Los siguientes textos están entresacados de la novela de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau, Madrid, Alianza, 2003.
“El hombre del pelo blanco me explicó que aquella sería mi habitación y que la puerta interior se cerraría desde fuera, ‘para evitar accidentes’, según dijo. Señaló una tumbona que había junto a la ventana y un montón de libros viejos, principalmente obras de cirugía y ediciones de los clásicos latinos y griegos -cuya lengua no podía leer con facilidad-, apilados en una estantería cerca de la hamaca. Salió de la habitación por la puerta exterior, como para no tener que abrir de nuevo la otra.”
Capítulo 7 “La puerta cerrada”, p. 43.
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“Para mí los gritos eran particularmente molestos, y su intensidad aumentó a medida que avanzaba la tarde. Al principio me daban lástima, pero su persistencia acabó por sacarme de quicio. Arrojé la traducción de Horacio que había estado leyendo y empecé a apretar los puños, a morderme los labios y a dar vueltas por la habitación.”
Capítulo 8 “Los alaridos del puma”, p. 50.
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“Se pusieron a gritar los dos al tiempo como si quisieran ahogar mi voz. Detrás de ellos, los sombríos rostros de los Salvajes nos miraban fijamente, atónitos y maravillados, sus manos deformes colgando y los hombros encorvados. Parecía -al menos eso pensé- que intentaban comprenderme, recordar algo de su pasado humano.
Seguí gritando. Apenas recuerdo lo que decía. Que podían matar a Moreau y a Montgomery; que no debían temerlos. De estas y otras ideas, para mi perdición, llené la cabeza de las bestias. El hombre de ojos verdes y vestido con harapos oscuros al que había conocido la tarde de mi llegada salió de entre los árboles, seguido de otros, para oírme mejor.
Por fin me detuve a tomar aliento.
-Escúcheme un momento -dijo Moreau con voz firme- y luego diga todo lo que quiera.
-De acuerdo -respondí.
-¡Latín, Prendick! ¡Mal latín! ¡Latín de colegial! Pero intente comprenderlo. Hi non sunt homines, sunt animalia qui nos habemus… viviseccionado (1). Un proceso de transformación en seres humanos. Venga a la orilla y se lo explicaré.”
Capítulo 13 “Una conversación”, p. 86-87.
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Creo que poco después nos encontramos con el Sátiro y el Hombre Mono. El Sátiro era un alarde de clasicismo por parte de Moreau. Tenía la expresión de una oveja, la voz como un balido ronco y las extremidades inferiores casi satánicas. Pasó junto a nosotros mordisqueando una cáscara de fruta. Los dos saludaron a Montgomery.
Capítulo 16 “De cómo los Salvajes probaron la sangre”, p.112.
Imagen de Dani Ras vista en su blog “El blog de Dani Ras”

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(1) “Éstos no son hombres, son animales a los que nosotros hemos… viviseccionado”. El/la lector/a familiarizado/a con la lengua latina encontrará en el relativo ‘qui’ (en caso nominativo, de género masculino y número plural) una falta de concordancia con su antecedente ‘animalia’ (animal-animalis es de género neutro) y también un error en el caso (debería aparecer la forma de acusativo plural). La forma latina correcta sería ‘quae’. Podría tratarse de un fallo de los oxidados latines de Wells, pero quienes hayan leído la obra advertirán una posible motivación del autor por fomentar en el lector la ambigüedad de la naturaleza híbrida de las criaturas a las que se refiere el Dr. Moreau.


