Ricardo L. Rodríguez., profesor de Enseñanza Secundaria de Griego. Blog dedicado a mis alumnos/as, y a estudios de filología griega y tradición clásica. Alguna vez se colará algo personal.
El pasado jueves 18 de junio tuvimos en clase una pequeña fiesta de despedida. Me estuvieron recordando todo el curso los/as alumnos/as que les había prometido un pequeño concierto, así que tenía que cumplir. Pero muy pocos/as asistieron, así que nos quedamos, como suele decirse, en familia. “Nada como una mujer”, “Calor negro”, “Y ahora sé que no” (del grupo sevillano La secta del perro), “Un día redondo” de La Guardia (cuyo estribillo cantamos todos/as juntos/as), un fragmento de “La chica de ayer” en homenaje a Antonio Vega y no recuerdo si alguna más. Tatiana se marcó un baile flamenco, Pérsida nos trajo la bebida y la comida que debía haber llevado yo y Vicky grabó las actuaciones e hizo fotos (a ver si me pasas alguna, Vicky, para ponerlas aquí). Han sido un grupo y unos/as alumnos/as fantásticos/as, mucho mejores que su profesror, así que les reitero mis disculpas públicas porque este año creo que no he estado a la mejor altura posible… Hasta muy pronto, pues nos volvemos a ver en 2º. de Bachillerato dentro de unos días y ¡feliz verano!
Por favor, amigos/as de las Clásicas, ¿alguien podría darme una respuesta razonada de por qué el guionista puso en boca del profesor de Latín la frase: “Lo encontré en una librería rara junto a un ejemplar de la Orestíada“? Muchas gracias.
A mí Baco o Dionisos me parece un dios puñetero. Cada vez que quería vengarse o castigar a algún mortal no intervenía directamente. La furia del dios consistía en provocar que el mortal en cuestión se volviera loco e hiciera cosas raras y atroces. Así pues actuaba por “enloquecimiento”, como las Erinias, aunque de manera puntual, sin persecuciones, de una sola vez. No sé si su “modus operandi” lo aprendió de la celosa Hera, que lo hizo enloquecer al alcanzar la edad adulta. Curado por Cibeles, comenzó pronto a poner en práctica esas malas artes que había sufrido en carnes propias. Y aquí empiezan los baños de sangre de los que es responsable nuestra enófila divinidad: Licurgo se mutila la pierna y hace lo propio con las de su hijo; Penteo es despezado por su madre Ágave, presa de insano delirio; las hijas de Preto, rey de Tirinto, y las mujeres del lugar recorrían la tierra mugiendo como vacas y comiéndose vivos a sus hijos.
Los últimos días he estado en un viaje de fin de curso con 4º de E.S.O. Hemos visitado, entre otros lugares, Port Aventura. Allí me encontré con una atracción llamada “Furius Baco”.
Esta atracción es una montaña rusa, corta pero muy intensa. Aproximadamente 45 segundos de recorrido a 135 quilómetros por hora. Es la montaña rusa más rápida de Europa y su aceleración de 0 a 135 quilómetros se produce en 3 segundos.
El hijo de doña Almudena Ventura, rica heredera catalana de extensos viñedos, nace prematuramente en el Congo. La familia se traslada a su Masía en donde el niño crece alrededor de la producción y fabricación del vino. Desde muy pequeño muestra una gran afición por la ingeniera aplicada y por los inventos. Siendo aún bastante joven, idea una máquina transportadora de tóneles de vino que acelerará la producción y hará que la familia obtenga enormes ganancias extras.
Masía de los Ventura y lagar con uno de los inventos del joven
El único problema es que para que la máquina funcione necesita unos contrapesos, consistentes en personas que viajan a ambos lados de los toneles. El mono Manás, mascota del joven Ventura, boicotea el invento de su amo y hace que la máquina se desplace a una velocidad de vértigo. Toda la historia está contada en este mosaico (pulsa sobre la imagen para ampliarla):
Pero el nombre de la atracción… “Furius Baco”. Hay que pensar que, aunque no está relatado en el mosaico, Dionisos se enfureció contra el joven Ventura por intentar forzar la producción del vino, agrediendo a la naturaleza y tomándose atribuciones de divinidad. El dios desató su ira e hizo enloquecer a su mono mascota que saboteó el invento con este aterrador resultado:
Y así, “disfrutamos sufriendo” la ira de Dionisos los pobres mortales que nos acercamos a Mas Ventura.
Como en los últimos años, les deseo a todos/as muchísima suerte en la PAU, tanto a los/as alumnos/as del instituto en el que estoy este curso, como a mis queridas alumnas de Griego II, así como a mis queridos/as chicos/as del instituto en el que pasé seis años y a los/as que acompañé desde primero de E.S.O. hasta segundo de Bachillerato como jefe de estudios, promoción muy muy especial para mí.
“Esta creencia de que el estudio y la enseñanza de las literaturas clásicas tenían que ser pura y científicamente objetivos ha echado a perder a muchos maestros y a muchos, muchísimos buenos discípulos… Dicho en términos más amplios, significa que los eruditos clásicos se sienten más obligados a agrandar sus conocimientos que a diseminarlos.”
Highet, Gilbert: La tradición clasica (II). México, 1996 (reimp.), p. 300.
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“Hay un incidente -patético y cómico al mismo tiempo- que ilustra esta actitud. Housman solía explicar en clase las odas de Horacio, concentrándose en el texto, en la sintaxis y la prosodia, añadiendo “los comentarios justamente precisos para la interpretación del pasaje estudiado”, sin mirar nunca a sus discípulos y sin mencionar nunca lo esencial de la poesía. Pero…
`una mañana, en mayo de 1914, cuando los árboles de Cambridge estaban en flor, llegó… a la séptima oda del libro cuarto de Horacio… Analizó esta oda con su habitual despliegue de brillo, ingenio y sarcasmo. Después, por primera vez en dos años, levantó hacia nosotros la mirada, y en voz completamente distinta dijo: “Me gustaría emplear los pocos minutos que nos quedan en considerar esta oda simplemente como poesía”. La experiencia que hasta entonces teníamos del profesor Housman nos había enseñado que él consideraba semejante procedimiento como algo peor que despreciable. Leyó la oda en voz alta con honda emoción, primero en latín y luego en una traducción inglesa hecha por él mismo (ahora la quinta poesía de su libro Más poemas). “Este-dijo apresuradamente, casi como un hombre que traicionara un secreto- es para mí el poema más hermoso de la literatura antigua”, y salió rápidamente del aula.´
Highet, Gilbert: La tradición clasica (II). México, 1996 (reimp.), p. 299-300.
Fragmento de la película “La Versión Browning” (1994). Momento en el que el profesor de Latín y Griego, Mr. Andrew Crocker-Harris se emociona traduciendo y comentado un párrafo de Agamenón de Esquilo.
Subtitulé el vídeo con los versos en griego que lee, traduce y comenta el profesor. El alumno comienza a leer en la sexta palabra del verso 1374 (habla Clitemnestra).
John Collier: “Clitemnestra” (imagen tomada de aquí). La imagen ilustra el momento en que Clitemnestra sale a escena tras haber asesinado a su esposo, el rey Agamenón y a la profetisa Casandra.
Traducción de José Alsina Clota:
“Pues, ¿cómo, en otro caso, el que se apresta a descargar su odio contra aquél que le odia fingiendo ser su amigo, podría levantar una trampa de muerte más ardua que su salto? Este proyecto, de tiempo lo tenía meditado. Y ha llegado la hora del triunfo por fin, ¡después de cuánto tiempo!.
Aquí me yergo, donde descargué el golpe, ante mi víctima. Y obré de tal manera, no lo voy a negar, que no ha podido ni huir ni defenderse. Una red sin escape, cual trampa para peces, echo en torno a su cuerpo (la pérfida riqueza de un ropaje). Lo golpeo dos veces, y allí mismo, entre gemido y gemido, se desploma. Y cuando está en el suelo, le doy un tercer golpe, como ofrenda votida del Zeus que reina bajo tierra, protector de los muertos. Y así, caído, su espíritu vomita; exhala, entonces, un chorro de sangre impetuoso, y me salpica con las gotas oscuras de sangriento rocío; …”