris, y no me entrega a mí abrazada al hijo del rey Príamo, sino a un espectro vivo semejante a mí fabricado de aire».

(3) El sacrificio de Prometeo en favor del ser humano y su papel como «justo doliente» ha sido señalado por los exégetas cristianos, comparando al dios griego con Jesucristo.

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MICRORRELATO MITOLÓGICO (Reedición)

Posted by Ricardo en 24 septiembre, 2008

(El servicio de blogs de ya.com ha caído y con él todos los blogs alojados en él. Mi antiguo blog estaba allí, así que quien acceda a este nuevo blog se ha quedado sin posibilidad de consultar los contenidos de aquél. A partir de ahora iré publicando aquí algunos contenidos de mi antiguo blog que he conseguido «rescatar» del caché de G**GLE. A continuación lo hago con un microrrelato. Lo publico tal cual, sin cambiar nada, salvo la inclusión del enlace en el nombre de Calipso y de la imagen final. Fue publicado el 13 de enero de 2008 y tuvo 6 comentarios)

La lluvia se confundía con sus lágrimas. Regresó, cenó y, en el fondo de la cueva, Él y Ella se reconfortaron en su Amor. Por la mañana, aparejó la balsa y entregó la vela a los vientos. Buscaba una isla querida, buscaba a su mujer, por tantos años perdidas. Ella lo contemplaba partir. La tela blanca se hacía más pequeña. Él, que tanto había sufrido, miraba hacia la playa, marchándose como el que se desangra. Ya casi no La veía.

-Adiós, Calipso, perdóname…

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ULISES (a ritmo de rock duro)

Posted by Ricardo en 10 mayo, 2008

A continuación se ofrecen dos canciones de dos grupos españoles de rock duro.

La primera es «Ulises» del grupo de rock duro Vendaval. Fíjense en la letra que, aunque con reminiscencias del mito, me parece que trata de una realidad de nuestro mundo muy cercana.

Sueño que ya jamás podré volver, jamás.

Triste, camino hacia el mar sin mirar atrás.

Pero mi corazón aún recuerda

que, en las noches, la miseria y el dolor

unen fuerzas al tormento

en batalla contra la razón.

Quiero morir donde nací;

en mi tierra estaré

aunque sea para fallecer.

No sé por qué

pero no puedo dejar de creer

que mi pueblo aún me lleva en su corazón;

les soy fiel.

Viajo a un lugar

donde el color de mi piel no es legal,

y la suerte nunca me acompañará…

no lo hará.

Pero el tiempo

hizo a mi pueblo llorar,

yo sólo busco el sustento,

lo que nadie a mí me pudo dar.

Quiero morir donde nací,

en mi tierra estaré

aunque sea para fallecer.

Nunca pensé

en acabar justo antes de empezar,

en quedarme a las puertas de ese lugar…

¿dónde está?

Quiero vivir, quiero luchar

y llegar hasta allí,

como a todos los mios les prometí.

Es el fin.

Pero el tiempo

hizo a mi pueblo llorar,

yo sólo busco el sustento,

lo que nadie a mí me pudo dar.

Quiero morir donde nací,

en mi tierra estaré

aunque sea para fallecer.

 Y, por supuesto, no podía faltar el «Ulises» de Warcry, del que he encontrado en youtube un vídeo muy bien elaborado, montado con las imágenes de la película «La Odisea» (1.997) de Konchalowsky.

Partí hacia la guerra,

dejé atrás a mi mujer,

mi reino, mi hijo, mis tierras…

todo aquello abandoné.

Diez horribles años

entre sangre y maldad

allí sólo tenía un sueño:

regresar.

Espérame, pronto he de regresar.

Ningún dios lo impedirá.

Ya de vuelta a casa

el cielo me castigó

por un mal que yo no hice

y mi mano consintió.

Si es vuestra justicia

castigar el bien con mal,

no soy hombre que se rinda

ni que eluda pelear.

Espérame, pronto he de regresar.

Ningún dios lo impedirá.

Pronto, mi amor, estaré contigo.

Todo el dolor olvidaré contigo.

Oigo tu voz cuando estoy perdido.

Sé fuerte amor, volveré contigo.

Ni dios, ni hombre,

ni criatura infernal

conseguirán que no pueda

volver por fin a mi hogar.

Espérame, pronto he de regresar.

Ningún dios lo impedirá.

 

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