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Posts Tagged ‘Hitchcock’

ARISTÓFANES, ESOPO, DU MAURIER, HITCHCOCK Y LOS PÁJAROS

Posted by Ricardo en 13 abril, 2010

1-El mirlo joven, el gato y los mirlos adultos.

Entre las varias anécdotas que me han sucedido esta Semana Santa, detención errónea por la Policia Nacional incluida, una me hizo reflexionar sobre la literatura, el cine y la vida.

Era por la mañana, temprano, sobre las 9:10 h. más o menos. Hacía fresco en el parque. Descansaba de un ejercicio cuando vi caer de la copa de un naranjo en flor de azahar a un pájaro gris y gordito. El pájaro dio varias saltitos en el suelo y se desplazó unos metros batiendo sus alas, pero no consiguió remontar el vuelo. Pasó inmediatamente por mi mente la imagen literaria de un tribuno de legión en un desierto recordando un verso de la Ilíada y, como Marco Flaminio Rufo, yo mismo recordé un verso del comienzo del Edipo Rey de Sófocles:

“Unos, sin fuerza aún para volar lejos…”

Era un mirlo joven que se había lanzado del nido antes de tiempo. De pronto, apareció un gato negro con rayas amarillas e intentó cazar al pajarillo. Pero tres mirlos adultos, negros, muy negros, se lanzaron contra el gato dando enormes graznidos, como cuervos, picándole y atacándole con una violencia tal que consiguieron ponerlo en fuga. El pequeño felino se quedó sin desayuno. Para entonces, el mirlo pequeño había llegado saltando hasta el hueco del tronco de un álamo y se escondió allí, resguardado además por unas briznas de yerba alta. Estuvo, al menos, quince minutos escondido. Después ya no lo vi. Me quedé pensando en quiénes serían sus tres defensores: su padre, su madre y… ¿quién sería el tercer mirlo? Contemplar esa escena me pareció una especie de regalo de la vida, sobre todo, porque el más débil, el indefenso, se salvó y eso me alegraba mucho. También recordé otro regalo de la vida en forma de vuelo espectacular de un águila imperial que divisé desde la colina del teatro romano de Acinipo.

El paisaje que se ve desde la parte más alta del graderío del teatro romano de Acinipo

Un rato después me puse a pensar en literatura griega, en literatura inglesa, en cine y en otras muchas cosas.

2-Utopía y mundos inventados

El ser humano siempre ha ansiado encontrar un lugar en el que vivir sin preocupaciones, sin desgracias y sin penurias. Llámese a ese lugar la Atlántida (Platón), las Islas de los Felices (Hesíodo), Cucópolis de las Nubes (Aristófanes) o Luminolandia (Luciano). Da igual. Buscamos un lugar de paz, de felicidad, de bondad y de belleza. Es la Utopía, que en griego significa “no hay tal lugar”. Pero da igual, seguimos buscándola o seguimos intentando convertir nuestro mundo en la Utopía.

3-El mirlo de Esopo y los pájaros de Aristófanes

En el año 414 a. C., Aristófanes escribió la comedia Los pájaros, cuyo argumento resumido es el siguiente: dos ciudadanos atenienses, Pistetero y Evélpides, cansados e insatisfechos de la vida en Atenas, deciden fundar una ciudad ideal en el cielo, con los pájaros, terminando ellos mismos convertidos en pájaros. A este argumento le viene que ni pintada la fábula de Esopo del cazador y el mirlo, que dice así:

Viendo un inocente mirlo que cierto cazador tendía sus redes, le preguntó qué era aquello que hacía, y respondió el cazador que iba a edificar un pueblo. Se acercó el mirlo sin desconfianza al cebo puesto junto a la red, y cayó en ella. Pero al acercarse el cazador a cogerlo, le dijo con ironía:

-Si tratas de formar tu pueblo de este modo, por medio de la traición y el engaño, no habrá muchos que acudan a habitarlo.

Nada destruye tanto las sociedades como la mala fe y la crueldad de los que las gobiernan.

Hay una escena de la comedia de Aristófanes que recordé cuando vi a aquellos mirlos lanzarse violentamente contra el gato. La transcribo (1).

Pistetero: ¡Oh, Posidón! ¿no ves qué espantosa cantidad de aves?

Evélpides: Señor Apolo, ¡qué nube! Tantos volando no dejan ver ni la entrada del teatro.

(Las aves se arremolinan, mueven las alas, pían. Todo ello simultáneamente con el diálogo.)

Pistetero: Ésta es una perdiz.

Evélpides: Y aquél, por Zeus, un francolín.

Pistetero: Ésta es una cerceta.

Evélpides: Y aquél, un alción.

Pistetero: ¿Y el de detrás?

Evélpides: ¿El de detrás? Un barbero.

Pistetero: ¿El barbero es un pájaro?

Evélpides: ¿No está hecho uno bueno Espórgilo?

Pistetero: Y ésta es una lechuza.

Evélpides: ¿Que dices? ¿Quién llevó lechuzas a Atenas?

Abubilla: Una urraca, una tórtola, una alondra, una curruca, un triguero, una paloma, una halcón, un azor, una zurita, un cuco, una torcaz, un reyezuelo, una polla sultana, un cernícalo, un somormujo, un pardillo, un quebrantahuesos, un pico carpintero…

Pistetero: ¡Oh, oh! ¡Qué de pájaros!

Evélpides: ¡Oh, oh! ¡Qué de mirlos!

(El piar de los pájaros, que no se ha interrumpido, va haciéndose cada vez más amenazador)

Pistetero: ¡Cómo pían y corren chillando!

Evélpides: ¿Es que nos amenazan?

Pistetero: Están con el pico abierto y nos miran a ti y a mí.

Corifeo: … ahora me parece lo mejor que estos dos viejos sufran castigo y sean despezados por nosotros.

Pistetero: ¡Estamos perdidos!

Evélpides: Tú eres el único culpable. ¿Por qué me has hecho venir de Atenas?

Pistetero: Para que me acompañaras.

Evélpides: Para llorar amargamente.

Pistetero: No dices nada más que tonterías; pues ¿cómo vas a llorar, si te van a sacar los ojos?

Coro de pájaros.

(Antístrofa)

¡Jo, jo!

¡Corramos, lancemos nuestro ímpeto hostil,

sangriento, las alas abramos en torno,

cerquémoslos ya!

Es preciso que mueran los dos

y den a los picos festín.

Ni monte sombrío ni nube elevada

ni mar espumoso los recibirá,

logrando escapar.

Corifeo: Pero vamos ya a arrancarles el cabello y a morderlos. ¿Dónde está el comandante? ¡Que ponga en movimiento el ala derecha!

Corifeo (lanzándote al ataque): ¡A por ellos! ¡Adelante, el picoal frente! ¡Rápido! !A arrastrarlos, arrancarles el pelo, golpearlos, desollarlos vivos!…

Por fortuna para los protagonistas de la comedia, Pistetero y Evélpides, los pájaros no materializaron su ataque finalmente.

4- Los pájaros de du Maurier y los de Hitchcock

Daphne du Maurier

Pues bien, al evocar esta escena de Aristófanes, recordé, a su vez, algunas frases del relato que Daphne du Maurier escribió en 1963, Los pájaros.

“No sabía cómo explicarlo ahora, a la luz del día, la batalla con los pájaros sonaría absurda.” (2)

Esa acumulación y enumeración de pájaros del fragmento de la comedia de Aristófanes, la encontré de modo paralelo en una relectura de la novela corta de Daphne du Maurier.

“Los pájaros se posaban en lo alto de los tejados, en los alfeizares de las ventanas y en las chimeneas. Las especies incluían mirlos, tordos, gorriones, y, como era de esperar en la metrópoli, una gran cantidad de palomas y estorninos, y ese frecuentador del río de Londres, la gaviota de cabeza negra.” (3)

Hitchcock, al que he dedicado un artículo hace poco tiempo, adaptó para la gran pantalla el relato de du Maurier. De éste, Hitchcock sólo conserva la idea del ataque de los pájaros a los seres humanos. La historia del relato de du Maurier, centrada en un padre que intenta proteger por todos los medios a su mujer y sus dos hijos, poco o nada tiene que ver con la del maestro del suspense. La de éste es más perversa: la familia se compone de una madre autoritaria y con posible complejo de Yocasta o de Fedra, un hijo soltero complaciente y sus dos hermanos pequeños. Una rubia desconocida, con sus dos periquitos enjaulados, parece traer la desgracia al pueblo de Bodega Bay, sin que del ataque de los pájaros se dé explicación alguna y sin que el final de la película ofrezca solución posible a los acontecimientos.

“Nat escuchó el violento chasquido de la madera al astillarse y se preguntó cuántos millones de años de recuerdos estaban almacenados en aquellos pequeños cerebros, tras los hirientes picos y los taladrantes ojos, que ahora habían nacer en ellos este instinto de destruir a la numanidad con toda la certera y demoledora precisión de unas máquinas implacables”.” (4)

_______________________

La imagen del paisaje desde el teatro de Acinipo es mía.

La imagen del retrato de Daphne du Maurier está tomada de AQUÍ.

(1) La traducción es de Francisco Rodríguez Adrados en Aristófanes: Las avispas. La paz. Las aves. Lisístrata. Madrid, 2000 (5).

(2) Daphne du Maurier: Los pájaros y otras historias. Ediciones Orbis. Barcelona, 1985, p. 14.

(3) Ibidem, p. 19

(4) Ibidem, p. 43.

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