HELLENIKÁ. RECURSOS DE GRIEGO ANTIGUO

Materiales y recursos de Griego para enseñanza secundaria. Experiencias y propuestas didácticas.

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    Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colará algo personal.

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Posts etiquetados ‘Esopo’

ARISTÓFANES, ESOPO, DU MAURIER, HITCHCOCK Y LOS PÁJAROS

Publicado por Ricardo en 13 abril, 2010

1-El mirlo joven, el gato y los mirlos adultos.

Entre las varias anécdotas que me han sucedido esta Semana Santa, detención errónea por la Policia Nacional incluida, una me hizo reflexionar sobre la literatura, el cine y la vida.

Era por la mañana, temprano, sobre las 9:10 h. más o menos. Hacía fresco en el parque. Descansaba de un ejercicio cuando vi caer de la copa de un naranjo en flor de azahar a un pájaro gris y gordito. El pájaro dio varias saltitos en el suelo y se desplazó unos metros batiendo sus alas, pero no consiguió remontar el vuelo. Pasó inmediatamente por mi mente la imagen literaria de un tribuno de legión en un desierto recordando un verso de la Ilíada y, como Marco Flaminio Rufo, yo mismo recordé un verso del comienzo del Edipo Rey de Sófocles:

“Unos, sin fuerza aún para volar lejos…”

Era un mirlo joven que se había lanzado del nido antes de tiempo. De pronto, apareció un gato negro con rayas amarillas e intentó cazar al pajarillo. Pero tres mirlos adultos, negros, muy negros, se lanzaron contra el gato dando enormes graznidos, como cuervos, picándole y atacándole con una violencia tal que consiguieron ponerlo en fuga. El pequeño felino se quedó sin desayuno. Para entonces, el mirlo pequeño había llegado saltando hasta el hueco del tronco de un álamo y se escondió allí, resguardado además por unas briznas de yerba alta. Estuvo, al menos, quince minutos escondido. Después ya no lo vi. Me quedé pensando en quiénes serían sus tres defensores: su padre, su madre y… ¿quién sería el tercer mirlo? Contemplar esa escena me pareció una especie de regalo de la vida, sobre todo, porque el más débil, el indefenso, se salvó y eso me alegraba mucho. También recordé otro regalo de la vida en forma de vuelo espectacular de un águila imperial que divisé desde la colina del teatro romano de Acinipo.

El paisaje que se ve desde la parte más alta del graderío del teatro romano de Acinipo

Un rato después me puse a pensar en literatura griega, en literatura inglesa, en cine y en otras muchas cosas.

2-Utopía y mundos inventados

El ser humano siempre ha ansiado encontrar un lugar en el que vivir sin preocupaciones, sin desgracias y sin penurias. Llámese a ese lugar la Atlántida (Platón), las Islas de los Felices (Hesíodo), Cucópolis de las Nubes (Aristófanes) o Luminolandia (Luciano). Da igual. Buscamos un lugar de paz, de felicidad, de bondad y de belleza. Es la Utopía, que en griego significa “no hay tal lugar”. Pero da igual, seguimos buscándola o seguimos intentando convertir nuestro mundo en la Utopía.

3-El mirlo de Esopo y los pájaros de Aristófanes

En el año 414 a. C., Aristófanes escribió la comedia Los pájaros, cuyo argumento resumido es el siguiente: dos ciudadanos atenienses, Pistetero y Evélpides, cansados e insatisfechos de la vida en Atenas, deciden fundar una ciudad ideal en el cielo, con los pájaros, terminando ellos mismos convertidos en pájaros. A este argumento le viene que ni pintada la fábula de Esopo del cazador y el mirlo, que dice así:

Viendo un inocente mirlo que cierto cazador tendía sus redes, le preguntó qué era aquello que hacía, y respondió el cazador que iba a edificar un pueblo. Se acercó el mirlo sin desconfianza al cebo puesto junto a la red, y cayó en ella. Pero al acercarse el cazador a cogerlo, le dijo con ironía:

-Si tratas de formar tu pueblo de este modo, por medio de la traición y el engaño, no habrá muchos que acudan a habitarlo.

Nada destruye tanto las sociedades como la mala fe y la crueldad de los que las gobiernan.

Hay una escena de la comedia de Aristófanes que recordé cuando vi a aquellos mirlos lanzarse violentamente contra el gato. La transcribo (1).

Pistetero: ¡Oh, Posidón! ¿no ves qué espantosa cantidad de aves?

Evélpides: Señor Apolo, ¡qué nube! Tantos volando no dejan ver ni la entrada del teatro.

(Las aves se arremolinan, mueven las alas, pían. Todo ello simultáneamente con el diálogo.)

Pistetero: Ésta es una perdiz.

Evélpides: Y aquél, por Zeus, un francolín.

Pistetero: Ésta es una cerceta.

Evélpides: Y aquél, un alción.

Pistetero: ¿Y el de detrás?

Evélpides: ¿El de detrás? Un barbero.

Pistetero: ¿El barbero es un pájaro?

Evélpides: ¿No está hecho uno bueno Espórgilo?

Pistetero: Y ésta es una lechuza.

Evélpides: ¿Que dices? ¿Quién llevó lechuzas a Atenas?

Abubilla: Una urraca, una tórtola, una alondra, una curruca, un triguero, una paloma, una halcón, un azor, una zurita, un cuco, una torcaz, un reyezuelo, una polla sultana, un cernícalo, un somormujo, un pardillo, un quebrantahuesos, un pico carpintero…

Pistetero: ¡Oh, oh! ¡Qué de pájaros!

Evélpides: ¡Oh, oh! ¡Qué de mirlos!

(El piar de los pájaros, que no se ha interrumpido, va haciéndose cada vez más amenazador)

Pistetero: ¡Cómo pían y corren chillando!

Evélpides: ¿Es que nos amenazan?

Pistetero: Están con el pico abierto y nos miran a ti y a mí.

Corifeo: … ahora me parece lo mejor que estos dos viejos sufran castigo y sean despezados por nosotros.

Pistetero: ¡Estamos perdidos!

Evélpides: Tú eres el único culpable. ¿Por qué me has hecho venir de Atenas?

Pistetero: Para que me acompañaras.

Evélpides: Para llorar amargamente.

Pistetero: No dices nada más que tonterías; pues ¿cómo vas a llorar, si te van a sacar los ojos?

Coro de pájaros.

(Antístrofa)

¡Jo, jo!

¡Corramos, lancemos nuestro ímpeto hostil,

sangriento, las alas abramos en torno,

cerquémoslos ya!

Es preciso que mueran los dos

y den a los picos festín.

Ni monte sombrío ni nube elevada

ni mar espumoso los recibirá,

logrando escapar.

Corifeo: Pero vamos ya a arrancarles el cabello y a morderlos. ¿Dónde está el comandante? ¡Que ponga en movimiento el ala derecha!

Corifeo (lanzándote al ataque): ¡A por ellos! ¡Adelante, el picoal frente! ¡Rápido! !A arrastrarlos, arrancarles el pelo, golpearlos, desollarlos vivos!…

Por fortuna para los protagonistas de la comedia, Pistetero y Evélpides, los pájaros no materializaron su ataque finalmente.

4- Los pájaros de du Maurier y los de Hitchcock

Daphne du Maurier

Pues bien, al evocar esta escena de Aristófanes, recordé, a su vez, algunas frases del relato que Daphne du Maurier escribió en 1963, Los pájaros.

“No sabía cómo explicarlo ahora, a la luz del día, la batalla con los pájaros sonaría absurda.” (2)

Esa acumulación y enumeración de pájaros del fragmento de la comedia de Aristófanes, la encontré de modo paralelo en una relectura de la novela corta de Daphne du Maurier.

“Los pájaros se posaban en lo alto de los tejados, en los alfeizares de las ventanas y en las chimeneas. Las especies incluían mirlos, tordos, gorriones, y, como era de esperar en la metrópoli, una gran cantidad de palomas y estorninos, y ese frecuentador del río de Londres, la gaviota de cabeza negra.” (3)

Hitchcock, al que he dedicado un artículo hace poco tiempo, adaptó para la gran pantalla el relato de du Maurier. De éste, Hitchcock sólo conserva la idea del ataque de los pájaros a los seres humanos. La historia del relato de du Maurier, centrada en un padre que intenta proteger por todos los medios a su mujer y sus dos hijos, poco o nada tiene que ver con la del maestro del suspense. La de éste es más perversa: la familia se compone de una madre autoritaria y con posible complejo de Yocasta o de Fedra, un hijo soltero complaciente y sus dos hermanos pequeños. Una rubia desconocida, con sus dos periquitos enjaulados, parece traer la desgracia al pueblo de Bodega Bay, sin que del ataque de los pájaros se dé explicación alguna y sin que el final de la película ofrezca solución posible a los acontecimientos.

“Nat escuchó el violento chasquido de la madera al astillarse y se preguntó cuántos millones de años de recuerdos estaban almacenados en aquellos pequeños cerebros, tras los hirientes picos y los taladrantes ojos, que ahora habían nacer en ellos este instinto de destruir a la numanidad con toda la certera y demoledora precisión de unas máquinas implacables”.” (4)

_______________________

La imagen del paisaje desde el teatro de Acinipo es mía.

La imagen del retrato de Daphne du Maurier está tomada de AQUÍ.

(1) La traducción es de Francisco Rodríguez Adrados en Aristófanes: Las avispas. La paz. Las aves. Lisístrata. Madrid, 2000 (5).

(2) Daphne du Maurier: Los pájaros y otras historias. Ediciones Orbis. Barcelona, 1985, p. 14.

(3) Ibidem, p. 19

(4) Ibidem, p. 43.

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LA ZORRA Y LAS UVAS DE ESOPO (ANIMACIONES)

Publicado por Ricardo en 7 febrero, 2009

la-zorra-y-las-uvas

Trabajando en las fábulas de Esopo, he encontrado varios vídeos curiosos en Yo*t*be. Me resultó especialmente expresivo la animación con figuritas de plastilina de Penelope Yocum. He editado el vídeo (muy adecuado para los niños, por cierto)  adaptándolo al mejor desarrollo del texto original, cuya traducción literal me ha servido para subtitularlo.

Vídeo animado original

Otro vídeo de la misma fábula en español

Y, por último, he aquí la versión del fabulista español Samaniego.

Es voz común que a más del mediodía,

en ayunas la Zorra iba cazando;

halla una parra, quédase mirando

de la alta vid el fruto que pendía.

Causábala mil ansias y congojas

no alcanzar a las uvas con la garra,

al mostrar a sus dientes la alta parra

negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaduras,

pero vio el imposible ya de fijo.

Entonces fue cuando la Zorra dijo:

«No las quiero comer. No están maduras.»

No por eso te muestres impaciente,

si se te frustra, Fabio, algún intento:

aplica bien el cuento,

y di: No están maduras, frescamente.

Espero que les guste y les sea de utilidad.

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CUENTOS DE RATONES: LEO Y QUINQUECITA

Publicado por Ricardo en 30 junio, 2008

Acabo de llegar a casa del almuerzo con los/las compañeros/as del insti. Me acabo de despedir hace unas horas de todos/as ellos/as en el claustro de final de curso. Comienza una nueva etapa de mi vida profesional tras cinco años como jefe de estudios del insti. ¿Qué haré mañana por la tarde, me preguntaba ayer por la noche? Saldar una deuda con dos personitas que una vez me hicieron muy feliz poniéndome un comentario en el blog. Me pidieron una historia de muchos ratones, que se lo pasaran muy bien, que los protagonistas se casaran y tuvieran siete hijos a los que les contaran cuentos para dormir.

Allá va la historia. Con mucho cariño para Paula y Ángela.

“Cuentos de ratones: Leo y Quinquecita”

Hacía ya algún tiempo que Leo se había mudado a la Luna desde Cucópolis de las Nubes, porque la Luna estaba entre Cucópolis y Luminolandia, y más cerca de Tyroneso que Cucópolis, así el transporte de un lugar a otro era mucho más fácil para su amigo el mirlo, que, por ejercer de cartero sideral, siempre estaba de un lado para el otro.

Los meses pasaban apaciblemente en la Luna mientras Leo meditaba su fiesta de cumpleaños y la celebración de ésta  con todos sus amigos ratones de la tierra. Quería escribirle de nuevo a Fréderick, pero he aquí que algo extraordinario sucedió. Porque, como ya saben los lectores, los habitantes de Luminolandia son lámparas, y, si recuerdan la última carta de Leo a Fréderick, Leo tenía una buena amiga en Luminolandia llamada Quinquecita.

Luminolandia era una tierra muy especial donde no se aceptaba por las buenas a otros habitantes más que a las lámparas nativas. Por eso, Leo se desanimaba a menudo cuando pensaba en cuánto le gustaba Quinquecita. Él era un ratoncito, ella una lamparita, mas, con el tiempo, ambos aprendieron que había más cosas que los unían que otras que los separaban, y empezaron a verse con más frecuencia que antes porque, en el fondo, siempre se habían gustado mucho y la llama del amor ya había prendido en ellos.

Quinquecita era una lámpara preciosísima, y eso que casi nunca se esmeraba en peinarse y que rara vez se maquillaba. Sólo lo hacía en las ocasiones muy especiales y entonces lucía auténticamente maravillosa. En la clasificación de los ciudadanos-lámparas del gobierno luminolandés, Quinquecita estaba catalogada con la denominación de “Lámpara miope”, según la cantidad de luz que podían emitir sus ojos. Esto era algo habitual en las lámparas de ojos claros, porque al vivir en un país tan luminoso como aquél, dicha luminosidad afectaba a las retinas de las lámparas de ojos claros, que perdían un poquitín de visión. Ahora bien, según la calidad de la luz que Quinquecita emitía, estaba catalogada en la categoría  de “Lámpara muy preciosa”, que era la primera y mejor de todas las categorías. Quinquecita tenía muchos pretendientes de su tierra, pero ella seguía pensando en Leo, así como Leo pensaba todo el día en ella.

Las numerosas visitas de Leo al país luminoso trajeron consigo que éste llegara a trabar una gran amistad con un ministro, el cual  terminó intercediendo ante el rey por la boda de Leo y Quinquecita. Los argumentos fueron muy claros:

1-Ambos estaban enamorados el uno del otro, cosa que no podía negarse.

2-Leo llevaba mucho tiempo viajando a Luminolandia y era bien aceptado y querido por todos sus habitantes.

3-Leo quería a su vez a la tierra luminosa y a las propias lámparas.

4-Luminolandia debía abrirse a muchas costumbres y aceptar la relación de sus ciudadanos con otras especies del universo.

5-La unión de Leo y Quinquecita debía apoyarse porque, en fin, era la voluntad de ellos.

Finalmente, el rey de Luminolandia aceptó el compromiso y los felices novios empezaron  a hacer los planes para su unión y su vida en común. La boda sería en la Luna, país vecino de Luminolandia, porque los amigos de Leo tenían más facilidad para desplazarse hasta allí y porque se aprovecharía el enlace para un hermanamiento de ambas naciones.

Fréderick fue el ratón encargado de preparar el desplazamiento de los ratones terrícolas a la Luna, para lo cual solicitó la ayuda de los escarabajos peloteros voladores, a los que Zeus, el rey de los dioses griegos, no podía ni ver desde que uno de ellos dejó caer una pelotita de caca durante su vuelo y le cayó al dios entre sus piernas (esta anécdota la aprovechó después Esopo para invertarse una de sus fábulas).

De Tyroneso, la isla de queso, se trajeron para el festín nupcial 2511 variedades de queso que hicieron las delicias de los ratones. Por su parte, Luminolandia aportó unas especies de “fuegos artificiales”. Cuando una lámpara de Luminolandia muere, se apaga. Entonces es llevada a un almacén donde permanece  a la espera de poder brillar en una ocasión especial. Así, una boda o el nacimiento de una nueva lámpara dan la oportunidad a las “lámparas apagadas” de brillar por última vez para el disfrute de otros. En esas ocasiones, las “lámparas apagadas” son lanzadas por un propulsor hacia el universo. La velocidad que adquieren en el espacio sideral hace que emitan un rayo de luz dinámico y cuando se detienen quedan con esa luz convertidas en nuevas estrellas. Para la boda de Leo y Quinquecita se soltaron al espacio cientos de “lámparas apagadas” que ofrecieron un maravilloso espectáculo a todos los invitados y conformaron un magnífico firmamento de estrellas.

 Leo y Quinquecita vivieron muy felices y tuvieron siete hijos: cuatro chicos y tres chicas. Los chicos se llamaban Ratoquín, Leoquín, Quinquetín y Lamparón (éste se llamaba así porque era regordete); y las chicas Leoquecita, Ratoquinita y Quinquebichita. Vivían en la Luna, pero pasaban las Navidades, los fines de semana y las vacaciones grandes en Luminolandia y eran visitados muy a menudo por los ratones terrícolas amigos de Leo y por las lámparas luminolandesas de ya saben donde. Por las noches, Leo y Quinquecita les contaban cuentos a sus hijos, que se dormían viendo las “lámparas apagadas” convertidas en estrellas.

 Colorín colorado este cuento se ha acabado.

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA III: dioses y otros seres.

Publicado por Ricardo en 16 junio, 2008

1-El tercer dios en cuanto a número de apariciones en las fábulas esópicas es el titán Prometeo, que pasa a la historia de la mitología por su filantropía, pues no sólo modeló a los seres humanos, sino que robó el fuego a Zeus, ocultándolo en una caña, para entregarlo a los hombres. Por ello, Prometeo fue castigado [1]. Aquí, en la fábula, su papel se resume al de creador de los seres humanos, y de los animales, especificándose o no que lo hizo bajo el mandato de Zeus (nº. 240 “Prometeo y los hombres”). El mayor protagonismo lo cobra en la fábula nº. 259 (“El león, Prometeo y el elefante), en la que un león se queja a Prometeo de haberlo hecho grande, fuerte, pero con miedo al gallo. En esta fábula es la única en la que Prometeo interactúa con el mundo de los seres mortales, replicándole al león.

 2-Las apariciones de los demás dioses no son especialmente relevantes. Siguen en frecuencia de aparición Atenea y Afrodita. A la virgen guerrera la tenemos junto a Zeus, Prometeo y Momo en la fábula nº. 100, ya comentada, como creadora de la casa. En la fábula nº. 30 (“El náufrago y Atenea”), la diosa es invocada como protectora de los náufragos, papel que recuerda al de la constante protección que le brindó a Odiseo en sus desventuras por el mar en busca de su patria. Por su parte, Afrodita, está relacionada siempre con animales hembras. Así, las fábulas nº.  50 (“La comadreja y Afrodita”), donde la diosa castiga la indignidad de la comadreja que recibe de forma ingrata el presente de Afrodita: la metamorfosis en una bella mujer para que pueda unirse a un hombre; y la nº. 222 (“La cerda y la perra”), donde estos dos animales discuten, pareciendo un combate dialéctico entre un sofista (la cerda) y un cínico (la perra).

 3-Un grupo de personajes tiene una baja representación en la fábula, con una sola aparición. Tienen poco relieve y a veces su importancia radica más en su aparición como elementos de unión entre un elemento divino y el hombre (“El hombre y el sátiro”, nº. 35; “El pícaro” que intenta engañar al propio oráculo de Delfos, nº. 36; Thanatos en “El viejo y la muerte”, nº. 60; la Fortuna en “El caminante y la Fortuna”, nº. 174, etc)

Material adicional de los artículos “La mitología y la fábula esópica” (I, II, III)

1-Textos: fábulas de la colección augustana (pdf)

 esopo-_textos

2-Tabla de aparición de personajes mitológicos (pdf)

 tabla-aparicion-divinidades


[1] Esquilo, Prometeo encadenado, 109-113: “Robé del fuego, en una oculta caña, la recóndita fuente que sería maestra de las artes y un recurso para el hombre. Y aquí pago mi culpa clavado y aherrojado a la intemperie” (Esquilo. Tragedias completas. Ed. de José Alsina Clota. Madrid, 1993, p. 441)

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA II: HERMES

Publicado por Ricardo en 15 junio, 2008

(Para Juanvi, que nos alegra los miércoles con más arte que Hermes)

1-Después de la abundante presencia de Zeus en el corpus de fabulas de Esopo analizada en otro artículo, destaca la figura del dios Hermes. Ya premiando a sus devotos y a los hombres justos (fábulas nº. 87 “La oca de los huevos de oro” y nº. 173 “El leñador y Hermes”), ya relacionándose con los artesanos, de los que precisamente era dios protector [1], ya intentando seducir y persuadir al adivino Tiresias tal como hiciera con Apolo al que le robó su rebaño de vacas mediante un hábil ardid, el dios de las sandalias de oro mantiene la imagen de simpatía y popularidad de la que gozó en Grecia [2]. Las virtudes como su astucia, ingenio y buena disposición para cumplir las misiones de Zeus (cf. la fábula nº. 102, donde Hermes le insiste a Gea en que las órdenes de Zeus deben cumplirse) no deberían ensombrecer su valentía, pues Hermes fue de los pocos dioses que asistieron a Zeus cuando éste quedó vencido, encerrado por Tifón y despojado de sus tendones y músculos. Hermes y Pan robaron esos miembros y se los devolvieron a Zeus, posibilitando así la victoria final y el reinado de la luz sobre las tinieblas, del orden sobre el caos. Su papel principal y el más productivo en sus apariciones en la fábula, como ya se ha dicho, es como mensajero y fiel subalterno de Zeus.

2-Pero destaca más en otras curiosas apariciones que nos revelan la personalidad de este dios. Por ejemplo, la fábula que comparte con el adivino Tiresias (nº. 89 “Hermes y Tiresias”) pone de manifiesto su carácter ingenioso, al intentar engañar al vidente. El epimitio se dirige a los ladrones. Hermes era dios de los ladrones, por esto, seguramente se habrá elegido su figura para hacerlo aparecer en esta fábula, sin olvidar el precedente ya señalado de la “experiencia” de Hermes en robar ganados ajenos a otros dioses (Apolo).

3-En otras fábulas aparece mezclándose sin pudor con los seres humanos, especialmente con los de oficios artesanales o manuales y con los caminantes [3], de los que era patrón el dios (nº. 88 “Hermes y el escultor”; nº. 99 “El vendedor de estatuas”; nº. 103 “Hermes y los artesanos”; nº. 173 “El leñador y Hermes”; nº. 178 “El caminante y Hermes”). En la fábula nº. 178, es Hermes (que no aparece directamente sino en la invocación de un caminante que comparte con el dios su ingenio y su descaro) el burlado por un caminante de talante sofista. En ella se nos presentan los llamados dísssoi lógoi, argumentos dobles o fuerza dialéctica para hacer pasar por bueno el argumento malo. El caminante embauca con sus sofismas al dios, en lo que parece ser una fábula contra los sofistas.

___________________________________________________

[1] Cf. Himnos órficos XXVIII a Hermes, donde el dios está presente en muchas actividades laborales, preferentemente artesanales.

[2] Prueba de esta popularidad son los llamados “hermas”; esculturas de la divinidad que servían para delimitar los caminos (también Hermes era patrón de los caminantes y viajeros por su propia naturaleza de mensajero de los dioses) y que se colocaban también en las entradas de las casas. Además, vid., por ejemplo, en el arte griego, la estatua del dios con Dioniso niño de Praxíteles descrita por Pausanias en su Descripción de Grecia V, 17  (Hermes fue protector de la niñez de Dioniso).  Durante la Guerra del Peloponeso, la decapitación de los “hermas” en Atenas, justo antes de la expedición a Sicilia, causó gran conmoción entre la población y fue considerada como un acto de impiedad e interpretada como señal de malos presagios. (Tucídides, VI, 27-28): “Pero entre tanto, todos los Hermes de mármol que había en Atenas –de acuerdo con una costumbre local hay muchos tallados cuadrangularmente delante de las casas particulares y de los templos- en su mayoría resultaron mutilados por su parte delantera la misma noche. Nadie conocía a los culpables, pero se les intentó encontrar con la promesa de grandes recompensas públicas y además se decretó que cualquier ciudadano, extranjero o esclavo que supiese de la existencia de algún otro sacrilegio, lo denunciara garantizándole la inmunidad. El suceso era considerado con excesiva importancia, ya que se tomaba como un presagio de la expedición y se creía que su fin era el apoyo de una conjura revolucionaria y el derrocamiento de la democracia” (Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso. Ed. de Francisco Romero Cruz. Madrid, 1.988)

[3] Hermes es igualmente protector de los caminantes. Las estatuas cuadrangulares llamadas “hermas” no sóló estaban en las puertas de las casas particulares, sino que también cumplían la función de mojones de caminos.

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MITOLOGÍA Y FÁBULA ESÓPICA, I: ZEUS

Publicado por Ricardo en 15 junio, 2008

 

[Estoy releyendo las fábulas de Esopo. Le he dado forma provisional a unas notas de lectura que tenía y que he completado. Tal vez me sirvan más adelante para un trabajo definitivo]

1-La fábula tiene un origen muy antiguo. Como relato literario, inciso o digresión de una narración, se remonta en Grecia directamente a Hesíodo: es el conocido pasaje de la fábula del halcón y el ruiseñor en Trabajos y Días [1]. Además, existe toda una línea de ejemplos textuales [2] de cómo la fábula, originariamente dichos, frases y sentencias de difusión oral, fue introduciéndose en los géneros literarios convencionales. Desde ahí hasta quedar constituida como género literario independiente y con sus propias características, gracias a la compilación por escrito llevada a cabo, ya en época helenística, por Demetrio de Falero (s. IV-III a. C.), su camino siguió siendo el de la tradición oral y escolar [3]. Por esto, la fábula como género literario en sentido estricto puede considerarse de época helenística [4].

2-Pero no es mi propósito tratar acerca del origen, historia o características de la fábula griega como género literario. Hay una excelente bibliografía que aborda estos aspectos [5]. Aquí se examinará, en el corpus de fábulas augustanas, qué elementos de la mitología aparecen (dioses, personajes, seres, héroes, catasterismos, etc.) , cuál es su función, cómo interactúan dichos elementos, cómo valorarlos dentro del conjunto de los textos griegos usados para el conocimiento de la mitología, y, por último, qué semejanzas de interés con otras obras de la literatura griega pudieran establecerse con el fin de ampliar el enfoque y enriquecer así nuestro estudio.  Para esto, el texto que se ha tomado como referencia y base es la traducción al español de Pedro Bádenas de la Peña [6] de las fábulas esópicas de la colección augustana y del pequeño grupo de fábulas de la rescensión Ia ausentes de la primera rescensión y de otras fábulas de Esopo escogidas de otros códices.

3-Al abordar el estudio de estas fábulas con elementos mitológicos, distinguimos enseguida en ellas la aparición de los siguientes personajes: Zeus, Hermes, Prometeo, Afrodita, Atenea, Apolo, Deméter, Hera, un sátiro, el oráculo de Delfos, Thanatos, Gea, el Pudor, Heracles, Pluto, la Fortuna, Bóreas, Helios, Momo y Tiresias. Éste es un conjunto bastante variado donde predominan los dioses, especialmente los dos primeros citados en la enumeración. Sus papeles se adaptan, por regla general, a la imagen que los tratados de mitología antiguos y modernos nos trazan de ellos y, de este modo, descubrimos igualmente lo que suponían para la forma de pensar del hombre griego común, que aprendía la fábula y la transmitía oralmente como “una historia ficticia que representa la verdad metafóricamente” [7], una especie de proverbio o refrán de verdad moral reconocida, extraído de la sabiduría popular y amplificado [8].

4-Los personajes de la fábula aparecen tal y como el sentir común popular los dibuja o prefigura: Zeus es el justo y el poderoso; Hermes es el simpático mensajero y la divinidad ingeniosa; Prometeo, el titán filántropo que modeló a seres humanos y animales; Atenea es protectora y bienhechora; la Fortuna y Pluto son volubles tanto en el camino que va de la divinidad al ser humano, como en el inverso; Helios es más sabio y poderoso que Bóreas; Tiresias es un adivino infalible; Heracles sigue siendo el héroe por excelencia; Afrodita concede mágicas metamorfosis pensando sólo en el amor.

5-Pero no todos estos personajes aparecen como protagonistas de la fábula con elementos mitológicos. En algunas ocasiones, su aparición es totalmente anecdótica, como en el caso de Hera en la fábula “Hermes y el escultor”, donde la diosa es sólo una referencia en la pregunta de  un Hermes incógnito; o el de Deméter, cuyo nombre pronuncia el orador Démades contando precisamente una fábula al pueblo ateniense, que no le presta atención.

6-La figura de Zeus en la fábula se nos revela como la más importante dentro de los motivos de la mitología que hemos enumerado más arriba. Zeus es el más poderoso de todos los dioses: una sola zancada suya  cubre tanta distancia como el mejor disparo de flecha del mismísimo Apolo (cf. fábula nº. 104 “Zeus y Apolo”) [9]; es soberano de los elementos atmosféricos [10] (cf. fábula nº. 8 “Esopo en un astillero”; nº. 105 “Los años del hombre”: “…Zeus llovía…”); garante de las leyes humanas y divinas y dispensador del bien y del mal según su propio criterio. Conviene recordar que esta imagen de Zeus como dador de la justicia y orden universales fue labrada desde los inicios de la literatura griega y durante todo el periodo arcaico y  clásico especialmente por los poetas [11].

7-Efectivamente, un tipo de fábula corriente es aquélla en la que aparece Zeus distribuyendo justicia entre seres humanos o animales (nº. 44 “Las ranas que pidieron rey”; nº. 101 “El grajo y los pájaros”; nº. 106 “Zeus y la tortuga”; nº. 107 “Zeus y la zorra”; nº. 117 “El camello que quiso tener cuernos”; nº. 163 “Las abejas y Zeus”; nº. 166 “La hormiga”; nº. 185 “Los burros que recurrieron a Zeus”) Habitualmente, dentro de este tipo, los animales recurren a Zeus mediante embajadores por algún problema que se les presenta (desgobierno y problemas con los seres humanos), pero otras veces la fábula es un trato directo entre Zeus y algún animal al que se debe castigar por su impiedad o hýbris. El castigo llega siempre en forma de metamorfosis, muerte o destrucción de la especie o eterna penitencia. Analizamos a continuación estas fábulas

8-En “El águila y el escarabajo”, nº. 3, la presencia de Zeus es más bien anecdótica. La fábula se cuida bien de advertirnos que el águila era animal consagrado a Zeus, y así ha pasado a representarse en el arte [12]. Esta fábula tiene su precedente en la idea de los poderosos y los débiles de la fábula del halcón y el ruiseñor de Hesíodo y en la fábula del mismo nombre de Semónides [13]. La actitud de Zeus, en este caso,  no es muy digna. En “Esopo en un astillero” nos encontramos con lo que podría denominarse “metafábula” o fábula dentro de la fábula [14]. Esopo, que es injuriado en un astillero, replica con una fábula que desarrolla un mito cosmogónico manipulado según su intencionalidad con respecto al mito hesiódico. “Las ranas que pidieron rey” es uno de los ejemplos de fábulas en las que una determinada especie animal recurre al padre Zeus para solucionar sus problemas, en este caso la falta de rey. Las ranas, no conformes con el rey entregado por Zeus (un tronco de madera), insisten una vez más al dios que, cansado por su falta de respeto o impiedad (asebeía), las castiga enviando a una hidra que acaba con ellas. Idéntica o muy parecida estructura la encontramos en las fábulas nº. 101 “El grajo y los pájaros”, nº. 163 “Las abejas y Zeus” y  nº. 185 “Los burros que recurrieron a Zeus”. En el primer caso, el truco del grajo es hýbris porque intenta superar de manera fraudulenta la prueba de belleza a la que van a ser sometidos todos los pájaros. Los de su propia especie se adelantan a la justicia de Zeus. También es hýbris la pretensión de las abejas de luchar contra los seres humanos en pie de igualdad. Sorprende, no obstante, que sea un papel negativo el que cumplen aquí las abejas cuando fueron aliadas y nutricias de Zeus en su infancia en Creta [15]. Los burros quieren abandonar su función en el orden natural de las cosas como cargadores al servicio de los seres humanos. El castigo a su hýbris consiste en proseguir en su condición, de la que sólo se salvarán cuando consigan un imposible (formar un río a base de meada). Por otro lado, la apelación a Zeus para la resolución de problemas, generalmente personales y privados, es un recurso temático bien conocido en la comedia aristofánica  [16].

9-El Zeus que imparte justicia universal y magisterio de sabiduría, velando así por el orden del cosmos, reaparece en las fábulas nº. 106 “Zeus y la tortuga”, nº. 107 “Zeus y la zorra”, nº. 166 “La hormiga”, nº. 198 “La serpiente pisoteada y Zeus” y nº. 221 “Zeus y la serpiente”. Todas tienen en común la réplica de Zeus, irritado por la actuación de los animales en casi todos los ejemplos citados, en forma ya de enseñanza moral a la serpiente (el mensaje sería en la fábula nº. 198 “no te dejes pisotear, y si lo haces, no te quejes”; en la nº. 221 “no aceptes regalos de indeseables”), ya de castigo en los demás casos: la tortuga recibe la perpetua pena de soportar sobre sí su hogar [17]; la hormiga era originariamente un hombre que robaba a sus vecinos [18] convertido por Zeus en tal animal; la zorra (metamorfosis inversa a la anterior) es devuelta a su condición de animal original [19].

10-Otro de los roles importante de Zeus es el de jefe de los dioses. Tiene siempre a su servicio especial como embajador, mensajero [20] y subalterno en trabajos secundarios a Hermes, que aparece en varias fábulas bajo la fórmula “Zeus ordenó a Hermes…”, “Zeus mandó a Hermes…”, “Zeus envió a Hermes…”, lo que da una buena idea del rol y la relación de los dos dioses, padre e hijo querido (fábulas nº. 102 “Hermes y la Tierra”, nº. 103 “Hermes y los artesanos”, nº. 108 “Zeus y los hombres” y nº. 179 “El burro y el jardinero”). El papel subordinado de Hermes a Zeus se refleja en la fábula nº. 102 “Hermes y la Tierra”, cuando el hijo de Maya insiste a Gea (la Tierra) en que las órdenes que él trae provienen de Zeus y deben ser cumplidas. Como mensajero de Zeus, Hermes lleva a cabo trabajos instrumentales, casi siempre el mismo, el de infundir, derramar o verter en el ser humano una cualidad (nº. 103, nº. 108) Aquí, y en otras fábulas, Zeus aparece como modelador del ser humano y de los animales, trabajo que, según la mitología, lo llevó a cabo Prometeo por orden de Zeus [21].

11-Otras apariciones de Zeus se encuentran en las de las fábulas nº. 100 “Zeus, Prometeo, Atena y Momo”, nº. 104 “Zeus y Apolo” y nº. 109 “Zeus y el Pudor”. La primera de ellas está estructurada temáticamente al modo de “certamen de divinidades”, motivo del que tenemos buenos ejemplos en la mitología [22]. Zeus, Prometeo y Atenea compiten cada cual con su creación: Zeus con un toro [23], Prometeo con los seres humanos [24] y Atenea con la casa. Aquí nos topamos con otro de los tópicos de la mitología: la designación de un árbitro o juez para valorar este tipo de certámenes y el hecho de que dicho mediador nunca sea verdaderamente justo o, al menos, albergue una motivación que le prive de dar su veredicto ecuánimemente. La designación de Momo no puede ser más desacertada, pues los dioses eligen a la divinización de la ironía [25]. Momo reprocha del toro la mala disposición de sus ojos; de los seres humanos, la mala disposición de sus intenciones dentro del pensamiento y no fuera [26]; y de la casa la falta de ruedas que permitan huir de un mal vecino [27]. Todas estas observaciones nos dice la fábula que las hizo Momo por envidia, por lo que recibe el castigo de Zeus en forma de expulsión del Olimpo. Este castigo es otro motivo recurrente en las leyendas de la mitología y puede considerarse como el peor escarnio o indignidad que puede haber para la condición de la divinidad olímpica. Recordemos que Hera es castigada por Zeus y colgada por las manos con un yunque atado a los pies. Poseidón, descontento con el reparto de poderes tras la Teomaquia apoyó una sedición contra Zeus,  fue expulsado y obligado a trabajar durante un año en la construcción de las murallas de Troya a las órdenes del rey Laomedonte. Apolo sufrió el mismo castigo que Poseidón por vengar a flechazos contra los Gigantes la muerte de su hijo Asclepio (los Gigantes eran aliados de Zeus y forjadores de sus armas)  [28]. Deméter, incluso, no duda en usar el destierro voluntario del Olimpo como recurso de protesta por el rapto de su hija Perséfone, pasando a ser, en Eleusis, la nodriza del príncipe Neoptólemo.

12-La fábula nº. 104 nos lleva de nuevo a la imagen de Zeus como el más poderoso de todos los dioses, de la que ya se ha hablado,  y nos recuerda al episodio mitológico de la expulsión del Olimpo de Apolo al intentar desafiar los designios de Zeus (vid. más arriba y nota 28).

13-Junto al Pudor (nº. 109), participa el Crónida en una anécdota sobre la introducción de esta virtud en el ser humano. Otra aparición anecdótica es la que se desarrolla en la fábula nº. 111, cuando Zeus recibe en el Olimpo a Heracles que, tras saludar solemnemente a todas las divinidades, se niega a hacerlo con Pluto, imagen simbólica de la riqueza, por la falta de ecuanimidad en su reparto en el mundo de los hombres [29].

14-Por último, Zeus es sólo una referencia en fábulas como la nº. 49 (un vaquero invoca al rey de los dioses) y la nº. 88 “Hermes y el escultor”, en la que Hermes pregunta a un alfarero el precio de una estatua o busto de Zeus.

(Pulsar en la imagen para verla ampliada)

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[1] Hesíodo: Trabajos y Días, 202 ss.

[2] Por citar sólo unos pocos (además de la fábula hesiódica del halcón y el ruiseñor): Hesíodo, ibid., 287 ss. “los dos caminos”; Arquíloco, Ep. I “el águila y la zorra”, VI “la zorra y el mono”, VII “la zorra y el mono”; Semónides de Amorgos, 12 “el águila y el escarabajo”; Sófocles, Antígona, 710 ss. “los árboles”, ibid. 1.142 ss. “el capitán cobarde”; Aristófanes, Avispas, 1.399 “Esopo y el perro”, ibid. 1.435 ss. “la sibarita”; Heródoto, I, 141, etc. Un inventario completo de ejemplos de fábulas se puede encontrar en Rodríguez Adrados, F.: Historia de la fábula grecolatina (I), tomo 2. Madrid, 1.979, pp. 412-417.

[3] Es tesis defendida por  Rodríguez Adrados, op. cit. p.  392 (cf. también Lesky, A.: Historia de la literatura griega, Madrid, 1.985, reimp., p. 181), frente a Nøjgaard, que propone la llegada a Atenas de una colección de fábulas y una “Vida de Esopo” ya en el s. V a. C. (La fable antique. I. La fable antique avant Phèdre. Copenhague, 1.964 ; La fable antique I. Les grands fabulistes. Copenhague, 1967).

[4] Se sigue la opinión de Rodríguez Adrados, op. cit. y además, Bádenas de la Peña, P.-Lucas de Dios, J. Mª.- Rodríguez Adrados, F.: Raíces griegas de la cultura moderna. Madrid, UNED, 1.995.

[5] Para un acercamiento general al tema son útiles los capítulos dedicados a la fábula de los siguientes manuales: Lesky, A. (cit.) pp. 181-184; Easterling, P.E.-Knox, B.M.W. (eds.): Historia de la literatura clásica. I. Literatura griega. Madrid, 1.990, pp. 752-755; López Férez, J.A. (ed.): Historia de la literatura griega. Madrid, 1.995, pp. 1.153-1.159. Para una mayor profundización, vid.: Rodríguez Adrados, F., 1.979 (op.cit.); El léxico de las fábulas esópicas. Madrid, 1948; Nøjgaard, 1.964, 1.967 (op. cit.); Perry, B.E.: Studies in the text history of the life and fabules of Aesop. Haverford. Pensilvania, 1.936.

[6] Fábulas  de Esopo. Vida de Esopo. Fábulas de Babrio. Madrid, 1.985. La introducción general es de Carlos García Gual; Pedro Bádenas de la Peña es el traductor  de las fábulas de Esopo y de la “Vida de Esopo”; Javier López Facal traduce las fábulas de Babrio.

[7] Esta es la definición del retórico Teón en su Progimnasmata, 3

[8] Cf. la nota nº. 2 de este trabajo.

[9] Cf., Ovidio, Metamorfosis, IV, 103 ss. “Veíanse allí los doce grandes dioses sentados sobre sus tronos con su majestad característica, y Júpiter en el centro. Cada uno de estos dioses estaba allí representado al natural, pero Júpiter con un aire de grandeza tal que anunciaba ser el maestro del mundo”. Il. VIII, 1-27: “La Aurora con su velo azafranado se esparcía por la tierra toda, y Zeus, que disfruta con el rayo, una asamblea  reunió en la cumbre más alta del Olimpo de mil cimas, y él a ellos hablaba, y los dioses todos le escuchaban: “Escuchadme, dioses y diosas todos, para que decir pueda lo que en mi pecho el ánimo me ordena. Que nadie, en absoluto, diosa hembra o dios varón alguno, frustrar intente este mandato mío; antes bien, a una todos aceptadlo, para que a estos trabajos ponga fin cuanto antes…¡Venga, pues, dioses, de ello haced la prueba, para que tengáis todos experiencia! Colgad del cielo una cuerda de oro y ataos a un extremo de ella todos los dioses y todas las diosas; del cielo no podríais, sin embargo, a la llanura arrastrar a Zeus, excelso consejero, ni siquiera muchísimos esfuerzos realizando…Tan por encima estoy yo de los dioses y tan por encima de los hombres”.

[10] Cf. Alceo 19 (90D): “Zeus llueve, baja del cielo una enorme tormenta y están helados los cursos de las aguas…”; Marco Aurelio: Meditaciones V, 7: Plegaria de los atenienses: ‘Llueve, llueve, amado Zeus, en los labrados y llanuras de los atenienses”

[11] Cf. de entre muchísimos ejemplos posibles: Il, VIII, 1-27 (vid. Supra); Hesíodo, Trabajos y Días. 1-8 (donde Zeus concede bienes y males), 256-281 (donde la Justicia, Diké, es hija de Zeus); Arquíloco 35 (94 D) (donde Zeus es observador de la conducta de los hombres, de la “desmesura y la justicia entre las fieras”); 44 (84 D); Solón 1 (1D); Esquilo, Persas, 827-828 y las plegarias a Zeus de Las Suplicantes (1 ss.) y Agamenón (160 ss.). Destacamos a este respecto los trabajos de H. Lloyd-Jones: “Zeus in Aeschylos”, JHS 76 (1.956), pp. 55-67; The Justice of Zeus. Berkeley-Los Ángeles, 1.971.

[12] Como en el conocido  lienzo de Ingres “Zeus y Temis”  o la estatua de Zeus en el Museo Fredericksborg.

[13] Semónides, 12 “El águila y el escarabajo”.

[14] También así en “Démades el orador”.

[15] Cf. Virgilio, Geórgicas, IV, 153 ss.: “Ahora, pues, voy a exponer el instinto que el propio Júpiter dio a las abejas; para merecer este don, fueron tras los armoniosos sonidos y los crepitantes bronces de los curetes y alimentaron en la cueva Dictea al rey del cielo”.

[16] Vid. Aristófanes, Acarnienses (el campesino Diceópolis consigue de Zeus una paz a título personal), La Paz (Trigeo, un vendimiador, consigue liberar a la paz tras una entrevista con Zeus) y Aves (Pistetero y Euelpides consiguen la fundación de la ciudad de los pájaros, “Nubecuclillos” o “Cucópolis de las Nubes”, y el mando universal de la misma tras hacer negociaciones con Zeus)

[17] Cf. este castigo divino con el de Sísifo.

[18] Cf. el siguiente refrán que aparece en Hesíodo (Trabajos y Días, 347):“el mal vecino es una desgracia”.

[19] Cf. la fábula nº. 50 “La comadreja y Afrodita”, idéntica en estructura, concepto, ideas y epimitio.

[20] En este su papel de mensajero y recadero de Zeus, cf. Eur. Andrómaca 274-281.

[21] Cf. las fábulas nº. 100, 240, 259 y 266, fieles al mito según el cual Prometeo modeló a los hombres y animales. A este respecto, la fábula nº. 240 contiene la fórmula “según el mandato de Zeus”.

[22] El más famoso de ellos es el “Juicio de Paris”, una competición de belleza entre Hera, Atenea y Afrodita dirimida por el príncipe troyano Paris. Otro es la de Apolo y Marsias (o Pan, según versiones), arbitrado por la divinidad del monte Tmolo o por Midas (hay varias versiones de este mito).

[23] Suponemos que la atribución a Zeus de la creación del toro o vaca proviene de leyendas mitológicas en las que Zeus y el toro están relacionados, como las del rapto de Europa y de la metamorfosis de Ino, una de sus amantes.

[24] Cf. la similitud del reproche de Momo a la creación de los seres humanos con la idea desarrollada en la fábula nº. 266 “Las dos alforjas”, en la que también aparece el titán Prometeo.

[25] Éste es, justamente, el papel que representa Momo en la mitología: el del sarcasmo, la ironía y la burla. Momo es hermano del Lamento y de las Hespérides, engendrados todos por partogénesis de la Noche (cf. Hes. Teogonía, 214 ss.). Según algunas versiones, el responsable de la guerra de Troya, pues le dio la idea a Zeus de que engendrara a una mujer (Helena) que provocaría la discordia entre los griegos y los troyanos.

[26] Vid. la nota nº. 24.

[27] Se sigue aquí la tradición del refrán hesiódico citado en la nota nº. 18.

[28] Cf. Escolio a Licofrón, Alejandra: “Queriendo los dioses atar a Zeus y sabiéndolo Zeus por Tetis, respetó a los demás, pero a Posidón y a Apolo los envió a que sirvieran a Laomedonte” . Véase también: Il., XXI, 441-452; Apolodoro Biblioteca III 10, 4.

 [29] Cf. con el argumento de la comedia Pluto de Aristófanes, el poema de Hiponacte de Éfeso 3 (28 D) (“A mí Pluto -que es demasiado ciego- jamás vino a mi casa a decirme: `Hiponacte, te voy a dar treinta minas de plata y otras muchas cosas encima´. Es flojo de mollera“) y los versos 523 y 524 de Teognis de Mégara (“No en vano, oh Pluto, te honran los hombres tantísimo. Con cuánta holgura encubres, ah dios, la maldad”)

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