Con un sincero agradecimiento a mi colega Rubén,
que me animó a publicar este artículo.
En 1990, la película Ghost (=Fantasma) irrumpió con fuerza en las pantallas, siendo nominada para cinco Oscars y llevándose dos: a la mejor actriz de reparto (Whoopi Goldbert) y al mejor guión original. También fue nominada a varios Globos de Oro obteniendo uno, nuevamente a la mejor actriz de reparto. Asimismo, la película tuvo una excelente acogida entre el público, siendo la más taquillera del año de su estreno.
En síntesis, los planes de una pareja de enamorados se ven truncados cuando el joven novio es asesinado en la calle. El espíritu del joven no abandona el mundo de los vivos, por lo que se convierte en un fantasma con algunos asuntos pendientes que resolver.
Diría que, después de Ghost, ninguna otra película cuyo protagonista fuera un fantasma (aunque muy distinta de aquélla) tuvo tanta repercusión como El sexto sentido, segunda película en la recaudación del año 1999. A pesar de sus seis nominaciones a los Oscars no recibió ningún galardón. A casi todos se nos ha grabada la escena de aquel niño de mirada tímida y llorosa murmurando asustado la frase “En ocasiones veo muertos”.
Recordemos muy brevemente su argumento: un psicólogo intenta ayudar a un niño que dice ver fantasmas.
Y, después de El sexto sentido, entre las películas “jóvenes” con un fantasma como protagonista, no puede dejar de nombrarse Los Otros de Alejandro Amenábar (2001), recibida en España e internacionalmente con gran éxito de crítica y público. Obtuvo ocho premios Goya.
De entre las películas menos conocidas, aunque no por ello de menor calidad que las nombradas, con un fantasma de protagonista se podrían citar La llamada (1965) y El fantasma y la Sra. Muir (1947).
Ya he hablado en otro lugar sobre los démones, el Alástor y los fantasmas en la cultura griega. También repasé AQUÍ algunos misterios relacionados con lo sobrenatural en la literatura griega antigua (especialmente los fantasmas y espíritus de ultratumba).
La creencia griega en los fantasmas está bien documentada. Mediante las tablillas de maldición, se creía poder convocar a los muertos prematuramente (niños* o accidentados, llamados áoroi) o violentamente (los conocidos como biothánatoi). Según la creencia griega, quienes no habían cumplido su ciclo vital impuesto por la naturaleza o la divinidad, podían ser convocados y volver para atormentar a los vivos, pues quedaban como agazapados en sus tumbas esperando cumplir su ciclo para poder descansar en paz. También los insepultos o los muertos que no habían recibido los ritos sagrados se convertían en espíritus que no podían viajar hasta el Hades. Una idea muy próxima a la que nos ha transmitido nuestra moderna mitología, y sobre todo el cine, en el sentido de que ciertos muertos, los que no mueren por causas naturales, sino de forma violenta, no encuentran la paz hasta resolver determinados asuntos pendientes que les atan al mundo de los vivos impidiéndoles incorporarse al más allá.
(Texto de una tablilla de maldición con un conjuro para los espíritus fantasmales)
“Espíritus que vivís bajo tierra… enterrad con gemidos al inscrito en esta maldición silenciadora… Os conjuro a vosotros, espíritus de la fosa común, muertos violenta o prematuramente, insepultos, en el nombre de la que sacude la tierra y ha hecho descender los miembros de Meliouchos y al propio Meliouchos. Os conjuro en el nombre de Achalemorphoph, Achalalagmorph Ousrapio. Haced lo que está aquí inscrito”
López Jimeno, A.: Textos griegos de maleficio. Madrid, 2001, p.127.
¿Por qué Príamo se hubiera arriesgado a morir a manos de Aquiles con tal de recuperar el cadáver de Héctor? ¿Por qué Antígona se obcecó de tal manera en la acción de enterrar a su hermano Polinices, pese a la terminante prohibición de Creonte? El paso a la vida de ultratumba sólo quedaba asegurado si al muerto se le tributaban los ritos sagrados necesarios.
La más antigua tragedia griega conservada, Los Persas de Esquilo (472 a. C.), es, en cierto aspecto, la más original de todas: uno de sus personajes principales es un fantasma. El rey persa Darío, que regresa al mundo de los vivos para aconsejar a su pueblo. El coro de ancianos persas lo llama, lo invoca, pide su auxilio. El fantasma del rey se presenta y habla con los suyos.
Casi 2.500 años después, a un actor-director norteamericano curtido en los spaguetti-western, Clint Eastwood, se le ocurrió hacer una película, El jinete pálido (1985), cuyo protagonista es un fantasma: un pistolero asesinado a traición por la espalda, cosido a balazos por varios hombres. Este fantasma, al igual que el del rey Darío, también vendrá para ayudar a una comunidad: los colonos instalados en unas tierras donde se cree que hay oro, continuamente violentados por el cacique local que pretende expulsarlos de aquellas tierras.
Ambos fantasmas son convocados tras un hecho luctuoso: en la tragedia de Esquilo, la gran derrota persa en la Batalla de Salamina; en la película de Eastwood, el ataque de los sicarios del cacique local a la aldea de los colonos. Ambos fantasmas se presentan en escena tras las invocaciones de los vivos y tras una especie de petición religiosa a la divinidad para que obre un hecho sobrenatural, un milagro.
(Habla el coro de ancianos persas)
¡Ea, tú, Tierra, y vosotros también, los que sois los demás soberanos de las subterráneas regiones; permitid que salga de sus moradas la golriosa deidad, el dios de los persas que en Susa nació! ¡Enviad aquí arriba a quien es cual ninguno en la tierra de Persia había tenido jamás en su seno!
…
¡Rey, antiguo Rey, ea, llégate! ¡Ven hasta el punto más alto de la tumba! ¡Alza la sandalia azafranada de tu regio pie y haz que brille el botón de tu tiara! ¡Ven, Darío, tú, que, como un padre, nunca hiciste daño! ¡Oh!
Esquilo, Tragedias. Traducción de B. Perea. Madrid, Gredos, 1982, pp. 30-31.
(Habla Megan, una joven de 15 años mientras entierra desconsolada a su perrito al que han matado los pistoleros. Recita el Salmo bíblico 23 e incluye entre los versos sus propios pensamientos)
El Señor es mi pastor, nada me faltará… (pero me falta)
Él me conduce hacia las aguas plácidas
Él cura mi alma… (pero han matado a mi perro)
Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte no temeré a nadie… (sin embargo tengo miedo)
porque Tú estás conmigo.
Tu cetro y tu báculo me confortarán… (pero necesitamos un milagro)
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán durante el resto de mi vida… (si es que existes).
Moraré en la casa del Señor eternamente… (pero antes me gustaría disfrutar un poco de la vida).
Si no nos ayudas… todos moriremos.
Te lo ruego… haz un milagro.
Amén.
_________________________
* Sobre muertes de niños y fantasmas, véase recientemente la película “La mujer de negro”.








Y ahora, tú que tal vez quisiste alguna vez con tanta intensidad como imperfección, tú que a lo mejor hubieses preferido sacrificar tu alma antes que infligir con tus errores daño alguno, tú que quizás entregaste lo mejor de ti mismo a otro tanto tiempo como el que puede durar una guerra o un regreso a casa; ruin, malvado, odioso, perverso, soberbio, cobarde, maldito te llamarán por haber amado con toda la fuerza de la que fue capaz tu corazón, y serás condenado a vagar, hasta que tu propia muerte te libere, por entre las sombras del gris laberinto de tu conciencia… como un penoso fantasma.



