HELLENIKÁ. RECURSOS DE GRIEGO ANTIGUO

Materiales y recursos de Griego para enseñanza secundaria. Experiencias, propuestas didácticas y temas variados.

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    Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as de Bachillerato, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colarán temas variados e incluso alguna historia personal.

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Archive for the ‘FILOLOGÍA CLÁSICA’ Category

ARQUÍLOCO DE PAROS, 67a D: CONSEJOS PARA LA VIDA

Posted by Ricardo en 8 septiembre, 2008

Bastardo, mercenario, soldado de fortuna más pragmático que valeroso, enófilo, cínico, provocador, pendenciero, seguramente camorrista, difamador, fieramente enamorado, todo pasión. Una joya de poeta, vaya. Personalísimo.

Releer sus poemas me ha enseñado algunas cosas.

(67a D, traducción mía)

Corazón, corazón, por irremediables heridas turbado,

¡levántate!, ¡defiéndete de tus oponentes ofreciéndoles de frente

el pecho! En emboscadas de enemigos resiste

con firmeza. Y, si vences, no te ufanes públicamente;

ni, si eres vencido, en casa derrotado te lamentes.

Con las alegrías ríe y con las desgracias llora,

pero no demasiado. Debes conocer el ritmo que gobierna al ser humano.

¿Qué me dicen estos versos?

  1. No te desalientes con la desgracia.
  2. Enfréntate con valor a tus enemigos.
  3. No te jactes de tus triunfos.
  4. Acepta la derrota con dignidad.
  5. La vida tiene éxitos y fracasos.

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ALICIA (la del país de las maravillas) Y LA FILOLOGÍA GRIEGA

Posted by Ricardo en 1 julio, 2008

Todo el mundo conoce o ha oído hablar del cuento de terror Alicia en el país de las maravillas (Alice´s Adventures in Wonderland). Su autor es Lewis Carroll, pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson. El nombre de la protagonista del libro se debe a un personaje real: Alice Liddell.

 alice_liddell-2.jpg

Alice Liddell era una de las hijas del deán del college de Oxford Christ ChurchHenry Liddell. Lewis Carroll, profesor de matemáticas de ese mismo college, trabó una gran amistad con la familia Liddell y, al parecer, pasaba bastante tiempo con tres de las hijas de Henry Liddell: Lorina, Alice y Edith. En una de esas tardes de merienda, Carroll se inventó un cuento fantástico y absurdo para las niñas que entusiasmó especialmente a Alice. Con el tiempo, ese cuento se convertiría en Alicia en el país de las maravillas.

alice_liddell.jpg

 A estas alturas, a los/as helenistas ya les sonará más que de sobra el apellido Liddell. Efectivamente, corresponde al mismo Liddell del Greek-English Lexicon de Liddell y Scott (Oxford University Press), que todos/as habremos manejamos en alguna ocasión o habitualmente. Los autores de esta obra son Henry Liddell, el padre de Alice Liddell, y Robert Scott.

Alicia (la del país de las maravillas) es Alice Liddell, la hija de Henry Liddell, coautor del mencionado diccionario.

La segunda fotografía de este artículo, se la hizo a Alice el propio Lewis Carroll.

Desde que supe esto hace ya muchos años, la fotografía de Alicia (la que le hizo Carroll) está en mi diccionario y me sirve para marcar las páginas. El diccionario cambió desde entonces, tiene como «otro puntito». Cualquier día lo abro y salen un conejo, un gato que se ríe o la Reina de Corazones desde dentro.  Un saludo muy cordial.

Actualización del mismo día un poco más tarde:

Olvidé decir que la información de este pequeño artículo se la debo al profesor de la Facultad de Filologia de la Universidad de Sevilla el Doctor Ramón Serrano Cantarín, que un día en clase nos contó la anécdota. De esto hará ya más de 15 años.

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA III: dioses y otros seres.

Posted by Ricardo en 16 junio, 2008

1-El tercer dios en cuanto a número de apariciones en las fábulas esópicas es el titán Prometeo, que pasa a la historia de la mitología por su filantropía, pues no sólo modeló a los seres humanos, sino que robó el fuego a Zeus, ocultándolo en una caña, para entregarlo a los hombres. Por ello, Prometeo fue castigado [1]. Aquí, en la fábula, su papel se resume al de creador de los seres humanos, y de los animales, especificándose o no que lo hizo bajo el mandato de Zeus (nº. 240 «Prometeo y los hombres»). El mayor protagonismo lo cobra en la fábula nº. 259 («El león, Prometeo y el elefante), en la que un león se queja a Prometeo de haberlo hecho grande, fuerte, pero con miedo al gallo. En esta fábula es la única en la que Prometeo interactúa con el mundo de los seres mortales, replicándole al león.

 2-Las apariciones de los demás dioses no son especialmente relevantes. Siguen en frecuencia de aparición Atenea y Afrodita. A la virgen guerrera la tenemos junto a Zeus, Prometeo y Momo en la fábula nº. 100, ya comentada, como creadora de la casa. En la fábula nº. 30 («El náufrago y Atenea»), la diosa es invocada como protectora de los náufragos, papel que recuerda al de la constante protección que le brindó a Odiseo en sus desventuras por el mar en busca de su patria. Por su parte, Afrodita, está relacionada siempre con animales hembras. Así, las fábulas nº.  50 («La comadreja y Afrodita»), donde la diosa castiga la indignidad de la comadreja que recibe de forma ingrata el presente de Afrodita: la metamorfosis en una bella mujer para que pueda unirse a un hombre; y la nº. 222 («La cerda y la perra»), donde estos dos animales discuten, pareciendo un combate dialéctico entre un sofista (la cerda) y un cínico (la perra).

 3-Un grupo de personajes tiene una baja representación en la fábula, con una sola aparición. Tienen poco relieve y a veces su importancia radica más en su aparición como elementos de unión entre un elemento divino y el hombre («El hombre y el sátiro», nº. 35; «El pícaro» que intenta engañar al propio oráculo de Delfos, nº. 36; Thanatos en «El viejo y la muerte», nº. 60; la Fortuna en «El caminante y la Fortuna», nº. 174, etc)

Material adicional de los artículos «La mitología y la fábula esópica» (I, II, III)

1-Textos: fábulas de la colección augustana (pdf)

 esopo-_textos

2-Tabla de aparición de personajes mitológicos (pdf)

 tabla-aparicion-divinidades


[1] Esquilo, Prometeo encadenado, 109-113: «Robé del fuego, en una oculta caña, la recóndita fuente que sería maestra de las artes y un recurso para el hombre. Y aquí pago mi culpa clavado y aherrojado a la intemperie» (Esquilo. Tragedias completas. Ed. de José Alsina Clota. Madrid, 1993, p. 441)

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA II: HERMES

Posted by Ricardo en 15 junio, 2008

(Para Juanvi, que nos alegra los miércoles con más arte que Hermes)

1-Después de la abundante presencia de Zeus en el corpus de fabulas de Esopo analizada en otro artículo, destaca la figura del dios Hermes. Ya premiando a sus devotos y a los hombres justos (fábulas nº. 87 “La oca de los huevos de oro” y nº. 173 “El leñador y Hermes”), ya relacionándose con los artesanos, de los que precisamente era dios protector [1], ya intentando seducir y persuadir al adivino Tiresias tal como hiciera con Apolo al que le robó su rebaño de vacas mediante un hábil ardid, el dios de las sandalias de oro mantiene la imagen de simpatía y popularidad de la que gozó en Grecia [2]. Las virtudes como su astucia, ingenio y buena disposición para cumplir las misiones de Zeus (cf. la fábula nº. 102, donde Hermes le insiste a Gea en que las órdenes de Zeus deben cumplirse) no deberían ensombrecer su valentía, pues Hermes fue de los pocos dioses que asistieron a Zeus cuando éste quedó vencido, encerrado por Tifón y despojado de sus tendones y músculos. Hermes y Pan robaron esos miembros y se los devolvieron a Zeus, posibilitando así la victoria final y el reinado de la luz sobre las tinieblas, del orden sobre el caos. Su papel principal y el más productivo en sus apariciones en la fábula, como ya se ha dicho, es como mensajero y fiel subalterno de Zeus.

2-Pero destaca más en otras curiosas apariciones que nos revelan la personalidad de este dios. Por ejemplo, la fábula que comparte con el adivino Tiresias (nº. 89 “Hermes y Tiresias”) pone de manifiesto su carácter ingenioso, al intentar engañar al vidente. El epimitio se dirige a los ladrones. Hermes era dios de los ladrones, por esto, seguramente se habrá elegido su figura para hacerlo aparecer en esta fábula, sin olvidar el precedente ya señalado de la “experiencia” de Hermes en robar ganados ajenos a otros dioses (Apolo).

3-En otras fábulas aparece mezclándose sin pudor con los seres humanos, especialmente con los de oficios artesanales o manuales y con los caminantes [3], de los que era patrón el dios (nº. 88 “Hermes y el escultor”; nº. 99 “El vendedor de estatuas”; nº. 103 “Hermes y los artesanos”; nº. 173 “El leñador y Hermes”; nº. 178 “El caminante y Hermes”). En la fábula nº. 178, es Hermes (que no aparece directamente sino en la invocación de un caminante que comparte con el dios su ingenio y su descaro) el burlado por un caminante de talante sofista. En ella se nos presentan los llamados dísssoi lógoi, argumentos dobles o fuerza dialéctica para hacer pasar por bueno el argumento malo. El caminante embauca con sus sofismas al dios, en lo que parece ser una fábula contra los sofistas.

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[1] Cf. Himnos órficos XXVIII a Hermes, donde el dios está presente en muchas actividades laborales, preferentemente artesanales.

[2] Prueba de esta popularidad son los llamados “hermas”; esculturas de la divinidad que servían para delimitar los caminos (también Hermes era patrón de los caminantes y viajeros por su propia naturaleza de mensajero de los dioses) y que se colocaban también en las entradas de las casas. Además, vid., por ejemplo, en el arte griego, la estatua del dios con Dioniso niño de Praxíteles descrita por Pausanias en su Descripción de Grecia V, 17  (Hermes fue protector de la niñez de Dioniso).  Durante la Guerra del Peloponeso, la decapitación de los “hermas” en Atenas, justo antes de la expedición a Sicilia, causó gran conmoción entre la población y fue considerada como un acto de impiedad e interpretada como señal de malos presagios. (Tucídides, VI, 27-28): “Pero entre tanto, todos los Hermes de mármol que había en Atenas –de acuerdo con una costumbre local hay muchos tallados cuadrangularmente delante de las casas particulares y de los templos- en su mayoría resultaron mutilados por su parte delantera la misma noche. Nadie conocía a los culpables, pero se les intentó encontrar con la promesa de grandes recompensas públicas y además se decretó que cualquier ciudadano, extranjero o esclavo que supiese de la existencia de algún otro sacrilegio, lo denunciara garantizándole la inmunidad. El suceso era considerado con excesiva importancia, ya que se tomaba como un presagio de la expedición y se creía que su fin era el apoyo de una conjura revolucionaria y el derrocamiento de la democracia” (Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso. Ed. de Francisco Romero Cruz. Madrid, 1.988)

[3] Hermes es igualmente protector de los caminantes. Las estatuas cuadrangulares llamadas “hermas” no sóló estaban en las puertas de las casas particulares, sino que también cumplían la función de mojones de caminos.

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA, I: ZEUS

Posted by Ricardo en 15 junio, 2008

 

[Estoy releyendo las fábulas de Esopo. Le he dado forma provisional a unas notas de lectura que tenía y que he completado. Tal vez me sirvan más adelante para un trabajo definitivo]

1-La fábula tiene un origen muy antiguo. Como relato literario, inciso o digresión de una narración, se remonta en Grecia directamente a Hesíodo: es el conocido pasaje de la fábula del halcón y el ruiseñor en Trabajos y Días [1]. Además, existe toda una línea de ejemplos textuales [2] de cómo la fábula, originariamente dichos, frases y sentencias de difusión oral, fue introduciéndose en los géneros literarios convencionales. Desde ahí hasta quedar constituida como género literario independiente y con sus propias características, gracias a la compilación por escrito llevada a cabo, ya en época helenística, por Demetrio de Falero (s. IV-III a. C.), su camino siguió siendo el de la tradición oral y escolar [3]. Por esto, la fábula como género literario en sentido estricto puede considerarse de época helenística [4].

2-Pero no es mi propósito tratar acerca del origen, historia o características de la fábula griega como género literario. Hay una excelente bibliografía que aborda estos aspectos [5]. Aquí se examinará, en el corpus de fábulas augustanas, qué elementos de la mitología aparecen (dioses, personajes, seres, héroes, catasterismos, etc.) , cuál es su función, cómo interactúan dichos elementos, cómo valorarlos dentro del conjunto de los textos griegos usados para el conocimiento de la mitología, y, por último, qué semejanzas de interés con otras obras de la literatura griega pudieran establecerse con el fin de ampliar el enfoque y enriquecer así nuestro estudio.  Para esto, el texto que se ha tomado como referencia y base es la traducción al español de Pedro Bádenas de la Peña [6] de las fábulas esópicas de la colección augustana y del pequeño grupo de fábulas de la rescensión Ia ausentes de la primera rescensión y de otras fábulas de Esopo escogidas de otros códices.

3-Al abordar el estudio de estas fábulas con elementos mitológicos, distinguimos enseguida en ellas la aparición de los siguientes personajes: Zeus, Hermes, Prometeo, Afrodita, Atenea, Apolo, Deméter, Hera, un sátiro, el oráculo de Delfos, Thanatos, Gea, el Pudor, Heracles, Pluto, la Fortuna, Bóreas, Helios, Momo y Tiresias. Éste es un conjunto bastante variado donde predominan los dioses, especialmente los dos primeros citados en la enumeración. Sus papeles se adaptan, por regla general, a la imagen que los tratados de mitología antiguos y modernos nos trazan de ellos y, de este modo, descubrimos igualmente lo que suponían para la forma de pensar del hombre griego común, que aprendía la fábula y la transmitía oralmente como «una historia ficticia que representa la verdad metafóricamente» [7], una especie de proverbio o refrán de verdad moral reconocida, extraído de la sabiduría popular y amplificado [8].

4-Los personajes de la fábula aparecen tal y como el sentir común popular los dibuja o prefigura: Zeus es el justo y el poderoso; Hermes es el simpático mensajero y la divinidad ingeniosa; Prometeo, el titán filántropo que modeló a seres humanos y animales; Atenea es protectora y bienhechora; la Fortuna y Pluto son volubles tanto en el camino que va de la divinidad al ser humano, como en el inverso; Helios es más sabio y poderoso que Bóreas; Tiresias es un adivino infalible; Heracles sigue siendo el héroe por excelencia; Afrodita concede mágicas metamorfosis pensando sólo en el amor.

5-Pero no todos estos personajes aparecen como protagonistas de la fábula con elementos mitológicos. En algunas ocasiones, su aparición es totalmente anecdótica, como en el caso de Hera en la fábula «Hermes y el escultor», donde la diosa es sólo una referencia en la pregunta de  un Hermes incógnito; o el de Deméter, cuyo nombre pronuncia el orador Démades contando precisamente una fábula al pueblo ateniense, que no le presta atención.

6-La figura de Zeus en la fábula se nos revela como la más importante dentro de los motivos de la mitología que hemos enumerado más arriba. Zeus es el más poderoso de todos los dioses: una sola zancada suya  cubre tanta distancia como el mejor disparo de flecha del mismísimo Apolo (cf. fábula nº. 104 «Zeus y Apolo») [9]; es soberano de los elementos atmosféricos [10] (cf. fábula nº. 8 «Esopo en un astillero»; nº. 105 «Los años del hombre»: «…Zeus llovía…»); garante de las leyes humanas y divinas y dispensador del bien y del mal según su propio criterio. Conviene recordar que esta imagen de Zeus como dador de la justicia y orden universales fue labrada desde los inicios de la literatura griega y durante todo el periodo arcaico y  clásico especialmente por los poetas [11].

7-Efectivamente, un tipo de fábula corriente es aquélla en la que aparece Zeus distribuyendo justicia entre seres humanos o animales (nº. 44 «Las ranas que pidieron rey»; nº. 101 «El grajo y los pájaros»; nº. 106 «Zeus y la tortuga»; nº. 107 «Zeus y la zorra»; nº. 117 «El camello que quiso tener cuernos»; nº. 163 «Las abejas y Zeus»; nº. 166 «La hormiga»; nº. 185 «Los burros que recurrieron a Zeus») Habitualmente, dentro de este tipo, los animales recurren a Zeus mediante embajadores por algún problema que se les presenta (desgobierno y problemas con los seres humanos), pero otras veces la fábula es un trato directo entre Zeus y algún animal al que se debe castigar por su impiedad o hýbris. El castigo llega siempre en forma de metamorfosis, muerte o destrucción de la especie o eterna penitencia. Analizamos a continuación estas fábulas

8-En «El águila y el escarabajo», nº. 3, la presencia de Zeus es más bien anecdótica. La fábula se cuida bien de advertirnos que el águila era animal consagrado a Zeus, y así ha pasado a representarse en el arte [12]. Esta fábula tiene su precedente en la idea de los poderosos y los débiles de la fábula del halcón y el ruiseñor de Hesíodo y en la fábula del mismo nombre de Semónides [13]. La actitud de Zeus, en este caso,  no es muy digna. En «Esopo en un astillero» nos encontramos con lo que podría denominarse «metafábula» o fábula dentro de la fábula [14]. Esopo, que es injuriado en un astillero, replica con una fábula que desarrolla un mito cosmogónico manipulado según su intencionalidad con respecto al mito hesiódico. «Las ranas que pidieron rey» es uno de los ejemplos de fábulas en las que una determinada especie animal recurre al padre Zeus para solucionar sus problemas, en este caso la falta de rey. Las ranas, no conformes con el rey entregado por Zeus (un tronco de madera), insisten una vez más al dios que, cansado por su falta de respeto o impiedad (asebeía), las castiga enviando a una hidra que acaba con ellas. Idéntica o muy parecida estructura la encontramos en las fábulas nº. 101 «El grajo y los pájaros», nº. 163 «Las abejas y Zeus» y  nº. 185 «Los burros que recurrieron a Zeus». En el primer caso, el truco del grajo es hýbris porque intenta superar de manera fraudulenta la prueba de belleza a la que van a ser sometidos todos los pájaros. Los de su propia especie se adelantan a la justicia de Zeus. También es hýbris la pretensión de las abejas de luchar contra los seres humanos en pie de igualdad. Sorprende, no obstante, que sea un papel negativo el que cumplen aquí las abejas cuando fueron aliadas y nutricias de Zeus en su infancia en Creta [15]. Los burros quieren abandonar su función en el orden natural de las cosas como cargadores al servicio de los seres humanos. El castigo a su hýbris consiste en proseguir en su condición, de la que sólo se salvarán cuando consigan un imposible (formar un río a base de meada). Por otro lado, la apelación a Zeus para la resolución de problemas, generalmente personales y privados, es un recurso temático bien conocido en la comedia aristofánica  [16].

9-El Zeus que imparte justicia universal y magisterio de sabiduría, velando así por el orden del cosmos, reaparece en las fábulas nº. 106 «Zeus y la tortuga», nº. 107 «Zeus y la zorra», nº. 166 «La hormiga», nº. 198 «La serpiente pisoteada y Zeus» y nº. 221 «Zeus y la serpiente». Todas tienen en común la réplica de Zeus, irritado por la actuación de los animales en casi todos los ejemplos citados, en forma ya de enseñanza moral a la serpiente (el mensaje sería en la fábula nº. 198 «no te dejes pisotear, y si lo haces, no te quejes»; en la nº. 221 «no aceptes regalos de indeseables»), ya de castigo en los demás casos: la tortuga recibe la perpetua pena de soportar sobre sí su hogar [17]; la hormiga era originariamente un hombre que robaba a sus vecinos [18] convertido por Zeus en tal animal; la zorra (metamorfosis inversa a la anterior) es devuelta a su condición de animal original [19].

10-Otro de los roles importante de Zeus es el de jefe de los dioses. Tiene siempre a su servicio especial como embajador, mensajero [20] y subalterno en trabajos secundarios a Hermes, que aparece en varias fábulas bajo la fórmula «Zeus ordenó a Hermes…», «Zeus mandó a Hermes…», «Zeus envió a Hermes…», lo que da una buena idea del rol y la relación de los dos dioses, padre e hijo querido (fábulas nº. 102 «Hermes y la Tierra», nº. 103 «Hermes y los artesanos», nº. 108 «Zeus y los hombres» y nº. 179 «El burro y el jardinero»). El papel subordinado de Hermes a Zeus se refleja en la fábula nº. 102 «Hermes y la Tierra», cuando el hijo de Maya insiste a Gea (la Tierra) en que las órdenes que él trae provienen de Zeus y deben ser cumplidas. Como mensajero de Zeus, Hermes lleva a cabo trabajos instrumentales, casi siempre el mismo, el de infundir, derramar o verter en el ser humano una cualidad (nº. 103, nº. 108) Aquí, y en otras fábulas, Zeus aparece como modelador del ser humano y de los animales, trabajo que, según la mitología, lo llevó a cabo Prometeo por orden de Zeus [21].

11-Otras apariciones de Zeus se encuentran en las de las fábulas nº. 100 «Zeus, Prometeo, Atena y Momo», nº. 104 «Zeus y Apolo» y nº. 109 «Zeus y el Pudor». La primera de ellas está estructurada temáticamente al modo de «certamen de divinidades», motivo del que tenemos buenos ejemplos en la mitología [22]. Zeus, Prometeo y Atenea compiten cada cual con su creación: Zeus con un toro [23], Prometeo con los seres humanos [24] y Atenea con la casa. Aquí nos topamos con otro de los tópicos de la mitología: la designación de un árbitro o juez para valorar este tipo de certámenes y el hecho de que dicho mediador nunca sea verdaderamente justo o, al menos, albergue una motivación que le prive de dar su veredicto ecuánimemente. La designación de Momo no puede ser más desacertada, pues los dioses eligen a la divinización de la ironía [25]. Momo reprocha del toro la mala disposición de sus ojos; de los seres humanos, la mala disposición de sus intenciones dentro del pensamiento y no fuera [26]; y de la casa la falta de ruedas que permitan huir de un mal vecino [27]. Todas estas observaciones nos dice la fábula que las hizo Momo por envidia, por lo que recibe el castigo de Zeus en forma de expulsión del Olimpo. Este castigo es otro motivo recurrente en las leyendas de la mitología y puede considerarse como el peor escarnio o indignidad que puede haber para la condición de la divinidad olímpica. Recordemos que Hera es castigada por Zeus y colgada por las manos con un yunque atado a los pies. Poseidón, descontento con el reparto de poderes tras la Teomaquia apoyó una sedición contra Zeus,  fue expulsado y obligado a trabajar durante un año en la construcción de las murallas de Troya a las órdenes del rey Laomedonte. Apolo sufrió el mismo castigo que Poseidón por vengar a flechazos contra los Gigantes la muerte de su hijo Asclepio (los Gigantes eran aliados de Zeus y forjadores de sus armas)  [28]. Deméter, incluso, no duda en usar el destierro voluntario del Olimpo como recurso de protesta por el rapto de su hija Perséfone, pasando a ser, en Eleusis, la nodriza del príncipe Neoptólemo.

12-La fábula nº. 104 nos lleva de nuevo a la imagen de Zeus como el más poderoso de todos los dioses, de la que ya se ha hablado,  y nos recuerda al episodio mitológico de la expulsión del Olimpo de Apolo al intentar desafiar los designios de Zeus (vid. más arriba y nota 28).

13-Junto al Pudor (nº. 109), participa el Crónida en una anécdota sobre la introducción de esta virtud en el ser humano. Otra aparición anecdótica es la que se desarrolla en la fábula nº. 111, cuando Zeus recibe en el Olimpo a Heracles que, tras saludar solemnemente a todas las divinidades, se niega a hacerlo con Pluto, imagen simbólica de la riqueza, por la falta de ecuanimidad en su reparto en el mundo de los hombres [29].

14-Por último, Zeus es sólo una referencia en fábulas como la nº. 49 (un vaquero invoca al rey de los dioses) y la nº. 88 «Hermes y el escultor», en la que Hermes pregunta a un alfarero el precio de una estatua o busto de Zeus.

(Pulsar en la imagen para verla ampliada)

_________________________________________

[1] Hesíodo: Trabajos y Días, 202 ss.

[2] Por citar sólo unos pocos (además de la fábula hesiódica del halcón y el ruiseñor): Hesíodo, ibid., 287 ss. «los dos caminos»; Arquíloco, Ep. I «el águila y la zorra», VI «la zorra y el mono», VII «la zorra y el mono»; Semónides de Amorgos, 12 «el águila y el escarabajo»; Sófocles, Antígona, 710 ss. «los árboles», ibid. 1.142 ss. «el capitán cobarde»; Aristófanes, Avispas, 1.399 «Esopo y el perro», ibid. 1.435 ss. «la sibarita»; Heródoto, I, 141, etc. Un inventario completo de ejemplos de fábulas se puede encontrar en Rodríguez Adrados, F.: Historia de la fábula grecolatina (I), tomo 2. Madrid, 1.979, pp. 412-417.

[3] Es tesis defendida por  Rodríguez Adrados, op. cit. p.  392 (cf. también Lesky, A.: Historia de la literatura griega, Madrid, 1.985, reimp., p. 181), frente a Nøjgaard, que propone la llegada a Atenas de una colección de fábulas y una «Vida de Esopo» ya en el s. V a. C. (La fable antique. I. La fable antique avant Phèdre. Copenhague, 1.964 ; La fable antique I. Les grands fabulistes. Copenhague, 1967).

[4] Se sigue la opinión de Rodríguez Adrados, op. cit. y además, Bádenas de la Peña, P.-Lucas de Dios, J. Mª.- Rodríguez Adrados, F.: Raíces griegas de la cultura moderna. Madrid, UNED, 1.995.

[5] Para un acercamiento general al tema son útiles los capítulos dedicados a la fábula de los siguientes manuales: Lesky, A. (cit.) pp. 181-184; Easterling, P.E.-Knox, B.M.W. (eds.): Historia de la literatura clásica. I. Literatura griega. Madrid, 1.990, pp. 752-755; López Férez, J.A. (ed.): Historia de la literatura griega. Madrid, 1.995, pp. 1.153-1.159. Para una mayor profundización, vid.: Rodríguez Adrados, F., 1.979 (op.cit.); El léxico de las fábulas esópicas. Madrid, 1948; Nøjgaard, 1.964, 1.967 (op. cit.); Perry, B.E.: Studies in the text history of the life and fabules of Aesop. Haverford. Pensilvania, 1.936.

[6] Fábulas  de Esopo. Vida de Esopo. Fábulas de Babrio. Madrid, 1.985. La introducción general es de Carlos García Gual; Pedro Bádenas de la Peña es el traductor  de las fábulas de Esopo y de la «Vida de Esopo»; Javier López Facal traduce las fábulas de Babrio.

[7] Esta es la definición del retórico Teón en su Progimnasmata, 3

[8] Cf. la nota nº. 2 de este trabajo.

[9] Cf., Ovidio, Metamorfosis, IV, 103 ss. «Veíanse allí los doce grandes dioses sentados sobre sus tronos con su majestad característica, y Júpiter en el centro. Cada uno de estos dioses estaba allí representado al natural, pero Júpiter con un aire de grandeza tal que anunciaba ser el maestro del mundo». Il. VIII, 1-27: «La Aurora con su velo azafranado se esparcía por la tierra toda, y Zeus, que disfruta con el rayo, una asamblea  reunió en la cumbre más alta del Olimpo de mil cimas, y él a ellos hablaba, y los dioses todos le escuchaban: «Escuchadme, dioses y diosas todos, para que decir pueda lo que en mi pecho el ánimo me ordena. Que nadie, en absoluto, diosa hembra o dios varón alguno, frustrar intente este mandato mío; antes bien, a una todos aceptadlo, para que a estos trabajos ponga fin cuanto antes…¡Venga, pues, dioses, de ello haced la prueba, para que tengáis todos experiencia! Colgad del cielo una cuerda de oro y ataos a un extremo de ella todos los dioses y todas las diosas; del cielo no podríais, sin embargo, a la llanura arrastrar a Zeus, excelso consejero, ni siquiera muchísimos esfuerzos realizando…Tan por encima estoy yo de los dioses y tan por encima de los hombres».

[10] Cf. Alceo 19 (90D): «Zeus llueve, baja del cielo una enorme tormenta y están helados los cursos de las aguas…»; Marco Aurelio: Meditaciones V, 7: Plegaria de los atenienses: ‘Llueve, llueve, amado Zeus, en los labrados y llanuras de los atenienses»

[11] Cf. de entre muchísimos ejemplos posibles: Il, VIII, 1-27 (vid. Supra); Hesíodo, Trabajos y Días. 1-8 (donde Zeus concede bienes y males), 256-281 (donde la Justicia, Diké, es hija de Zeus); Arquíloco 35 (94 D) (donde Zeus es observador de la conducta de los hombres, de la «desmesura y la justicia entre las fieras»); 44 (84 D); Solón 1 (1D); Esquilo, Persas, 827-828 y las plegarias a Zeus de Las Suplicantes (1 ss.) y Agamenón (160 ss.). Destacamos a este respecto los trabajos de H. Lloyd-Jones: «Zeus in Aeschylos», JHS 76 (1.956), pp. 55-67; The Justice of Zeus. Berkeley-Los Ángeles, 1.971.

[12] Como en el conocido  lienzo de Ingres «Zeus y Temis»  o la estatua de Zeus en el Museo Fredericksborg.

[13] Semónides, 12 «El águila y el escarabajo».

[14] También así en «Démades el orador».

[15] Cf. Virgilio, Geórgicas, IV, 153 ss.: «Ahora, pues, voy a exponer el instinto que el propio Júpiter dio a las abejas; para merecer este don, fueron tras los armoniosos sonidos y los crepitantes bronces de los curetes y alimentaron en la cueva Dictea al rey del cielo».

[16] Vid. Aristófanes, Acarnienses (el campesino Diceópolis consigue de Zeus una paz a título personal), La Paz (Trigeo, un vendimiador, consigue liberar a la paz tras una entrevista con Zeus) y Aves (Pistetero y Euelpides consiguen la fundación de la ciudad de los pájaros, «Nubecuclillos» o «Cucópolis de las Nubes», y el mando universal de la misma tras hacer negociaciones con Zeus)

[17] Cf. este castigo divino con el de Sísifo.

[18] Cf. el siguiente refrán que aparece en Hesíodo (Trabajos y Días, 347):«el mal vecino es una desgracia».

[19] Cf. la fábula nº. 50 «La comadreja y Afrodita», idéntica en estructura, concepto, ideas y epimitio.

[20] En este su papel de mensajero y recadero de Zeus, cf. Eur. Andrómaca 274-281.

[21] Cf. las fábulas nº. 100, 240, 259 y 266, fieles al mito según el cual Prometeo modeló a los hombres y animales. A este respecto, la fábula nº. 240 contiene la fórmula «según el mandato de Zeus».

[22] El más famoso de ellos es el «Juicio de Paris», una competición de belleza entre Hera, Atenea y Afrodita dirimida por el príncipe troyano Paris. Otro es la de Apolo y Marsias (o Pan, según versiones), arbitrado por la divinidad del monte Tmolo o por Midas (hay varias versiones de este mito).

[23] Suponemos que la atribución a Zeus de la creación del toro o vaca proviene de leyendas mitológicas en las que Zeus y el toro están relacionados, como las del rapto de Europa y de la metamorfosis de Ino, una de sus amantes.

[24] Cf. la similitud del reproche de Momo a la creación de los seres humanos con la idea desarrollada en la fábula nº. 266 «Las dos alforjas», en la que también aparece el titán Prometeo.

[25] Éste es, justamente, el papel que representa Momo en la mitología: el del sarcasmo, la ironía y la burla. Momo es hermano del Lamento y de las Hespérides, engendrados todos por partogénesis de la Noche (cf. Hes. Teogonía, 214 ss.). Según algunas versiones, el responsable de la guerra de Troya, pues le dio la idea a Zeus de que engendrara a una mujer (Helena) que provocaría la discordia entre los griegos y los troyanos.

[26] Vid. la nota nº. 24.

[27] Se sigue aquí la tradición del refrán hesiódico citado en la nota nº. 18.

[28] Cf. Escolio a Licofrón, Alejandra: «Queriendo los dioses atar a Zeus y sabiéndolo Zeus por Tetis, respetó a los demás, pero a Posidón y a Apolo los envió a que sirvieran a Laomedonte» . Véase también: Il., XXI, 441-452; Apolodoro Biblioteca III 10, 4.

 [29] Cf. con el argumento de la comedia Pluto de Aristófanes, el poema de Hiponacte de Éfeso 3 (28 D) («A mí Pluto -que es demasiado ciego- jamás vino a mi casa a decirme: `Hiponacte, te voy a dar treinta minas de plata y otras muchas cosas encima´. Es flojo de mollera«) y los versos 523 y 524 de Teognis de Mégara («No en vano, oh Pluto, te honran los hombres tantísimo. Con cuánta holgura encubres, ah dios, la maldad»)

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LUCIANO DE SAMOSATA Y LOS MUNDOS INVENTADOS

Posted by Ricardo en 4 febrero, 2008

Dedicado a RFDM, habitante de Luminolandia.

 

Últimamente, leo y releo a Luciano de Samosata, y quisiera compartir la cantidad de curiosidades que redescubro en su literatura. Por ejemplo, algo que me llama mucho la atención es la mitología fantástica de sus Relatos verídicos plagada de mujeres-vides, selenitas, heliotas, luminolandesas, cabalgabuitres, cabalgahormigas, ajoguerreros, pulgarqueros, etc, etc. A ella me gustaría dedicar un estudio especial; no es el objeto de este artículo. Los Relatos verídicos son un ejercicio de humor y un prodigio de imaginación, no exentos de una crítica aguda y mordaz. Nos cuentan una sucesión de aventuras fantásticas vividas por Luciano y sus compañeros, perdidos en el mar ignoto, más allá de las Columnas de Hércules, y por otros mundos a los que llegan por fortuna. Uno de ellos es la tierra o ciudad de las lámparas (“Lignópolis”), que podríamos llamar “Lamparolandia”, “Lamparópolis”, “Luminolandia” o “Luminópolis”. Esta  ciudad se encuentra situada entre las Pléyades y las Híades, aunque mucho más abajo que el Zodíaco, y es vecina de la “Cucópolis de las Nubes” aristofánica, según Luciano. Los habitantes de Luminolandia no son seres humanos, sino lámparas que emiten luz constantemente (aunque no todas con la misma intensidad) y que se apagan cuando mueren. Las lámparas luminolandesas tienen nombre y hablan como los seres humanos. Jamás hacen daño a nadie y reciben al extranjero con total hospitalidad, tal es la bondad de estos seres felices. Habitualmente, las personas que arriban a este país, a pesar de ser recibidos cordialmente, se asustan y, durante su estancia allí, no comen, ni duermen por temor a que les ocurra algo malo (ignoran que esto no es posible) Algunos se encuentran con su propia lámpara-luz que les ilumina contándoles los nuevos asuntos de su casa. El temor a lo nuevo y a lo desconocido aterra a los errantes que arriban a tan amable y cordial país, que suelen abandonar, tal vez por eso hay poca información sobre el mismo. Al que se marcha no le es dado volver de nuevo, pese a la bondad de las luminarias.

¿Qué quiere decirnos este pasaje de los Relatos verídicos? ¿Qué metáfora literaria se encierra en “Lignópolis”? Cada cual que extraiga sus propias interpretaciones, es lo mejor de la literatura.

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TRES PIEZAS DE UN COMPLICADO ROMPECABEZAS

Posted by Ricardo en 27 enero, 2008

1ª. Pieza: Esquilo: Agamenón, 414-419 (Párrafo de muy difícil interpretación)

(Recita el coro)

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«Por nostalgia de la que marchó allende los mares, parecerá que un fantasma gobierna los palacios. La gracia de las hermosas estatuas se hace odiosa al esposo. En el vacío de sus ojos se pierde todo Amor».

2ª. Pieza: Esquilo: Agamenón, 951-952

(Agamenón aconseja a Clitemnestra)

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«Al que ejerce la autoridad con dulzura, la divinidad desde lo alto lo contempla benignamente».

3ª. Pieza: Esquilo: Agamenón, 1399-1400

(Responde el coro a Clitemnestra tras asesinar ésta a su marido, Agamenón, a hachazos)

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«Estamos asombrados con tu forma de hablar, ¡qué osada!, tú que pronuncias tan jactancioso discurso sobre tu marido».

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