Hace casi dos años, escribía esto. Un cierto sabor amargo me he traído de las vacaciones de Semana Santa, al encontrar a mi madre bastante delicada de salud. Con todo, hemos sacado algún rato para reírnos un poco y para recordar. Entre los recuerdos hermosos de su niñez están los poemillas que ella y su hermano, mi tío José, que en paz descanse, inventaban para distraerse allá por los finales de los años 30 y principios de los 40 del s. XX. Parece que uno se me quedó en el tintero hace casi dos años. Este es un blog personal antes que académico y hoy les dije a mis alumnas de 2º. de Bachillerato (aunque también es para mis alumnos/as de 1º. de Bachillerato) que compartiría algo personal aquí. Es un pequeño homenaje a mi madre, a la que tengo lejos, que me hace chantaje emocional al final de las evaluaciones para que apruebe a todo el mundo y que reza diariamente porque ellos/as alcancen su aprobado. Es como la “abuela” de mi alumnado. Se lo merece.
He aquí el poema. Mi tío José y mi madre iban inventándose un verso cada uno:
Tío José: “El hombre que va en bicicleta…”
Mamá: “… se pone la camiseta…”
Tío José: “…y caga todos los días…”
Mamá: “… una mierda negra, negra…”
Tío José: “… que se parece a la suegra…”
Mamá: “… que una vez tuvo mi tía”.
Te quiero, Mamá, y te dedico esta canción.


