“Esta creencia de que el estudio y la enseñanza de las literaturas clásicas tenían que ser pura y científicamente objetivos ha echado a perder a muchos maestros y a muchos, muchísimos buenos discípulos… Dicho en términos más amplios, significa que los eruditos clásicos se sienten más obligados a agrandar sus conocimientos que a diseminarlos.”
Highet, Gilbert: La tradición clasica (II). México, 1996 (reimp.), p. 300.
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“Hay un incidente -patético y cómico al mismo tiempo- que ilustra esta actitud. Housman solía explicar en clase las odas de Horacio, concentrándose en el texto, en la sintaxis y la prosodia, añadiendo “los comentarios justamente precisos para la interpretación del pasaje estudiado”, sin mirar nunca a sus discípulos y sin mencionar nunca lo esencial de la poesía. Pero…
`una mañana, en mayo de 1914, cuando los árboles de Cambridge estaban en flor, llegó… a la séptima oda del libro cuarto de Horacio… Analizó esta oda con su habitual despliegue de brillo, ingenio y sarcasmo. Después, por primera vez en dos años, levantó hacia nosotros la mirada, y en voz completamente distinta dijo: “Me gustaría emplear los pocos minutos que nos quedan en considerar esta oda simplemente como poesía”. La experiencia que hasta entonces teníamos del profesor Housman nos había enseñado que él consideraba semejante procedimiento como algo peor que despreciable. Leyó la oda en voz alta con honda emoción, primero en latín y luego en una traducción inglesa hecha por él mismo (ahora la quinta poesía de su libro Más poemas). “Este -dijo apresuradamente, casi como un hombre que traicionara un secreto- es para mí el poema más hermoso de la literatura antigua”, y salió rápidamente del aula.´
Highet, Gilbert: La tradición clasica (II). México, 1996 (reimp.), p. 299-300.
Fragmento de la película “La Versión Browning” (1994). Momento en el que el profesor de Latín y Griego, Mr. Andrew Crocker-Harris se emociona traduciendo y comentado un párrafo de Agamenón de Esquilo.
Subtitulé el vídeo con los versos en griego que lee, traduce y comenta el profesor. El alumno comienza a leer en la sexta palabra del verso 1374 (habla Clitemnestra).
John Collier: “Clitemnestra” (imagen tomada de aquí). La imagen ilustra el momento en que Clitemnestra sale a escena tras haber asesinado a su esposo, el rey Agamenón y a la profetisa Casandra.

Traducción de José Alsina Clota:
“Pues, ¿cómo, en otro caso, el que se apresta a descargar su odio contra aquél que le odia fingiendo ser su amigo, podría levantar una trampa de muerte más ardua que su salto? Este proyecto, de tiempo lo tenía meditado. Y ha llegado la hora del triunfo por fin, ¡después de cuánto tiempo!.
Aquí me yergo, donde descargué el golpe, ante mi víctima. Y obré de tal manera, no lo voy a negar, que no ha podido ni huir ni defenderse. Una red sin escape, cual trampa para peces, echo en torno a su cuerpo (la pérfida riqueza de un ropaje). Lo golpeo dos veces, y allí mismo, entre gemido y gemido, se desploma. Y cuando está en el suelo, le doy un tercer golpe, como ofrenda votida del Zeus que reina bajo tierra, protector de los muertos. Y así, caído, su espíritu vomita; exhala, entonces, un chorro de sangre impetuoso, y me salpica con las gotas oscuras de sangriento rocío; …”




