HELLENIKÁ. RECURSOS DE GRIEGO ANTIGUO

Materiales y recursos de Griego para enseñanza secundaria. Experiencias y propuestas didácticas.

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    Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colará algo personal.

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Archivos de la categoría ‘TRADICIÓN CLÁSICA’

SOBRE FANTASMAS EN LA LITERATURA Y EL CINE: ESQUILO Y CLINT EASTWOOD

Publicado por Ricardo en 11 marzo, 2012

Con un sincero agradecimiento a mi colega Rubén,

que me animó a publicar este artículo.

En 1990, la película Ghost (=Fantasma) irrumpió con fuerza en las pantallas, siendo nominada para cinco Oscars y llevándose dos: a la mejor actriz de reparto (Whoopi Goldbert) y al mejor guión original. También fue nominada a varios Globos de Oro obteniendo uno, nuevamente a la mejor actriz de reparto. Asimismo, la película tuvo una excelente acogida entre el público, siendo la más taquillera del año de su estreno.

En síntesis, los planes de una pareja de enamorados se ven truncados cuando el joven novio es asesinado en la calle. El espíritu del joven no abandona el mundo de los vivos, por lo que se convierte en un fantasma con algunos asuntos pendientes que resolver.

Diría que, después de Ghost, ninguna otra película cuyo protagonista fuera un fantasma (aunque muy distinta de aquélla) tuvo tanta repercusión como El sexto sentido, segunda película en la recaudación del año 1999. A pesar de sus seis nominaciones a los Oscars no recibió ningún galardón. A casi todos se nos ha grabada la escena de aquel niño de mirada tímida y llorosa murmurando asustado la frase “En ocasiones veo muertos”.

Recordemos muy brevemente su argumento: un psicólogo intenta ayudar a un niño que dice ver fantasmas.

Y, después de El sexto sentido, entre las películas “jóvenes” con un fantasma como protagonista, no puede dejar de nombrarse Los Otros de Alejandro Amenábar (2001), recibida en España e internacionalmente con gran éxito de crítica y público. Obtuvo ocho premios Goya.

De entre las películas menos conocidas, aunque no por ello de menor calidad que las nombradas, con un fantasma de protagonista se podrían citar La llamada (1965) y El fantasma y la Sra. Muir (1947).

Ya he hablado en otro lugar sobre los démones, el Alástor y los fantasmas en la cultura griega. También repasé AQUÍ algunos misterios relacionados con lo sobrenatural en la literatura griega antigua (especialmente los fantasmas y espíritus de ultratumba).

La creencia griega en los fantasmas está bien documentada. Mediante las tablillas de maldición, se creía poder convocar a los muertos prematuramente (niños* o accidentados, llamados áoroi) o violentamente (los conocidos como biothánatoi). Según la creencia griega, quienes no habían cumplido su ciclo vital impuesto por la naturaleza o la divinidad, podían ser convocados y volver para atormentar a los vivos, pues quedaban como agazapados en sus tumbas esperando cumplir su ciclo para poder descansar en paz. También los insepultos o los muertos que no habían recibido los ritos sagrados se convertían en espíritus que no podían viajar hasta el Hades. Una idea muy próxima a la que nos ha transmitido nuestra moderna mitología, y sobre todo el cine, en el sentido de que ciertos muertos, los que no mueren por causas naturales, sino de forma violenta, no encuentran la paz hasta resolver determinados asuntos pendientes que les atan al mundo de los vivos impidiéndoles incorporarse al más allá.

(Texto de una tablilla de maldición con un conjuro para los espíritus fantasmales)

“Espíritus que vivís bajo tierra… enterrad con gemidos al inscrito en esta maldición silenciadora… Os conjuro a vosotros, espíritus  de la fosa común, muertos violenta o prematuramente, insepultos, en el nombre de la que sacude la tierra y ha hecho descender los miembros de Meliouchos y al propio Meliouchos. Os conjuro en el nombre de Achalemorphoph, Achalalagmorph Ousrapio. Haced lo que está aquí inscrito”

López Jimeno, A.: Textos griegos de maleficio. Madrid, 2001, p.127.

¿Por qué Príamo se hubiera arriesgado a morir a manos de Aquiles con tal de recuperar el cadáver de Héctor? ¿Por qué Antígona se obcecó de tal manera en la acción de enterrar a su hermano Polinices, pese a la terminante prohibición de Creonte? El paso a la vida de ultratumba sólo quedaba asegurado si al muerto se le tributaban los ritos sagrados necesarios.

La más antigua tragedia griega conservada, Los Persas de Esquilo (472 a. C.), es, en cierto aspecto, la más original de todas: uno de sus personajes principales es un fantasma. El rey persa Darío, que regresa al mundo de los vivos para aconsejar a su pueblo. El coro de ancianos persas lo llama, lo invoca, pide su auxilio. El fantasma del rey se presenta y habla con los suyos.

Casi 2.500 años después, a un actor-director norteamericano curtido en los spaguetti-western, Clint Eastwood, se le ocurrió hacer una película, El jinete pálido (1985), cuyo protagonista es un fantasma: un pistolero asesinado a traición por la espalda, cosido a balazos por varios hombres. Este fantasma, al igual que el del rey Darío, también vendrá para ayudar a una comunidad: los colonos instalados en unas tierras donde se cree que hay oro, continuamente violentados por el cacique local que pretende expulsarlos de aquellas tierras.

Ambos fantasmas son convocados tras un hecho luctuoso: en la tragedia de Esquilo, la gran derrota persa en la Batalla de Salamina; en la película de Eastwood, el ataque de los sicarios del cacique local a la aldea de los colonos. Ambos fantasmas se presentan en escena tras las invocaciones de los vivos y tras una especie de petición religiosa a la divinidad para que obre un hecho sobrenatural, un milagro.

(Habla el coro de ancianos persas)

¡Ea, tú, Tierra, y vosotros también, los que sois los demás soberanos de las subterráneas regiones; permitid que salga de sus moradas la golriosa deidad, el dios de los persas que en Susa nació! ¡Enviad aquí arriba a quien es cual ninguno en la tierra de Persia había tenido jamás en su seno!

¡Rey, antiguo Rey, ea, llégate! ¡Ven hasta el punto más alto de la tumba! ¡Alza la sandalia azafranada de tu regio pie y haz que brille el botón de tu tiara! ¡Ven, Darío, tú, que, como un padre, nunca hiciste daño! ¡Oh!

Esquilo, Tragedias. Traducción de B. Perea. Madrid, Gredos, 1982, pp. 30-31.

(Habla Megan, una joven de 15 años mientras entierra desconsolada a su perrito al que han matado los pistoleros. Recita el Salmo bíblico 23 e incluye entre los versos sus propios pensamientos)

El Señor es mi pastor, nada me faltará… (pero me falta)
Él me conduce hacia las aguas plácidas
Él cura mi alma… (pero han matado a mi perro)
Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte no temeré a nadie… (sin embargo tengo miedo)
porque Tú estás conmigo.
Tu cetro y tu báculo me confortarán… (pero necesitamos un milagro)
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán durante el resto de mi vida… (si es que existes).
Moraré en la casa del Señor eternamente… (pero antes me gustaría disfrutar un poco de la vida).

Si no nos ayudas… todos moriremos.
Te lo ruego… haz un milagro.
Amén.

_________________________

* Sobre muertes de niños y fantasmas, véase recientemente la película “La mujer de negro”.

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H.G. WELLS, EL DR. MOREAU Y EL MUNDO CLÁSICO (I)

Publicado por Ricardo en 21 marzo, 2011

Los siguientes textos están entresacados de la novela de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau, Madrid, Alianza, 2003.

“El hombre del pelo blanco me explicó que aquella sería mi habitación y que la puerta interior se cerraría desde fuera, ‘para evitar accidentes’, según dijo. Señaló una tumbona que había junto a la ventana y un montón de libros viejos, principalmente obras de cirugía y ediciones de los clásicos latinos y griegos -cuya lengua no podía leer con facilidad-, apilados en una estantería cerca de la hamaca. Salió de la habitación por la puerta exterior, como para no tener que abrir de nuevo la otra.”

Capítulo 7 “La puerta cerrada”, p. 43.

____________________

“Para mí los gritos eran particularmente molestos, y su intensidad aumentó a medida que avanzaba la tarde. Al principio me daban lástima, pero su persistencia acabó por sacarme de quicio. Arrojé la traducción de Horacio que había estado leyendo y empecé a apretar los puños, a morderme los labios y a dar vueltas por la habitación.”

Capítulo 8 “Los alaridos del puma”, p. 50.

____________________

“Se pusieron a gritar los dos al tiempo como si quisieran ahogar mi voz. Detrás de ellos, los sombríos rostros de los Salvajes nos miraban fijamente, atónitos y maravillados, sus manos deformes colgando y los hombros encorvados. Parecía -al menos eso pensé- que intentaban comprenderme, recordar algo de su pasado humano.

Seguí gritando. Apenas recuerdo lo que decía. Que podían matar a Moreau y a Montgomery; que no debían temerlos. De estas y otras ideas, para mi perdición, llené la cabeza de las bestias. El hombre de ojos verdes y vestido con harapos oscuros al que había conocido la tarde de mi llegada salió de entre los árboles, seguido de otros, para oírme mejor.

Por fin me detuve a tomar aliento.

-Escúcheme un momento -dijo Moreau con voz firme- y luego diga todo lo que quiera.

-De acuerdo -respondí.

-¡Latín, Prendick! ¡Mal latín! ¡Latín de colegial! Pero intente comprenderlo. Hi non sunt homines, sunt animalia qui nos habemusviviseccionado (1). Un proceso de transformación en seres humanos. Venga a la orilla y se lo explicaré.”

Capítulo 13 “Una conversación”, p. 86-87.

____________________

Creo que poco después nos encontramos con el Sátiro y el Hombre Mono. El Sátiro era un alarde de clasicismo por parte de Moreau. Tenía la expresión de una oveja, la voz como un balido ronco y las extremidades inferiores casi satánicas. Pasó junto a nosotros mordisqueando una cáscara de fruta. Los dos saludaron a Montgomery.

Capítulo 16 “De cómo los Salvajes probaron la sangre”, p.112.


Imagen de Dani Ras vista en su blog “El blog de Dani Ras”

____________________

(1) “Éstos no son hombres, son animales a los que nosotros hemos… viviseccionado”. El/la lector/a familiarizado/a con la lengua latina encontrará en el relativo ‘qui’ (en caso nominativo, de género masculino y número plural) una falta de concordancia con su antecedente ‘animalia’ (animal-animalis es de género neutro) y también un error en el caso (debería aparecer la forma de acusativo plural). La forma latina correcta sería ‘quae’. Podría tratarse de un fallo de los oxidados latines de Wells, pero quienes hayan leído la obra advertirán una posible motivación del autor por fomentar en el lector la ambigüedad de la naturaleza híbrida de las criaturas a las que se refiere el Dr. Moreau.

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NIÑOS SALVAJES, EL HOMBRE ELEFANTE Y EL MINOTAURO

Publicado por Ricardo en 11 marzo, 2011

Mi padre me contó que teniendo unos 10 u 11 años pasaron por su pueblo representantes de las juventudes falangistas para apuntar a los jóvenes y niños del lugar. Corría el año 1937 o 1938, España estaba en guerra, dividido el territorio nacional en bandos. Su pueblo (en Badajoz) quedó desde los primeros meses de guerra en poder de las tropas de Franco. Mi padre y mi madre me han contado muchas cosas de la guerra y postguerra que vivieron (1).

Los representantes de las juventudes falangistas habían habilitado unas mesas y desplegado todo su arsenal de enseñas y pancartas para atraer a los niños del pueblo. Mi padre andaba por allí expectante con otros amigos cuando se dio cuenta de que detrás de él había otro niño, más o menos de su edad o quizás algún año mayor. Se volvió hacia él y le preguntó:

- Oye, ¿tú no te apuntas?

En la respuesta se hizo patente que la práctica del lenguaje articulado le era casi desconocida, e incluso penosa, a aquel muchacho harapiento que olía a sudor y a cabra:

- Sa-sho, eo so pah-tóh.

A mi padre le pareció entender que esas sílabas guturales y desarticuladas, querían decir algo así como “Chacho, yo soy pastor” (2).

Al parecer, se trataba de un niño huérfano y pobre apenas visto por el núcleo urbano del pueblo que desde muy pequeño fue empleado en el pastoreo, pasando la mayor parte de su vida, desde su infancia, solo en la sierra y el monte, sin otra compañía que las cabras y los mastines, cruzándose quizás alguna vez con otros pastores.

Niño pastor (Imagen tomada de aquí)

He tratado el tema de los “niños salvajes, ferales o selváticos” en sí mismo y en su relación con la mitología y el mundo clásicos en mis clases de Cultura Clásica de 3º. de E.S.O., inlcuso ha servido como trabajo de clase. En el blog ATLANTIKÁ he dedicado varias entradas a este tema. En relación con esto, el profesor Robert M. Zingg  en su obra Wolf-children and feral man (New York, 1942), clasificó los casos conocidos de niños salvajes en tres categorías o tipos: los niños criados en la naturaleza por animales, los niños que se criaron solos en la naturaleza y los niños encerrados desde temprana edad por un adulto.

También he querido que el alumnado de 3º. de E.S.O. conociera la historia personal y clínica de Joseph Merrick, más conocido como “el hombre elefante”, historia que se hizo especialmente popular gracias a la película de  1980 de David Linch.

(Joseph Merrick “El hombre elefante”, imagen tomada de aquí)

Si alguien no quiere leer el enlace completo de la biografía de Joseph Merrick, me gustaría resumir su vida resaltando que murió sin cumplir los 28 años, que fue una persona que sufrió muchísimo, tanto física como psicológicamente por su enfermedad, siendo vejado, maltrado y faltado a su dignidad de ser humano en múltiples ocasiones. Solamente pasó con dignidad los dos últimos años de su vida. Quienes lo conocieron lo describían como un joven dulce, amable, cortés, educado, inteligente y sensible. Era una persona de gran tenacidad y fuerza de voluntad, pese a las severísimas limitaciones de su enfermedad (no podía dormir de otro modo que no fuera sentado en una esquina de su habitación con la cabeza apoyada en sus brazos y éstos sobre sus rodillas flexionadas). El único poema conservado de su pluma dice así:

Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo fuera tan alto
que pudiese alcanzar el polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente.

(Fuente: http://axxon.com.ar/rev/145/c-145Divulgacion.htm)

Al estudiar el caso de este hombre afectado de la enfermedad conocida como “Síndrome de Proteo”, me viene rápidamente a la mente la pregunta de qué hubiera pasado si Joseph Merrick hubiese nacido hace 4000 ó 3000 años. ¿Qué hubiesen hecho sus padres con él si hubiera conseguido sobrevivir? ¿Qué hubiesen pensado quienes lo hubieran visto? ¿Se le creería, tal vez, un ser híbrido, una divinidad, un monstruo, el producto de una maldición divina? ¿Cómo se hubiese explicado su naturaleza? (3)

Los casos de Progeria o síndrome Hutchinson-Gilford me evocan aquel pasaje de Hesíodo en Trabajos y Días (4) sobre la raza de hierro y los niños nacidos como ancianos. Las manifestaciones físicas de casos como fascitis necrotizante, sirenomelia, focomelia, hipertricosis o porfiria, me hacen recordar a algunos de los seres y criaturas de la mitología griega y a las leyendas creadas en torno a ellos.

(La fotografía del enlace insertado a continuación puede herir la sensibilidad de los/as lectores/as)

¿Cómo hubieran explicado los griegos un caso como el de Joseph Merrick o el de Huang Chuncai? ¿Y los casos de tumoraciones en forma de cuernos, cola, u otras deformidades corporales?

La mitología griega nos cuenta que en la isla de Creta, por una maldición divina, una reina tuvo relaciones sexuales con un toro, quedando embarazada. Que el niño que nació, llamado primero Asterión y después el Minotauro, era de naturaleza híbrida de ser humano y de toro. Que el rey de Creta lo encerró en un laberinto (tipología clara del tercer caso de los niños salvajes de los que nos habla el profesor Zingg) y que allí se crió,  socialmente aislado y en estado salvaje  debemos suponer, alimentado de seres humanos a los que él mismo mataba. Muchos años después, en 1949, Jorge Luis Borges publicó el cuento “La casa de Asterión” en su libro El Aleph (5), transformando la imagen del salvaje y malvado Minotauro en la de una especie de dulce y pacífico Joseph Merrick (6).

A continuación transcribo dos fragmentos del cuento de Borges. El que habla es  Asterión, el Minotauro, aunque el lector no lo sabe hasta la última frase del cuento. La frase del segundo fragmento “Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos.” me ha recordado a los cinco últimos versos del poema de Merrick.

Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: “Ahora volvemos a la encrucijada anterior” o “Ahora desembocamos en otro patio” o “Bien decía yo que te gustaría la canaleta” o “Ahora verás una cisterna que se llenó de arena” o “Ya verás cómo el sótano se bifurca”. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

Curiosa costumbre la de los seres humanos de apartar y rechazar de nuestras sociedades y de nuestras vidas todo aquello que es distinto, todo aquello  a lo que preferimos no enfrentarnos, todo aquello que no queremos mirar de frente por vergüenza y repulsión.

____________________________

(1) Sobre la Guerra Civil española hay un libro que está por escribir en mi opinión. Desconozco si existe alguno similar, pero creo que no. En una pequeña investigación realizada en la red no he encontrado información. El libro sería algo así como La Guerra Civil española contada por los niños que la vivieron. Por favor, que nadie me robe la idea.

(2) Chacho: el DRAE define esta palabra como aféresis de la palabra “muchacho”, voz de intención cariñosa. En España sé que se usa en Extremadura y en las Islas Canarias, casi más como una interjección de asombro o de admiración.

(3) Joseph Merrick fue conocido como “el hombre elefante” especialmente por un tumor enorme en forma de trompa que tenía en la zona de la nariz y que le colgaba por delante de la boca. Este tumor le impedía respirar, comer y hablar. Le fue extirpado a la edad de 21 años.  En la mitología india, Ganesha es una de las divinidades principales del panteón hindú. Es el dios de la sabiduría, la buena suerte, los comienzos de las actividades y general de los ejércitos de Siva (Ganesha significa “Señor de las Tropas”). Se le representa con cabeza de elefante, cuerpo de ser humano y vientre abultado. La versión más común sobre su nacimiento es que Pavarti, esposa de Siva, cansada de que su marido entrase en el baño mientras ella se bañaba, modeló a un hijo con la espuma del jabón y lo colocó como vigilante de la puerta. Siva, al verlo en la puerta del baño, le cortó la cabeza sin saber que era un hijo creado por su esposa Pavarti. Cuando Pavarti lo encontró decapitado lloró con tristeza su muerte y Siva, apiadándose de su esposa le prometió reponer la cabeza de su hijo con la del primer animal que encontrara. Al decir eso pasó un elefante al que Siva decapitó colocando su cabeza en el cuello de Ganesha y haciendo que reviviera. Ganesha exhibe solamente un colmillo en el lado derecho de su cabeza, pues el elefante al que Siva decapitó perdió el otro colmillo en el forcejeo (Scott Littleton, C.: Antología ilustrada de mitos y leyendas del mundo. Barcelona, 2002, pp. 377-379). La cicatriz que le quedó a Joseph Merrick tras su operación  y la propia deformidad de su cara le hacían parecer que tenía una especie de colmillo en el lado derecho de su rostro. La afinidad de Joseph Merrick con el dios Ganesha está tratada con ciertas intenciones en la novela gráfica de Allan More (guión) y Eddie Campbell (dibujos) From Hell, (Planeta de Agostini, Barcelona, 2001), páginas 55 y 56 y su explicación narrativa en la página 521 del “Apéndice I”, en donde se pone de manifiesto que ya el Doctor Treves (el doctor que se interesó por Merrick) quien sugería en sus escritos el parecido de Merrick con cierto ídolo indio. La identificación de Merrick con Ganesha es una idea de Ian Sinclair en su obra White Chapell, Scarlet Tracings, 1987; también está en la novela de ficción de Xavier Mauméjean Ganesha: Mémoires de l’homme éléphant. Editions  Mnémos, 2007.

(4) Hesíodo: Teogonía, Trabajos y Días, Escudo, Fragmentos, Certamen (Edición de A. Pérez Jiménez y A. Martínez Díaz). Madrid, 1982, vs. 180-184:

“Zeus destruirá igualmente esta estirpe de hombres de voz articulada, cuando al nacer sean de blancas sienes. El padre no se parecerá a los hijos ni los hijos al padre; el anfitrión no apreciaré a su huésped ni el amigo a su amigo y no se querrá al hermano como antes.”

(5) Borges, J. L.: El Aleph. Madrid, 1985 (reimp.)

(6) Hay muchas y variadas interpretaciones del cuento “La casa de Asterión” de Borges. De este tema me gustaría tratar en otra ocasión.

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LAS ASUSTANIÑOS DE LA MITOLOGÍA GRIEGA Y “LA BELLA SEÑORA” STOKERIANA

Publicado por Ricardo en 26 octubre, 2010

Viene siendo tradicional en “Helleniká” el dedicar por estas fechas un artículo a mis alumnos/as sobre cosas sobrenaturales o de terror en el mundo griego.

Empezó la costumbre hace dos años respondiendo a la pregunta de “¿Quién asusta a los niños?” en la mitología griega. Algunos meses después descubríamos no sólo la etimología de la palabra “demonio”, sino también cómo éste, cuando se materializa en carne y hueso, sabe latín y griego. A finales de octubre del curso pasado viajábamos a las historias de “Misterio, miedo y terror en la literatura griega”.

Lamia o Síbaris era un monstuo femenino que robaba niños por rencor a otras mujeres, les chupaba la sangre o los devoraba. Mormo y Mormolice eran genios femeninos, el segundo con forma de loba, que mordían a los niños. Según el léxico Suda, Gelo es un ser monstruoso al que le atraen los niños; según un escolio a Téocrito, XV, 40, se trataría de un fantasma, un alma en pena de una joven muerta que buscaba niños para llevárselos al otro mundo. Frecuentemente se confunden o asimilan estas cuatro “preciosidades”.

Las Harpías eran raptoras de almas y de niños. Su forma definitiva como aves de rapiña con la cabeza de una mujer famélica y demacrada se la debemos a Virgilio, Eneida III, 216-218.

Empusa, ser infernal de la comitiva de la diosa Hécate, adoptaba la forma de una mujer hermosa para atraer a niños y jóvenes y chuparles la sangre.

No presente en la literatura griega conservada, pero sin duda originaria de esta misma tradición, es la figura de las Éstriges (strigae en latín), bien descritas por Ovidio, Fastos VI, 131 ss. como unas aves voraces descendientes de las Harpías y en todo parecidas a ellas que roban niños por la noche y les chupan la sangre.  Según Petronio, Satiricón LXIII, roban a los muertos y pueden causar la muerte a los vivos si los tocan. Para saber más sobre las Éstriges se puede visitar en el interesante blog de Amparo ESTE ARTÍCULO.

Todos estos personajes tienen en común ser de condición femenina, la atracción por los niños y el gusto por la sangre.

La novela Drácula (1.893) de Bram Stoker abunda en elementos y motivos de tradición clásica. El final del capítulo XIII nos cuenta, a través de unos recortes de prensa, la noticia de la extraña desaparición de niños en el barrio de Hampstead, en Londres. Los niños solían aparecer un día después de su pérdida con unas pequeñas marcas de sangre en el cuello, pálidos y muy débiles, diciendo que habían estado con la “Bella Señora”. El texto completo del final de este capítulo se puede encontrar en el artículo anterior a éste. En el final del capítulo XIV asistimos a una conversación entre el profesor Van Helsing y el doctor Seward (1):

(Van Helsing se dirige  a Seward) “…¿Sigue pensando que esos pequeños orificios en las gargantas de los niños tienen el mismo origen que los de Lucy?… Pues se equivoca… ¡Los ha hecho la señorita Lucy!”

La señorita Lucy es uno de los personajes de la novela de Stoker, una joven amiga íntima de Mina, otra de las protagonistas. Lucy muere en capítulos anteriores por una pérdida masiva de sangre producida por las heridas que Drácula le inflige en el cuello. En el capítulo XVI, Van Helsing y Seward acuden al cementerio donde fue enterrada Lucy, para sosprender a esta no-muerta en sus actividades nocturnas (2):

“Hubo un largo rato de silencio, un vacío profundo y doloroso. Luego el profesor siseó, señalándonos una figura blanca e imprecisa que, apretando contra el pecho un bulto oscuro, avanzaba hacia nosotros por la avenida de los tejos….La figura blanca avanzó hacia nosotros… Sentí que se me helaba la sangre en las venas, al tiempo que escuché el grito de asombro de Arthur al reconocer las facciones de Lucy Westenra. Sí, era ella, pero ¡qué cambiada estaba! Su habitual dulzura se había convertido en inexorable y despiadada crueldad, y su pureza de siempre en desenfrenada voluptuosidad… Van Helsing levantó su linterna y retiró la tapa corrediza: su luz concentrada cayó sobre el rostro de Lucy y pudimos ver que tenía los labios rojos por la sangre fresca que le corría por la barbilla, mancillando la pureza de su mortaja de linón. En cuanto nos vio Lucy… retrocedió, dejando escapar un gruñido de rabia, como los que emite un gato cuando se le coge desprevenido.  Después nos recorrió uno a uno con la mirada. Eran los mismos ojos de Lucy, en cuanto a forma y color, pero, en lugar de aquellas pupilas puras y bondadosas que todos conocíamos, ahora brillaban en ellos la salacidad y el fuego infernal… Con gesto despreocupado arrojó al suelo, insensible como un demonio, al niño que hasta entonces había apretado contra su pecho con tanto empeño, gruñendo como un perro cuando le quitan un hueso. El niño profirió un chillido y quedó allí tendido, gimoteando…”

Imagen del cómic Drácula de Fernándo Fernández (3)

Tal vez pudo inspirarse Bram Stoker en las asustaniños de la mitología clásica para componer los rasgos de su “Bella Señora”, es decir, la señorita Lucy como un vampiro que, tras su muerte, roba niños para chuparles la sangre. Recordemos que en el capítulo III de esta novela Drácula impide que sus tres compañeras, vampiras no-muertas como él, ataquen a su huésped Jonathan Harker, acción que consigue ofreciéndoles a un niño pequeño apresado dentro de un saco (4):

- “¿No tendremos nada esta noche? -dijo una de ellas, conteniendo la risa, mientras señalaba la bolsa que el conde había arrojado al suelo, y que se movía como si dentro hubiera un ser vivo. Por toda respuesta el conde asintió con la cabeza. Una de las mujeres se abalanzó sobre el saco y lo abrió. Si mis oídos no me engañaron, lo que oí fue un jadeo y un débil gemido, como de un niño medio asfixiado. Las mujeres rodearon la bolsa, al tiempo que yo me sentí horrorizado. Mas cuando miré habían desaparecido, y con ellas el espantoso saco.”

En rumano (no debemos olvidar que el príncipe Vlad Tepes, es decir, Drácula, era de allí) strigaica-strigoaica significa “fantasma”, atribuyéndose el término en general para los chupasangre. También existe el término “striga” para aludir a la bruja que después de muerta continúa sus actividades como vampiro. Bram Stoker hace referencia en dos ocasiones a términos muy parecidos, de esta misma raíz.

___________________________

(1) Bram Stoker: Drácula. Edición de Juan Antonio Molina Foix. Madrid, Cátedra, 2003 (6ª. edición), p. 367

(2) Ibidem, pp. 391-392

(3) Fernando Fernández: Drácula de Bram Stoker (cómic). Barcelona, Toutain Editor, 1984, p. 67.

(4) Bram Stoker: Drácula, p. 152, 154.

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EL AMOR FANTASMA: ESQUILO, AGAMENÓN, 414-419

Publicado por Ricardo en 7 septiembre, 2010

Negro asesino de la Vida y del Arte,

¡no matarás jamás en mi memoria

a la que fue mi gloria y mi placer!

C. Baudelaire: “Un fantasma”. Las flores del mal.

 

Mi padre era médico y me contaba de niño cuentos y leyendas. A veces también me explicaba enfermedades y cosas de medicina. Recuerdo vivamente haber tenido una gran impresión cierta vez en que me habló de las personas que, con un miembro de su cuerpo amputado por accidente o enfermedad, siguen teniendo la sensación de que tal miembro perdido está ahí (una pierna, un brazo, dedos, etc.), pudiendo sentir que les duele, les pica, les roza la ropa u otras sensaciones. Después supe que tal afección se conoce en medicina como “síndrome del miembro fantasma”.

Nuestra palabra “fantasma” es de etimología griega y significa literalmente “aparición”, algo o alguien que se muestra de pronto, que se hace visible o que se manifiesta en un momento dado. A partir de ahí desarrolla sentidos afines como “visión”, “imagen ilusoria”, “prodigio”, “hecho mágico o extraordinario”, etc. Mi alumnado sabe lo que me gusta explicar el origen etimológico de esta palabra, cuya mayor frecuencia de uso en el griego antiguo se encuentra, precisamente, en la tragedia.

Pero no es este artículo un estudio semántico. Mi reflexión  quiere ser bien distinta y se refiere a unos versos de la tragedia Agamenón de Esquilo, a su posible significado y al sentido que, a mi entender, se proyecta “vitalmente” de ellos. Nuevamente, encuentro en la literatura griega un reflejo de las grandes cuestiones de la existencia y, de este modo, me reafirmo en aquello que dije de que lo que expresa la literatura griega está en nosotros y en nuestras propias vidas. Véanse este y este ejemplo, entre otros.

Casi tres años después, quedará resuelta la primera de las tres piezas del rompecabezas.

Porque si se produce ese “síndrome del miembro fantasma” cuando una parte física de nuestro cuerpo se pierde, ¿qué nos sucede cuando lo perdido es un sentimiento que nos ha acompañado fiel y duraderamente? Si el cerebro echa de menos una parte  del cuerpo, ¿qué echará de menos el corazón? ¿Sería lícito hablar del “síndrome del sentimiento fantasma”? ¿Y del “síndrome del amor fantasma”? ¿Seguiríamos experimentando sensaciones o sentimientos  cuya principal característica es la imposibilidad? ¿Seguiríamos pensando que está ahí ese sentimiento, ese amor que fue parte de nosotros durante tanto tiempo? ¿Se resiste el corazón a abandonar el amor que un día sentimos por otro al igual que el cerebro niega la falta del miembro perdido?

El amor fantasma es como el miembro fantasma en medicina. Es un amor perdido que el corazón cree que aún posee. Es un espectro que no acepta su condición de abandono. Su naturaleza mítica reside en la imposibilidad de su desarrollo. Al igual que en el síndrome del miembro fantasma, se desarrolla unas veces con dolor y otras sin él. Se basa en la negación del reconocimiento de que hemos quedado desposeídos de una parte de nuestra propia esencia muy importante. La persona afectada no consigue aceptar una realidad que se le impone,  turbándole y confundiéndole. Se niega a “dejar marchar”. Los sentimientos de culpabilidad moldean hermosas ruinas en el alma, esculpen bellas estatuas de recuerdos y otorgan poder a la persona sobre la que se proyectan, en tanto hacen que naufague penosamente el que los experimenta. Y, sea como sea, ya no está Afrodita…

Tal vez, pensando en este “amor fantasma”, escribiera Esquilo en su tragedia Agamenón estos versos (1):

Lo que traducido, viene a significar algo así como (2):

“Por nostalgia de la que marchó al otro lado del mar, un fantasma (3) parecerá reinar en palacio. La belleza de sus hermosas estatuas se hace odiosa al  marido. En el vacío de sus ojos se esfuma todo amor”

Muchos y grandes filológos estudiaron este pasaje. Unos (P. Brumoy, V. Humboldt, Klausen, Welcker, Bamberger, Sewell, Conington, Paley, Dean Milman, L.  Campbell, Wilamowitz, Platt, Murray, Denniston-Page) interpretaron que el “fantasma” era Helena; otros (Blomfield, Scholefied, Ahrens, Nägelsbach, Wecklein, Verrall, Plüss, Headlam, J. Bollack) que era “Menelao” (4). Ninguno pensó en que, posiblemente, ese “fantasma” fuera el amor.

Y ahora, tú que tal vez quisiste alguna vez con tanta intensidad como imperfección, tú que a lo mejor hubieses preferido sacrificar tu alma antes que infligir  con tus errores daño alguno, tú que quizás entregaste lo mejor de ti mismo a otro tanto tiempo como el que puede durar una guerra o un regreso a casa; ruin, malvado, odioso,  perverso, soberbio, cobarde, maldito te llamarán por haber amado con toda la fuerza de la que fue capaz tu corazón, y serás condenado a vagar, hasta que tu propia muerte te libere, por entre las sombras del gris laberinto de tu conciencia… como un penoso fantasma.

_______________________

(1) Son los versos 414-418. La tragedia desarrolla los acontecimientos que suceden en el palacio de Agamenón, caudillo de los griegos, tras su vuelta de la guerra de Troya, especialmente su asesinato a manos de su mujer Clitemnestra en complicidad con su amante Egisto.

El contexto de estos versos es el siguiente: el coro censura a Paris como violador de las leyes de hospitalidad (vs. 399-402) y a Helena como causante de la guerra entre griegos y troyanos y portadora de la deshonra para su marido Menelao (vs. 403-408). Se recuerdan los vaticinios que con lamentos exclamaban los adivinos del palacio (408-426), entre los que se encuentran el que subyace al de los versos que nos ocupan.

(2) La interpretación de este pasaje está reconocida como bastante oscura.  El problema se trata (aunque parcialmente) en Díaz Tejera, A-Montero Arribas, G.: “Esquilo, Agamenón, 414-415″, en Corolla Complutensis in memoriam Josephi S. Lasso de la Vega. Madrid, 1998, pp. 147-153), artículo que no he podido consultar y, por lo tanto, ignoro las conclusiones de sus autores.

A continuación ofrezco algunas traducciones del pasaje:

R. Browning (The Poetical Works of Robert Browning, volume 13. London. Smith, Elder, and Co. 1889. Traducción ofrecida por Perseus)

“And, through desire of one across the main,
A ghost will seem within the house to reign.
And hateful to the husband is the grace
Of well-shaped statues: from — in place of eyes
Those blanks — all Aphrodite dies.”

H.W. Smith (Aeschylus , Ph. D. in two volumes. 2.Agamemnon. Ph. D. Cambridge, MA. Harvard University Press. 1926. ofrecidas en red por Perseus)

“In his yearning for her who sped beyond the sea, a phantom will seem to be lord of the house. The grace of fair-formed statues is hateful to him; and in the hunger of his eyes all loveliness is departed.”

J. Alsina (Esquilo. La Orestía. Barcelona, 1979)

“En su amor, llegará a creer que el espectro de la que está allende el mar reina en esta casa. La gracia de las hermosas estatuas se hace odiosa al esposo: de aquellos ojos sin luz ha huido todo encanto.”

B. Perea (Esquilo. Tragedias. Madrid, 1982)

“Por la nostalgia de la que está más allá del mar, parecerá que un fantasma reina en palacio. La gracia de las bellas estatuas le resulta odiosa al marido, y en el vacío de su mirada está ausente toda Afrodita.”

P. Mazon (Eschyle: Agamemnon, Les Choéphores, Les Euménides. París, 1993):

“L’amour le vent: seul le fantôme de celle qu’ est outre-mer semblera désormais commader dans cette maison. La grâce des belles statues n’est plus qu’ odieuse a l’époux: elles n’ont pas de regard, tout leur charme amoureux a lui.”

(3) Recordemos que existen varias versiones sobre la huída, rapto o marcha de Helena y Paris a Troya. También la tradición tiene más de un relato para la vuelta a Esparta de Helena con Menelao. Por otro lado, en la tragedia Helena de Eurípides, la propia Helena evoca su verdadera historia confesando que la diosa Hera fabricó un espectro de aire igual a ella que entregó a Paris. Así, por lo que los ejércitos griego y troyano lucharon durante diez años no fue otra cosa que una ilusión.

La interpretación más común de estos versos es que se refieren a Helena, tras su rapto (o marcha voluntaria) y a Menelao, su marido. Éste, desolado, con la mirada perdida, como un fantasma, y sin poder aguantar la imagen de desesperación que produce en él todo lo que le recuerda a Helena (sus estatuas, por ejemplo), imagina que ella sigue en palacio y que su amor le acompaña. Este pensamiento sería un “pensamiento fantasma”, derivado de un “amor fantasma”. También se interpreta ese  “fantasma” como perteneciente a la figura ilusoria que Menelao ha formado de una supuesta Helena que aún se mantiene con él en palacio .  ¿Quién es, por tanto, el fantasma? ¿Helena? ¿Menelao? ¿El amor?

(4) Fraenkel, E.: Aeschylus, Agammenon. II comentario. Oxford, 1998 (reimp.), p. 218.

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LA ODISEA, ARGOS, CANELO Y LA VIDA MISMA

Publicado por Ricardo en 17 mayo, 2010

“Imágenes, símbolos, mitos, no son creaciones irresponsables de la psique; responden a una necesidad y llenan una función: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser”

Mircea Eliade (1)

Leemos en el cuento de Jorge Luis Borges “El inmortal”:

“Homero compuso la Odisea; postulando un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.”

Y yo añado a eso que lo imposible es no VIVIR siquiera una vez alguna de sus circunstancias.

Ricardo Palma, en sus Tradiciones peruanas, nos cuenta un pequeño relato  en el que un extranjero desconocido, al que siempre acompaña fielmente un perro de agua, llega a Lima, se  queda prendado de una  joven casada y pasa un tiempo pretendiendo a esta virtuosa dama. Cuando la negativa de ella, firme y contundente, llega, el extanjero le clava un puñal en plena calle y, horrorizado por su crimen, termina disparándose en la cabeza. El hombre no es enterrado en lugar santo y ninguno de los que fueron sus amigos en vida fue a darle el último adiós.

Ni los compañeros de libertinaje con quienes derrochara sus caudales el infeliz joven dieron muestra de aflicción por su horrible desventura. Y eso que en vida contaba los amigos por docenas.

Rectifico. La fosa de Mauro Cordato tuvo durante tres días un guardián leal que no permitió se acercase nadie a profanarla; que se mantuvo firme en su puesto, sin comer ni beber, como el centinela que cumple con la consigna, y que al fin quedó sobre la tumba muerto de inanición.

Desde entonces, y no sin razón, los viejos de Lima dieron en decir: «El mejor amigo… un perro». (2)

Un salto de más de un siglo nos lleva a Cádiz. En la “Tacita de Plata” un señor afectado del riñón iba asiduamente al Hospital Puerta del Mar para su tratamiento de diálisis. Su perro Canelo lo acompañaba siempre y lo esperaba en la puerta del hospital. En una de estas revisiones el señor falleció dentro del recinto hospitalario. Canelo esperó, como siempre, fielmente a su dueño en la puerta… ¡12 años!, hasta que, viejo, muy viejo como era, lo atropelló un coche al cruzar la calle. A los pocos meses de estar Canelo a las puertas del hospital, los trabajadores de la perrera municipal se lo llevaron, pero el pueblo gaditano solicitó su indulto. La asociación Agadén lo adoptó y se encargó de cuidar de él.  Pero el perro nunca permanecía con la familia que lo adoptaba mucho tiempo y volvía una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido amigo. La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.

Foto de Canelo ya envejecido (imagen vista aquí)

En Cádiz tiene dedicado el callejón anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

Relieve en homenaje a Canelo (Imagen vista aquí)

A estas alturas, con las pistas del título, muchos/as amigos/as, ya sabrán lo que viene a continuación. Es la historia de un rey griego que fue a la guerra de Troya y que, en el momento de marcharse de su tierra querida, criaba a un perro adiestrándolo como cazador. Es la historia de un rey griego que estuvo diez años en la guerra y diez años vagando perdido por el Mediterráneo. La historia de un náufrago que consiguió llegar a su patria y que, por consejo de una diosa, se disfrazó de mendigo para que no lo reconocieran sus enemigos. La historia, en fin, de un perro escuálido de veinte años tirado en un montón de estiercol; un perro que fue el único que reconoció a su dueño,  que movió la cola y que, sin poderse levantar por su debilidad, murió satisfecho tras haber vuelto a ver al que tanto quería. (3)

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:

—¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:

—Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año. (4)

¡Qué historias las de la Odisea!

________________________

(1) Eliade, M.: El mito del eterno retorno. Madrid, 1982 (4), p. 12

(2) Ricardo Palma: “El mejor amigo, un perro”

(3) Véase también la historia del perro Hachiko.

(4) Odisea, XVII, 290-326, traducción de Luis Segalá y Estalella.

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:
306 —¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.
311 Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:
312 —Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.
324 Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año.

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ARISTÓFANES, ESOPO, DU MAURIER, HITCHCOCK Y LOS PÁJAROS

Publicado por Ricardo en 13 abril, 2010

1-El mirlo joven, el gato y los mirlos adultos.

Entre las varias anécdotas que me han sucedido esta Semana Santa, detención errónea por la Policia Nacional incluida, una me hizo reflexionar sobre la literatura, el cine y la vida.

Era por la mañana, temprano, sobre las 9:10 h. más o menos. Hacía fresco en el parque. Descansaba de un ejercicio cuando vi caer de la copa de un naranjo en flor de azahar a un pájaro gris y gordito. El pájaro dio varias saltitos en el suelo y se desplazó unos metros batiendo sus alas, pero no consiguió remontar el vuelo. Pasó inmediatamente por mi mente la imagen literaria de un tribuno de legión en un desierto recordando un verso de la Ilíada y, como Marco Flaminio Rufo, yo mismo recordé un verso del comienzo del Edipo Rey de Sófocles:

“Unos, sin fuerza aún para volar lejos…”

Era un mirlo joven que se había lanzado del nido antes de tiempo. De pronto, apareció un gato negro con rayas amarillas e intentó cazar al pajarillo. Pero tres mirlos adultos, negros, muy negros, se lanzaron contra el gato dando enormes graznidos, como cuervos, picándole y atacándole con una violencia tal que consiguieron ponerlo en fuga. El pequeño felino se quedó sin desayuno. Para entonces, el mirlo pequeño había llegado saltando hasta el hueco del tronco de un álamo y se escondió allí, resguardado además por unas briznas de yerba alta. Estuvo, al menos, quince minutos escondido. Después ya no lo vi. Me quedé pensando en quiénes serían sus tres defensores: su padre, su madre y… ¿quién sería el tercer mirlo? Contemplar esa escena me pareció una especie de regalo de la vida, sobre todo, porque el más débil, el indefenso, se salvó y eso me alegraba mucho. También recordé otro regalo de la vida en forma de vuelo espectacular de un águila imperial que divisé desde la colina del teatro romano de Acinipo.

El paisaje que se ve desde la parte más alta del graderío del teatro romano de Acinipo

Un rato después me puse a pensar en literatura griega, en literatura inglesa, en cine y en otras muchas cosas.

2-Utopía y mundos inventados

El ser humano siempre ha ansiado encontrar un lugar en el que vivir sin preocupaciones, sin desgracias y sin penurias. Llámese a ese lugar la Atlántida (Platón), las Islas de los Felices (Hesíodo), Cucópolis de las Nubes (Aristófanes) o Luminolandia (Luciano). Da igual. Buscamos un lugar de paz, de felicidad, de bondad y de belleza. Es la Utopía, que en griego significa “no hay tal lugar”. Pero da igual, seguimos buscándola o seguimos intentando convertir nuestro mundo en la Utopía.

3-El mirlo de Esopo y los pájaros de Aristófanes

En el año 414 a. C., Aristófanes escribió la comedia Los pájaros, cuyo argumento resumido es el siguiente: dos ciudadanos atenienses, Pistetero y Evélpides, cansados e insatisfechos de la vida en Atenas, deciden fundar una ciudad ideal en el cielo, con los pájaros, terminando ellos mismos convertidos en pájaros. A este argumento le viene que ni pintada la fábula de Esopo del cazador y el mirlo, que dice así:

Viendo un inocente mirlo que cierto cazador tendía sus redes, le preguntó qué era aquello que hacía, y respondió el cazador que iba a edificar un pueblo. Se acercó el mirlo sin desconfianza al cebo puesto junto a la red, y cayó en ella. Pero al acercarse el cazador a cogerlo, le dijo con ironía:

-Si tratas de formar tu pueblo de este modo, por medio de la traición y el engaño, no habrá muchos que acudan a habitarlo.

Nada destruye tanto las sociedades como la mala fe y la crueldad de los que las gobiernan.

Hay una escena de la comedia de Aristófanes que recordé cuando vi a aquellos mirlos lanzarse violentamente contra el gato. La transcribo (1).

Pistetero: ¡Oh, Posidón! ¿no ves qué espantosa cantidad de aves?

Evélpides: Señor Apolo, ¡qué nube! Tantos volando no dejan ver ni la entrada del teatro.

(Las aves se arremolinan, mueven las alas, pían. Todo ello simultáneamente con el diálogo.)

Pistetero: Ésta es una perdiz.

Evélpides: Y aquél, por Zeus, un francolín.

Pistetero: Ésta es una cerceta.

Evélpides: Y aquél, un alción.

Pistetero: ¿Y el de detrás?

Evélpides: ¿El de detrás? Un barbero.

Pistetero: ¿El barbero es un pájaro?

Evélpides: ¿No está hecho uno bueno Espórgilo?

Pistetero: Y ésta es una lechuza.

Evélpides: ¿Que dices? ¿Quién llevó lechuzas a Atenas?

Abubilla: Una urraca, una tórtola, una alondra, una curruca, un triguero, una paloma, una halcón, un azor, una zurita, un cuco, una torcaz, un reyezuelo, una polla sultana, un cernícalo, un somormujo, un pardillo, un quebrantahuesos, un pico carpintero…

Pistetero: ¡Oh, oh! ¡Qué de pájaros!

Evélpides: ¡Oh, oh! ¡Qué de mirlos!

(El piar de los pájaros, que no se ha interrumpido, va haciéndose cada vez más amenazador)

Pistetero: ¡Cómo pían y corren chillando!

Evélpides: ¿Es que nos amenazan?

Pistetero: Están con el pico abierto y nos miran a ti y a mí.

Corifeo: … ahora me parece lo mejor que estos dos viejos sufran castigo y sean despezados por nosotros.

Pistetero: ¡Estamos perdidos!

Evélpides: Tú eres el único culpable. ¿Por qué me has hecho venir de Atenas?

Pistetero: Para que me acompañaras.

Evélpides: Para llorar amargamente.

Pistetero: No dices nada más que tonterías; pues ¿cómo vas a llorar, si te van a sacar los ojos?

Coro de pájaros.

(Antístrofa)

¡Jo, jo!

¡Corramos, lancemos nuestro ímpeto hostil,

sangriento, las alas abramos en torno,

cerquémoslos ya!

Es preciso que mueran los dos

y den a los picos festín.

Ni monte sombrío ni nube elevada

ni mar espumoso los recibirá,

logrando escapar.

Corifeo: Pero vamos ya a arrancarles el cabello y a morderlos. ¿Dónde está el comandante? ¡Que ponga en movimiento el ala derecha!

Corifeo (lanzándote al ataque): ¡A por ellos! ¡Adelante, el picoal frente! ¡Rápido! !A arrastrarlos, arrancarles el pelo, golpearlos, desollarlos vivos!…

Por fortuna para los protagonistas de la comedia, Pistetero y Evélpides, los pájaros no materializaron su ataque finalmente.

4- Los pájaros de du Maurier y los de Hitchcock

Daphne du Maurier

Pues bien, al evocar esta escena de Aristófanes, recordé, a su vez, algunas frases del relato que Daphne du Maurier escribió en 1963, Los pájaros.

“No sabía cómo explicarlo ahora, a la luz del día, la batalla con los pájaros sonaría absurda.” (2)

Esa acumulación y enumeración de pájaros del fragmento de la comedia de Aristófanes, la encontré de modo paralelo en una relectura de la novela corta de Daphne du Maurier.

“Los pájaros se posaban en lo alto de los tejados, en los alfeizares de las ventanas y en las chimeneas. Las especies incluían mirlos, tordos, gorriones, y, como era de esperar en la metrópoli, una gran cantidad de palomas y estorninos, y ese frecuentador del río de Londres, la gaviota de cabeza negra.” (3)

Hitchcock, al que he dedicado un artículo hace poco tiempo, adaptó para la gran pantalla el relato de du Maurier. De éste, Hitchcock sólo conserva la idea del ataque de los pájaros a los seres humanos. La historia del relato de du Maurier, centrada en un padre que intenta proteger por todos los medios a su mujer y sus dos hijos, poco o nada tiene que ver con la del maestro del suspense. La de éste es más perversa: la familia se compone de una madre autoritaria y con posible complejo de Yocasta o de Fedra, un hijo soltero complaciente y sus dos hermanos pequeños. Una rubia desconocida, con sus dos periquitos enjaulados, parece traer la desgracia al pueblo de Bodega Bay, sin que del ataque de los pájaros se dé explicación alguna y sin que el final de la película ofrezca solución posible a los acontecimientos.

“Nat escuchó el violento chasquido de la madera al astillarse y se preguntó cuántos millones de años de recuerdos estaban almacenados en aquellos pequeños cerebros, tras los hirientes picos y los taladrantes ojos, que ahora habían nacer en ellos este instinto de destruir a la numanidad con toda la certera y demoledora precisión de unas máquinas implacables”.” (4)

_______________________

La imagen del paisaje desde el teatro de Acinipo es mía.

La imagen del retrato de Daphne du Maurier está tomada de AQUÍ.

(1) La traducción es de Francisco Rodríguez Adrados en Aristófanes: Las avispas. La paz. Las aves. Lisístrata. Madrid, 2000 (5).

(2) Daphne du Maurier: Los pájaros y otras historias. Ediciones Orbis. Barcelona, 1985, p. 14.

(3) Ibidem, p. 19

(4) Ibidem, p. 43.

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