HELLENIKÁ. RECURSOS DE GRIEGO ANTIGUO

Materiales y recursos de Griego para enseñanza secundaria. Experiencias, propuestas didácticas y temas variados.

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    Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as de Bachillerato, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colarán temas variados e incluso alguna historia personal.

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Posts Tagged ‘mitos’

LA ODISEA, ARGOS, CANELO Y LA VIDA MISMA

Posted by Ricardo en 17 mayo, 2010

«Imágenes, símbolos, mitos, no son creaciones irresponsables de la psique; responden a una necesidad y llenan una función: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser»

Mircea Eliade (1)

Leemos en el cuento de Jorge Luis Borges «El inmortal»:

“Homero compuso la Odisea; postulando un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.»

Y yo añado a eso que lo imposible es no VIVIR siquiera una vez alguna de sus circunstancias.

Ricardo Palma, en sus Tradiciones peruanas, nos cuenta un pequeño relato  en el que un extranjero desconocido, al que siempre acompaña fielmente un perro de agua, llega a Lima, se  queda prendado de una  joven casada y pasa un tiempo pretendiendo a esta virtuosa dama. Cuando la negativa de ella, firme y contundente, llega, el extanjero le clava un puñal en plena calle y, horrorizado por su crimen, termina disparándose en la cabeza. El hombre no es enterrado en lugar santo y ninguno de los que fueron sus amigos en vida fue a darle el último adiós.

Ni los compañeros de libertinaje con quienes derrochara sus caudales el infeliz joven dieron muestra de aflicción por su horrible desventura. Y eso que en vida contaba los amigos por docenas.

Rectifico. La fosa de Mauro Cordato tuvo durante tres días un guardián leal que no permitió se acercase nadie a profanarla; que se mantuvo firme en su puesto, sin comer ni beber, como el centinela que cumple con la consigna, y que al fin quedó sobre la tumba muerto de inanición.

Desde entonces, y no sin razón, los viejos de Lima dieron en decir: «El mejor amigo… un perro». (2)

Un salto de más de un siglo nos lleva a Cádiz. En la «Tacita de Plata» un señor afectado del riñón iba asiduamente al Hospital Puerta del Mar para su tratamiento de diálisis. Su perro Canelo lo acompañaba siempre y lo esperaba en la puerta del hospital. En una de estas revisiones el señor falleció dentro del recinto hospitalario. Canelo esperó, como siempre, fielmente a su dueño en la puerta… ¡12 años!, hasta que, viejo, muy viejo como era, lo atropelló un coche al cruzar la calle. A los pocos meses de estar Canelo a las puertas del hospital, los trabajadores de la perrera municipal se lo llevaron, pero el pueblo gaditano solicitó su indulto. La asociación Agadén lo adoptó y se encargó de cuidar de él.  Pero el perro nunca permanecía con la familia que lo adoptaba mucho tiempo y volvía una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido amigo. La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.

Foto de Canelo ya envejecido (imagen vista aquí)

En Cádiz tiene dedicado el callejón anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

Relieve en homenaje a Canelo (Imagen vista aquí)

A estas alturas, con las pistas del título, muchos/as amigos/as, ya sabrán lo que viene a continuación. Es la historia de un rey griego que fue a la guerra de Troya y que, en el momento de marcharse de su tierra querida, criaba a un perro adiestrándolo como cazador. Es la historia de un rey griego que estuvo diez años en la guerra y diez años vagando perdido por el Mediterráneo. La historia de un náufrago que consiguió llegar a su patria y que, por consejo de una diosa, se disfrazó de mendigo para que no lo reconocieran sus enemigos. La historia, en fin, de un perro escuálido de veinte años tirado en un montón de estiercol; un perro que fue el único que reconoció a su dueño,  que movió la cola y que, sin poderse levantar por su debilidad, murió satisfecho tras haber vuelto a ver al que tanto quería. (3)

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:

—¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:

—Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año. (4)

¡Qué historias las de la Odisea!

________________________

(1) Eliade, M.: El mito del eterno retorno. Madrid, 1982 (4), p. 12

(2) Ricardo Palma: «El mejor amigo, un perro»

(3) Véase también la historia del perro Hachiko.

(4) Odisea, XVII, 290-326, traducción de Luis Segalá y Estalella.

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:
306 —¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.
311 Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:
312 —Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.
324 Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año.

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DOS LECTURAS DE LA NIÑEZ DE LUIS CERNUDA (I)

Posted by Ricardo en 10 septiembre, 2009

Para la poetisa que se convirtió en Jueves

Lo dije aquí («Otro día les hablaré de mi abuela y mi tía-abuela maternas, de un famoso poeta sevillano, de unos libros de Gustavo Adolfo Bécquer y de un tratadito de mitología del s. XIX.»), así que alguna vez tenía que cumplirlo.

Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla (21 de septiembre de 1902) y vivió en la calle Conde de Tójar , hoy Acetres, el actual nº. 6., hasta casi los 13 años de edad.

(Pulsa las imágenes para verlas ampliarlas)

Casa Cernuda Calle Acetres

Casa Cernuda Calle Acetres II

Después, la familia se trasladó a lo que por entonces eran las afueras de la ciudad, hoy barrio del Porvenir, a una de las viviendas del Cuartel de Zapadores o Ingenieros.

Panorámica de la casa de Cernuda en el Parque de María Luisa

Ahí vivió Luis Cernuda hasta el año 1920 cuando tras la muerte de su padre, Bernardo Cernuda Bauzá, la familia se traslada de nuevo a una casa más pequeña en la céntrica calle Aire.

Sevilla calle Aire

Casa de Cernuda en la calle Aire

Casa de Cernuda en la calle Aire II

En abril de 1913 fueron trasladados desde Madrid hasta Sevilla los restos mortales de Gustavo Adolfo Bécquer y de su hermano Valeriano. Este hecho reavivó, al parecer, el interés por los escritos del poeta romántico en Sevilla, noticia que recoge Cernuda en el relato «El poeta» de su obra Ocnos (las negritas son mías. Con «Albanio» Cernuda se refiere a sí mismo de niño):

Aun sería Albanio muy niño cuando leyó a Bécquer por vez primera. Eran unos volúmenes de encuadernación azul con arabescos de oro, y entre las hojas de color amarillento alguien guardó fotografías de catedrales viejas y arruinados castillos. Se los habían dejado a las hermanas de Albanio sus primas, porque en tales días se hablaba mucho y vago sobre Bécquer, al traer desde Madrid sus restos para darles sepultura pomposamente en la capilla de la Universidad.

Por tanto, Luis Cernuda leyó a Bécquer por primera vez con 11 años.  Esos libros de los que nos habla se los dejaron a Ana y Amparo, hermanas de Luis, sus primas hermanas Luisa y Brígida de la Sota Bidón.  No sé hasta qué punto estaba bien «nutrida» (1) la biblioteca del padre de Cernuda, pero, al parecer no incluía a Bécquer, así que Ana y Amparo recurrieron a sus primas que, ya adultas con 24 y 23 años respectivamente, se los prestaron

Es necesario que abra aquí un pequeño paréntesis, porque sospecho que a las manos del pequeño Luis Cernuda pudo llegar, de niño y de joven, algún que otro libro más de sus primas hermanas, de lo que hablaré en la segunda parte de este artículo. Cuando murió en 1923 el padre de Luisa y Brígida, Mariano de la Sota y Lastra, la familia se traslada de domicilio.  Una de sus hijas , Luisa, recordaba «lo bien que se había portado con ellas el primo Luis» ayudándoles a recoger y embalar la extensa biblioteca de la casa. Luis Cernuda tenía entonces 21 años. Esto último no está recogido en ninguna de las biografías de Luis Cernuda, son recuerdos de familia que me cuenta mi madre, hija de Brígida de la Sota, prima hermana, como hemos dicho, de Luis Cernuda.

Los libros de Bécquer a los que hace referencia Luis Cernuda en «El poeta» eran de su prima Brígida. Se los regaló a ella su padre. Son tres volúmenes editados por la Librería de Fernando Fe en Madrid; la cuarta edición del año 1885. Esta cuarta edición está «aumentada con varias poesías y leyendas».

(Pulsa sobre las imágenes para verlas ampliadas)

Portada del primer tomo "...de encuadernación azul con arabescos de oro..."

Portada del primer tomo "...de encuadernación azul con arabescos de oro..."

Página 1

El tomo primero contiene una introducción y 11 leyendas. El segundo tomo contiene otras 11 leyendas y las Cartas desde mi celda. El tomo tercero contiene 9 artículos literarios, 78 poesías y 6 escritos varios («Roncesvalles», «Las dos olas», «Los dos compadres», «Castillo real de Olite», «El Carnaval» y «La noche de los difuntos»). (2)

(Pulsa sobre las imágenes para verlas ampliadas)

Tomo I Tomo II Tomo III

«…las hojas de color amarillento». (Reparen los/as amigos/as clasicistas en la cabeza de Atenea del dibujo del índice del tercer tomo).

Atenea Minerva

Estas últimas imágenes que has podido ver -y también descargar-  pertenecen a los libros que estuvieron en la exposición  «Entre la realidad y el deseo», homenaje a Luis Cernuda por su centenario, que se inauguró en el Convento de Santa Inés de Sevilla el 21 de septiembre de 2002 . Estos son los libros a los que hace referencia Cernuda. Son los libros mismos que él tuvo en sus manos, tal vez sentado o tumbado boca abajo en  alguna parte de su casa de la calle Acetres. y tal vez soñando su mente de niño con los ojos verdes que «tuvo Minerva», con ninfas,  náyades, seres imposibles; con las  saetas voladoras de Cupido  y la lira de Apolo, con el padre Océano y con las estatuas modeladas por un «cincel que el bloque muerde». En ellos se inició en la lectura de una poesía nebulosa, onírica y de reminiscencias míticas escrita por otro poeta sevillano, Bécquer (3). Son aquellos libros que leyó con apasionado interés, descubriendo en sus palabras brumas mitológicas, un algo mágico y «misterioso», que después impregnaría sus letras (4), como el propio Cernuda nos dice en «El poeta»:

Entre las páginas más densas de prosa, al hojear aquellos libros, halló otras claras, con unas cortas líneas de leve cadencia. No alcanzó entonces (aunque no por ser un niño, ya que la mayoría de los hombres crecidos tampoco alcanzan esto) la desdichada historia humana que rescata la palabra pura de un poeta. Mas al leer sin comprender, como el niño y como muchos hombres, se contagió de algo distinto y misterioso, algo que luego, al releer otras veces al poeta, despertó en él tal el recuerdo de una vida anterior, vago e insistente, ahogado en abandono y nostalgia.

¿Quién que ame la poesía, la mitología, las leyendas, Grecia, no se sentiría orgulloso de custodiar este preciado tesoro?

"Amor eterno", poesía de la página 273 del tercer tomo

"Amor eterno", poesía de la página 273 del tercer tomo

_________________________

(1) Silver, Philip W.: Luis Cernuda: el poeta y su leyenda. Madrid, 1995, p. 20.

(2) El índice detallado de esta edición se puede encontrar en Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, edición de José Carlos de Torres. Clásicos Castalia, Madrid, 1982, pp. 63-64.

(3) Para un estudio de la influencia de la mitología y el mundo clásico en Bécquer, véase Villarrubia Medina, A.: «Los mitos clásicos en algunos poetas románticos (Gustavo Adolfo Bécquer y otros escritores) en Actas del IX Coloquio Internacional de Filología Griega «Influencias de la mitología clásica en la literatura española e hispanoamericana del s. XIX». Madrid, UNED, 1998.

(4) Trabajo desde hace tiempo inconstantemente en un estudio sobre la influencia de la mitología clásica en la poesía y prosa poética de Luis Cernuda. A continuación se puede descargar, para quien tenga interés,  un archivo en pdf que contiene una selección de bibliografía que he recopilado sobre este tema:

Bibliografía de Luis Cernuda

NOTA: Todas las fotografías e imagénes escaneadas son mías.

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EL SIMURGH: REFLEXIONES EN TORNO AL MITO (Reelaboración)

Posted by Ricardo en 22 diciembre, 2008

Este artículo es una reelaboración de otro anterior de mi antiguo blog.

Nada mejor para terminar el año hablando del mito con el que se abrió este blog allá por enero de 2008.

El Simurgh, la mitológica ave del imaginario persa que es símbolo y protección de este blog.

Empezaré, directamente, con las palabras que en la obra de Margarita Guerrero y Jorge Luis Borges, El libro de los seres imaginarios, se le dedican al Simurgh:

El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.
El
Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En la fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyende del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dísticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros deciden buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir “Treinta Pájaros”, saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras; ni la garza de los pantanos; ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares, el nombre del penúltimo es Vértigo, el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo Al-Qazwiní, en sus
Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. “Esto, observa Lane, recuerda a leyenda del Fénix”.

El Kaf

El Kaf

Me interesa, especialmente la simbología poética de la leyenda del Simurgh recogida en el Coloquio de los Pájaros. Porque la leyenda, el mito, también puede poseer una dimensión personal, cuando alguien lo adopta y le da su propio sentido acorde a sus circunstancias. Para mí, el Simurgh, el ave inmortal, representa El Bien, La Justicia y El Amor. Creo que es lo que los pájaros, encabezados por la abubilla como guía, buscaban cuando se propusieron llegar hasta el Simurgh, su rey. El camino es un viaje interior a través de la voluntad, del valor, del coraje y del ánsia de conseguir aquello que se desea fervientemente. La prueba deja al final solamente a 30 pájaros supervivientes que han resistido con valentía todos los pasos de los siete valles. Sólo ellos pueden contemplarse a ellos mismos, que son uno y todos con su rey. Parafraseando a Esopo, la fábula mostraría que lo que se busca se halla, si bien debemos estar dispuestos a luchar por lo que deseamos y a avanzar por el camino sin miedos y sin dudas. Tras los siete valles se encuentra el objeto de nuestros deseos más profundos.

 No me resisto a mencionar que, desde que conozco la leyenda del Simurgh, le he encontrado algunas semejanzas curiosas con la comedia de Aristófanes Las Aves (414 a. C.), cuyo argumento es el siguiente: dos ciudadanos atenienses, cansados del ambiente socio-político de la ciudad y con el fin de encontrar la paz y la tranquilidad lejos de Atenas, resuelven fundar una ciudad de pájaros en el cielo, con los pájaros, y convertidos ellos mismos en pájaros. En ella reinarán el orden, el bien y la justicia. A partir de aquí se inicia un viaje, cómico desde luego, en pos de la fundacion de la utópica ciudad «Cucópolis de las Nubes», que viene a ser como el Kaf persa.

De Farid al-Din Attar, me gusta la frase:

«Quédate ante la puerta si quieres que te la abran. No dejes el camino si quieres que te guíen. Nada está nunca cerrado sino a tus propios ojos.»

Y de su obra El Coloquio de los Pájaros, me quedo con las siguientes:

«Los pájaros dijeron a la abubilla: `¿nos pides que abandonemos nuestra vida tranquila para abordar ese camino?´
La abubilla, en su calidad de guía respondió: `Aquél que ama no piensa en su propia vida…´»
«Avanza sin temor en este camino…No titubees, retira tus manos de la infancia; ten más bien por esta empresa el ardor de los valientes.»

Y para terminar, me gustaría dejar, como reflexión, un refrán ateniense que dice así:

«Quien, queriendo ir de un lugar a otro, sin cesar de dar vueltas, no sabe a dónde va, ¿no debemos concluir que carece de Norte?».

Una comentarista dejó el 25 de septiembre de 2007 en aquel viejo artículo una agudísima reflexión  que, por su profundidad moral, recomiendo que se lea allí donde quedó publicada.
 
 
Simurgh

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