Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colará algo personal.
“El hombre del pelo blanco me explicó que aquella sería mi habitación y que la puerta interior se cerraría desde fuera, ‘para evitar accidentes’, según dijo. Señaló una tumbona que había junto a la ventana y un montón de libros viejos, principalmente obras de cirugía y ediciones de los clásicos latinos y griegos -cuya lengua no podía leer con facilidad-, apilados en una estantería cerca de la hamaca. Salió de la habitación por la puerta exterior, como para no tener que abrir de nuevo la otra.”
Capítulo 7 “La puerta cerrada”, p. 43.
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“Para mí los gritos eran particularmente molestos, y su intensidad aumentó a medida que avanzaba la tarde. Al principio me daban lástima, pero su persistencia acabó por sacarme de quicio. Arrojé la traducción de Horacio que había estado leyendo y empecé a apretar los puños, a morderme los labios y a dar vueltas por la habitación.”
Capítulo 8 “Los alaridos del puma”, p. 50.
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“Se pusieron a gritar los dos al tiempo como si quisieran ahogar mi voz. Detrás de ellos, los sombríos rostros de los Salvajes nos miraban fijamente, atónitos y maravillados, sus manos deformes colgando y los hombros encorvados. Parecía -al menos eso pensé- que intentaban comprenderme, recordar algo de su pasado humano.
Seguí gritando. Apenas recuerdo lo que decía. Que podían matar a Moreau y a Montgomery; que no debían temerlos. De estas y otras ideas, para mi perdición, llené la cabeza de las bestias. El hombre de ojos verdes y vestido con harapos oscuros al que había conocido la tarde de mi llegada salió de entre los árboles, seguido de otros, para oírme mejor.
Por fin me detuve a tomar aliento.
-Escúcheme un momento -dijo Moreau con voz firme- y luego diga todo lo que quiera.
-De acuerdo -respondí.
-¡Latín, Prendick! ¡Mal latín! ¡Latín de colegial! Pero intente comprenderlo. Hi non sunt homines, sunt animalia qui nos habemus… viviseccionado (1). Un proceso de transformación en seres humanos. Venga a la orilla y se lo explicaré.”
Capítulo 13 “Una conversación”, p. 86-87.
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Creo que poco después nos encontramos con el Sátiro y el Hombre Mono. El Sátiro era un alarde de clasicismo por parte de Moreau. Tenía la expresión de una oveja, la voz como un balido ronco y las extremidades inferiores casi satánicas. Pasó junto a nosotros mordisqueando una cáscara de fruta. Los dos saludaron a Montgomery.
Capítulo 16 “De cómo los Salvajes probaron la sangre”, p.112.
(1) “Éstos no son hombres, son animales a los que nosotros hemos… viviseccionado”. El/la lector/a familiarizado/a con la lengua latina encontrará en el relativo ‘qui’ (en caso nominativo, de género masculino y número plural) una falta de concordancia con su antecedente ‘animalia’ (animal-animalis es de género neutro) y también un error en el caso (debería aparecer la forma de acusativo plural). La forma latina correcta sería ‘quae’. Podría tratarse de un fallo de los oxidados latines de Wells, pero quienes hayan leído la obra advertirán una posible motivación del autor por fomentar en el lector la ambigüedad de la naturaleza híbrida de las criaturas a las que se refiere el Dr. Moreau.
A continuación les dejo las notas del examen de traducción y análisis morfosintáctico del viernes.
Corrección, revisión y atención a reclamaciones el martes 15 de marzo en clase.
Y ahora ya, sí:
“Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano.”
A continuación les dejo las notas del examen de traducción y análisis morfosintáctico de ayer.
Corrección, revisión y atención a reclamaciones el martes 15 de marzo en clase.
Por cierto, hoy había un tío raro con barba blanca en la fiesta de carnaval. Si alguien tiene fotos de él, por favor, que las envíe a mi correo electrónico.
[Actualización: 11 de marzo de 2011]
Gracias a la alumna que me ha enviado la siguiente foto.
Y aquí me tienen haciendo mi famosísimo paso de “Chiquito de la Calzada” o “Paso de las lumbares doloridas”.
Mi padre me contó que teniendo unos 10 u 11 años pasaron por su pueblo representantes de las juventudes falangistas para apuntar a los jóvenes y niños del lugar. Corría el año 1937 o 1938, España estaba en guerra, dividido el territorio nacional en bandos. Su pueblo (en Badajoz) quedó desde los primeros meses de guerra en poder de las tropas de Franco. Mi padre y mi madre me han contado muchas cosas de la guerra y postguerra que vivieron (1).
Los representantes de las juventudes falangistas habían habilitado unas mesas y desplegado todo su arsenal de enseñas y pancartas para atraer a los niños del pueblo. Mi padre andaba por allí expectante con otros amigos cuando se dio cuenta de que detrás de él había otro niño, más o menos de su edad o quizás algún año mayor. Se volvió hacia él y le preguntó:
- Oye, ¿tú no te apuntas?
En la respuesta se hizo patente que la práctica del lenguaje articulado le era casi desconocida, e incluso penosa, a aquel muchacho harapiento que olía a sudor y a cabra:
- Sa-sho, eo so pah-tóh.
A mi padre le pareció entender que esas sílabas guturales y desarticuladas, querían decir algo así como “Chacho, yo soy pastor” (2).
Al parecer, se trataba de un niño huérfano y pobre apenas visto por el núcleo urbano del pueblo que desde muy pequeño fue empleado en el pastoreo, pasando la mayor parte de su vida, desde su infancia, solo en la sierra y el monte, sin otra compañía que las cabras y los mastines, cruzándose quizás alguna vez con otros pastores.
He tratado el tema de los “niños salvajes, ferales o selváticos” en sí mismo y en su relación con la mitología y el mundo clásicos en mis clases de Cultura Clásica de 3º. de E.S.O., inlcuso ha servido como trabajo de clase. En el blog ATLANTIKÁ he dedicado varias entradas a este tema. En relación con esto, el profesor Robert M. Zingg en su obra Wolf-children and feral man (New York, 1942), clasificó los casos conocidos de niños salvajes en tres categorías o tipos: los niños criados en la naturaleza por animales, los niños que se criaron solos en la naturaleza y los niños encerrados desde temprana edad por un adulto.
También he querido que el alumnado de 3º. de E.S.O. conociera la historia personal y clínica de Joseph Merrick, más conocido como “el hombre elefante”, historia que se hizo especialmente popular gracias a la película de 1980 de David Linch.
(Joseph Merrick “El hombre elefante”, imagen tomada de aquí)
Si alguien no quiere leer el enlace completo de la biografía de Joseph Merrick, me gustaría resumir su vida resaltando que murió sin cumplir los 28 años, que fue una persona que sufrió muchísimo, tanto física como psicológicamente por su enfermedad, siendo vejado, maltrado y faltado a su dignidad de ser humano en múltiples ocasiones. Solamente pasó con dignidad los dos últimos años de su vida. Quienes lo conocieron lo describían como un joven dulce, amable, cortés, educado, inteligente y sensible. Era una persona de gran tenacidad y fuerza de voluntad, pese a las severísimas limitaciones de su enfermedad (no podía dormir de otro modo que no fuera sentado en una esquina de su habitación con la cabeza apoyada en sus brazos y éstos sobre sus rodillas flexionadas). El único poema conservado de su pluma dice así:
Es cierto que mi forma es muy extraña, pero culparme por ello es culpar a Dios; si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo me haría de modo que te gustase a ti. Si yo fuera tan alto que pudiese alcanzar el polo o abarcar el océano con mis brazos, pediría que se me midiese por mi alma, porque la verdadera medida del hombre es su mente.
Al estudiar el caso de este hombre afectado de la enfermedad conocida como “Síndrome de Proteo”, me viene rápidamente a la mente la pregunta de qué hubiera pasado si Joseph Merrick hubiese nacido hace 4000 ó 3000 años. ¿Qué hubiesen hecho sus padres con él si hubiera conseguido sobrevivir? ¿Qué hubiesen pensado quienes lo hubieran visto? ¿Se le creería, tal vez, un ser híbrido, una divinidad, un monstruo, el producto de una maldición divina? ¿Cómo se hubiese explicado su naturaleza? (3)
Los casos de Progeria o síndrome Hutchinson-Gilford me evocan aquel pasaje de Hesíodo en Trabajos y Días (4) sobre la raza de hierro y los niños nacidos como ancianos. Las manifestaciones físicas de casos como fascitis necrotizante, sirenomelia, focomelia, hipertricosis o porfiria, me hacen recordar a algunos de los seres y criaturas de la mitología griega y a las leyendas creadas en torno a ellos.
(La fotografía del enlace insertado a continuación puede herir la sensibilidad de los/as lectores/as)
¿Cómo hubieran explicado los griegos un caso como el de Joseph Merrick o el de Huang Chuncai? ¿Y los casos de tumoraciones en forma de cuernos, cola, u otras deformidades corporales?
La mitología griega nos cuenta que en la isla de Creta, por una maldición divina, una reina tuvo relaciones sexuales con un toro, quedando embarazada. Que el niño que nació, llamado primero Asterión y después el Minotauro, era de naturaleza híbrida de ser humano y de toro. Que el rey de Creta lo encerró en un laberinto (tipología clara del tercer caso de los niños salvajes de los que nos habla el profesor Zingg) y que allí se crió, socialmente aislado y en estado salvaje debemos suponer, alimentado de seres humanos a los que él mismo mataba. Muchos años después, en 1949, Jorge Luis Borges publicó el cuento “La casa de Asterión” en su libro El Aleph (5), transformando la imagen del salvaje y malvado Minotauro en la de una especie de dulce y pacífico Joseph Merrick (6).
A continuación transcribo dos fragmentos del cuento de Borges. El que habla es Asterión, el Minotauro, aunque el lector no lo sabe hasta la última frase del cuento. La frase del segundo fragmento “Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos.” me ha recordado a los cinco últimos versos del poema de Merrick.
Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: “Ahora volvemos a la encrucijada anterior” o “Ahora desembocamos en otro patio” o “Bien decía yo que te gustaría la canaleta” o “Ahora verás una cisterna que se llenó de arena” o “Ya verás cómo el sótano se bifurca”. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
Curiosa costumbre la de los seres humanos de apartar y rechazar de nuestras sociedades y de nuestras vidas todo aquello que es distinto, todo aquello a lo que preferimos no enfrentarnos, todo aquello que no queremos mirar de frente por vergüenza y repulsión.
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(1) Sobre la Guerra Civil española hay un libro que está por escribir en mi opinión. Desconozco si existe alguno similar, pero creo que no. En una pequeña investigación realizada en la red no he encontrado información. El libro sería algo así como La Guerra Civil española contada por los niños que la vivieron. Por favor, que nadie me robe la idea.
(2) Chacho: el DRAE define esta palabra como aféresis de la palabra “muchacho”, voz de intención cariñosa. En España sé que se usa en Extremadura y en las Islas Canarias, casi más como una interjección de asombro o de admiración.
(3) Joseph Merrick fue conocido como “el hombre elefante” especialmente por un tumor enorme en forma de trompa que tenía en la zona de la nariz y que le colgaba por delante de la boca. Este tumor le impedía respirar, comer y hablar. Le fue extirpado a la edad de 21 años. En la mitología india, Ganesha es una de las divinidades principales del panteón hindú. Es el dios de la sabiduría, la buena suerte, los comienzos de las actividades y general de los ejércitos de Siva (Ganesha significa “Señor de las Tropas”). Se le representa con cabeza de elefante, cuerpo de ser humano y vientre abultado. La versión más común sobre su nacimiento es que Pavarti, esposa de Siva, cansada de que su marido entrase en el baño mientras ella se bañaba, modeló a un hijo con la espuma del jabón y lo colocó como vigilante de la puerta. Siva, al verlo en la puerta del baño, le cortó la cabeza sin saber que era un hijo creado por su esposa Pavarti. Cuando Pavarti lo encontró decapitado lloró con tristeza su muerte y Siva, apiadándose de su esposa le prometió reponer la cabeza de su hijo con la del primer animal que encontrara. Al decir eso pasó un elefante al que Siva decapitó colocando su cabeza en el cuello de Ganesha y haciendo que reviviera. Ganesha exhibe solamente un colmillo en el lado derecho de su cabeza, pues el elefante al que Siva decapitó perdió el otro colmillo en el forcejeo (Scott Littleton, C.: Antología ilustrada de mitos y leyendas del mundo. Barcelona, 2002, pp. 377-379). La cicatriz que le quedó a Joseph Merrick tras su operación y la propia deformidad de su cara le hacían parecer que tenía una especie de colmillo en el lado derecho de su rostro. La afinidad de Joseph Merrick con el dios Ganesha está tratada con ciertas intenciones en la novela gráfica de Allan More (guión) y Eddie Campbell (dibujos) From Hell, (Planeta de Agostini, Barcelona, 2001), páginas 55 y 56 y su explicación narrativa en la página 521 del “Apéndice I”, en donde se pone de manifiesto que ya el Doctor Treves (el doctor que se interesó por Merrick) quien sugería en sus escritos el parecido de Merrick con cierto ídolo indio. La identificación de Merrick con Ganesha es una idea de Ian Sinclair en su obra White Chapell, Scarlet Tracings, 1987; también está en la novela de ficción de Xavier Mauméjean Ganesha: Mémoires de l’homme éléphant. Editions Mnémos, 2007.
(4) Hesíodo: Teogonía, Trabajos y Días, Escudo, Fragmentos, Certamen (Edición de A. Pérez Jiménez y A. Martínez Díaz). Madrid, 1982, vs. 180-184:
“Zeus destruirá igualmente esta estirpe de hombres de voz articulada, cuando al nacer sean de blancas sienes. El padre no se parecerá a los hijos ni los hijos al padre; el anfitrión no apreciaré a su huésped ni el amigo a su amigo y no se querrá al hermano como antes.”
(5) Borges, J. L.: El Aleph. Madrid, 1985 (reimp.)
(6) Hay muchas y variadas interpretaciones del cuento “La casa de Asterión” de Borges. De este tema me gustaría tratar en otra ocasión.
A continuación les dejo la traducción literal de los últimos textos entregados en clase.
Esopo: “La gallina de los huevos de oro”
“Tenía un hombre una ganilla que ponía huevos dorados. El hombre consideró que ésta llena de oro estaba y la mató, pero no encontró el oro dentro de la gallina”.
Apolodoro: Biblioteca II, 4, 2 (fragmento adaptado): Perseo y las Grayas. Descripción de éstas.
“Hermes y Atenea ayudaron a Perseo que a las hijas de Forcis buscó: Enío, Perfredo y Dino. Eran éstas hijas de Forcis y de Ceto, hermanas de las Gorgonas y viejas desde (su) nacimiento. Un ojo las tres y un diente tenían, y estas cosas por turnos intercambiaban las unas con las otras”.
También les dejo un documento en Word con el análisis morfosintáctico de ambos textos.